Tuesday, December 29, 2020

La Paradoja Existencial



"La Paradoja Existencial” 

“Libertad y Angustias en la Vida Interior del Hombre"


Por: José Domingo Sosa, Ph.D.


"De la madera torcida de la que está hecho el hombre, no se puede construir nada completamente recto". - Immanuel Kant.


"La historia del mundo no es otra que el proceso de concientizar la libre existencia". 

- Friedrich Hegel


Se dice que la libertad del hombre siempre está presente mientras este respire. Incluso el prisionero es libre con decisiones que tomar. El preso tiene restringido salir de la cárcel, está obligado a cumplir un horario entre muchas otras restricciones. Pero está libre para pensar, respirar, imaginar, sentir sus emociones, a dónde mirar, soñar y qué hacer en su celda, y otra cantidad de asuntos que lo hacen un hombre libre de espíritu, si así lo decide. 


Fuera de la cárcel el hombre disfruta de todas las libertades que tiene el hombre preso, pero además no está restringido al espacio y dinámica de una prisión. Libre de confinamiento, tiene que decidir qué horario seguir para sus actividades y decidir si se restringe o no su espacio físico y de movimiento debido a razones distintas a las impuestas en la prisión. 


El hombre fuera de la cárcel decide qué hacer, qué comer, en dónde trabajar y por supuesto en qué pensar y cómo llevar su vida en general. En fin la libertad lo exhorta a siempre tener que escoger y decidir. Ahora sus libertades no son solamente de espíritu sino de todo tipo; físicas, emocionales y de voluntad.


Nuestra libertad resulta ser mucho más amplia y profunda de lo que nos sentimos cómodos. En esencia, nuestra libertad carece completamente de dirección o guía, ni siquiera por nuestros deseos, por nuestras preferencias o por convenciones sociales.


Por todo lo anterior y mucho más es que Jean Paul Sartre (1905-1980) consideró a la libertad como una especie de condena más que como un agradable picnic en un día soleado. Sartre comparó la libertad con las náuseas que sufrimos. Tanto lo pensó y dijo que llegó a escribir un libro con ese mismo título "Náuseas". No es la infinitud de la libertad la que está detrás de la angustia sino la infinitud de posibilidades e impotencias abiertas por dos características de las acciones humanas: su carácter imprevisto y su irreversibilidad. 


Para Sartre la libertad es la categoría antropológica fundamental: el hombre no es consecuencia de determinismo alguno, ni biológico, ni histórico, ni social, ni teológico; es una consecuencia de lo que él mismo decide ser. Y este ser autor o responsable radical de uno mismo tiene varios efectos en el ámbito de los sentimientos y las emociones. De ahí su angustia existencial.


El miedo, la ansiedad, la culpabilidad y la conciencia, son elementos que permiten al hombre dar cuenta de su estado de libertad, en tanto que, cada decisión y consecuencia al no estar definida por una esencia (un ser superior) residen en la absoluta responsabilidad del hombre. 


El sentimiento de angustia nace por darnos cuenta de que todo lo que sucede es consecuencia de nuestras propias decisiones y nada ni nadie nos podrá ayudar. He aquí, el sentimiento de” arrojado al mundo” y de soledad; angustia de no tener a quien culpar por como uno decida vivir. 


Por ello, el concepto de angustia parte por la responsabilidad, de estar plenamente conscientes de nuestra propia existencia, que conlleva al hombre a ser libre para dirigir y juzgar el transcurso o proyectos de su vida. Según Sartre, “no tenemos excusas detrás de nosotros ni justificaciones entre nosotros”. Se está “condenado a ser libres”.


En opinión de Martin Heidegger (1889 - 1976), al igual que Sartre, reconoce el estado de angustia en que vive el hombre, el cual Heidegger llama el Dasein, es decir, "el individuo en el mundo como un todo", dicho de otra forma, como Sujeto y Objeto al mismo tiempo.  Según Heidegger, el Dasein no tiene porque seguir a una Divinidad, o apegarse a la razón o algún tipo de mandato de la naturaleza. El Dasein es lo que él decide ser. Esa libertad de no estar anclado o guiado por algo o alguien, es lo que hace que Dasein viva bajo angustia. 


Ante su situación de angustia, al Dasein sólo tiene dos opciones, seguir al rebaño que se empeña en luchar contra su ansiedad, cumpliendo con todas las normas culturales de los demás o en su defecto, seguir la otra opción de aceptar a la angustia como algo natural y así, mantenerse fuera del rebaño con la satisfacción de ser distinto y en consecuencia auténtico. Se trata de una actitud abierta, sin propósito, proyecto o una meta definida. Eso no quiere decir que Dasein abandone sus proyectos cotidianos. Lo que quiere decir es que, no se obsesiona con sus proyectos. Como dijo el profesor Hubert Dreyfus, "ejecutar acciones sin necesidad de ejecutar la existencia". Esa es la forma de cómo el Dasein dentro del contexto de su angustia logra vivir su existencia auténticamente, es decir, vivir sin tener que cumplir con etiquetas y ética impuestas por otros. 


Heidegger, hacia el final de su vida hizo una distinción entre las diferentes épocas de la historia, aceptando entonces que los Griegos no vivieron bajo el mismo contexto de angustia que ha estado presente desde el Renacimiento y hasta nuestros días. Los griegos tuvieron y vivieron por sus héroes y dioses del Olimpo. Así como el Cristianismo nació y creció entre Santos y Pecadores hasta el final de la Edad Media. Pero ahora, como nos dijo Nietzsche, vivimos bajo un nihilismo al que Heidegger re-bautizó como "nihilismo tecnológico".

Para Heidegger, en contraste con lo reverenciado por la más antigua filosofía griega del Ser, la sociedad moderna ha creado una actitud puramente utilitaria hacia el Ser que lo ha despojado —y con ello a la humanidad entera— de su sentido esencial tanto así que en todas la empresas que integran las lista del Fortune 500 existen los famosos "Departamentos de Recursos Humanos". El hombre es un recurso útil como lo es la máquina, el capital y  la tecnología. Esa condición de la historia actual es una clara muestra del nihilismo tecnológico. 


Hasta aquí algunas opiniones de filósofos existencialistas para darnos una idea de nuestra angustia ontológica. Pero veamos que opinan otros pensadores más cercanos a la psicología profunda (Depth Psychology), tales como Sigmund Freud, Carl Jung y Otto Rank. 


Pero antes aclaremos que hasta la llegada o el surgimiento de la psicología profunda a principios del siglo XX, el problema de la ansiedad residía en las provincias de la filosofía y teología, la ética y la religión respectivamente. Los filósofos que se ocuparon más explícitamente de la ansiedad y el miedo fueron aquellos cuya principal preocupación no era la formación de un sistema intelectual abstracto, sino más bien los conflictos y crisis existenciales de los seres humanos vivos. No podían escapar de enfrentar la ansiedad, como tampoco puede el ser humano vivo. Por tanto, no es un accidente histórico que las intuiciones más penetrantes sobre la ansiedad y sus problemas hasta ese entonces, procediera de pensadores cuyos intereses eran tanto religiosos como filosóficos, como fueron Spinoza, Pascal y Kierkegaard.


Entre los representantes de la psicología profunda fue el psicoanalista Otto Rank quien destacó la ansiedad del hombre como el miedo a la vida y el miedo a la muerte. Su expresión que lo resume todo fue; “Algunos rechazan el préstamo de la vida para evitar la deuda de la muerte”. Basó todo su sistema de pensamiento en esos dos principales miedos y mostró cuán fundamentales eran para la comprensión del hombre. Aproximadamente al mismo tiempo que escribió Rank, Heidegger llevó estos temores al centro de la filosofía existencial. El hombre es reacio a participar activamente en su abrumador mundo con sus peligros; se retrae de perderse en los apetitos devoradores de los demás, de sentirse fuera de control y atrapado en las garras de otros hombres, bestias y máquinas.


Por otro lado, Carl Jung hablaba de una fuerza y un coraje que el hombre promedio no tiene y ni siquiera podría entender. La carga más aterradora de la criatura es estar aislada, que es lo que ocurre en el proceso de la individuación: uno se separa de la manada. Este movimiento expone a la persona a la sensación de estar completamente ansiosa, aplastada y aniquilada por el mismo hecho de diferenciarse de los demás y responsabilizarse de sí mismo. Estos son los riesgos y extrema ansiedad que se genera cuando la persona comienza a modelar consciente y críticamente su propio marco de autorreferencia mediante su proceso de individualización. Particularmente esta es precisamente la definición del artista, o del hombre creativo en general.


La ansiedad, generalmente, es definida como una sensación de expectativa dolorosa frente a un "algo" desconocido, pero cuya naturaleza se presiente. A diferencia del miedo, que se refiere a un temor frente a situaciones externas y concretas, la ansiedad parece provenir del mismo ser y por lo general, el individuo no alcanza a captar de donde proviene con exactitud. Así mismo, la ansiedad es considerada como motor de la vida psicológica, y en la medida que refleja un conflicto hay vida psíquica.


Varios autores han descrito a la ansiedad como una angustia existencial o normal pero que en algunos casos puede ser neurótica; así como la primera o normal se considera inherente a la condición humana, la segunda se caracteriza por su falta de funcionalidad y en consecuencia es una angustia patológica.  


Si uno revisa las crisis políticas, económicas, empresariales, profesionales o domésticas para descubrir sus causas psicológicas, o si buscamos comprender el arte moderno, la poesía, la filosofía o la religión, nos tropezamos con el problema de la ansiedad en casi todos los casos. Las presiones y tensiones ordinarias de la vida en el mundo cambiante de hoy son tales que pocos, si es que alguno, escapan a la necesidad de enfrentar la ansiedad y lidiar con ella de alguna manera.


Durante los últimos cien años, los psicólogos, filósofos, historiadores sociales y otros estudiosos de la humanidad se han preocupado cada vez más por esta inquietud sin nombre y sin forma que ha seguido los pasos del hombre moderno. Sin embargo, en todo ese tiempo, sólo se han escrito dos tratados en forma de libro —un ensayo de Kierkegaard y otro de Freud— para presentar una imagen objetiva de la ansiedad e indicar métodos constructivos para tratarla.


En su libro introducción al psicoanálisis  Freud nos dijo, "No hay duda de que el problema de la ansiedad es un punto nodal en el que convergen las cuestiones más diversas e importantes, un enigma cuya solución seguramente arrojaría un torrente de luz sobre toda nuestra existencia mental".


Søren Kierkegaard (1813 - 1855) sostuvo que la ansiedad es nuestro "mejor maestro". Señaló que siempre que surja una nueva posibilidad, la ansiedad también estará presente. Estas consideraciones apuntan a un tema que apenas ha sido abordado en la investigación contemporánea, a saber, la relación entre ansiedad por un lado y creatividad, originalidad e inteligencia por el otro.

Fue también Kierkegaard el que dijo, "Yo diría que aprender a conocer la ansiedad es una aventura que todo hombre debe afrontar si no quiere ir a la perdición, ya sea por no haber conocido la ansiedad o por hundirse en ella. Por tanto, el que ha aprendido correctamente a estar ansioso ha aprendido lo más importante".


Por su lado, el psicólogo existencialista Rollo May (19xx - 19xx) nos dice que la confrontación con la ansiedad puede aliviarnos de la melancolía, agudizar nuestra sensibilidad y asegurar la presencia de la tensión necesaria para preservar la existencia humana. La presencia de ansiedad indica vitalidad. Como la fiebre, testifica que se está librando una lucha dentro de la personalidad. Mientras continúe esta lucha, es posible una solución constructiva. Cuando ya no hay ansiedad, la lucha termina y se presenta la depresión. 


Paul Tillich describió la ansiedad como la reacción del hombre a la amenaza del no ser. El hombre es la criatura que tiene conciencia de sí mismo, de su ser, pero también es consciente de que en cualquier momento puede dejar de ser.


Obviamente, Tillich estudió la descripción de Kierkegaard de la ansiedad como el "miedo a la nada". “no ser” no significa simplemente la amenaza de muerte física, aunque probablemente la muerte sea la forma y símbolo más común de esta ansiedad. La amenaza del no ser reside también en los reinos de la psicología y de lo espiritual, es decir, en la amenaza del sinsentido en la propia existencia. 


Generalmente, la amenaza del sinsentido se experimenta negativamente como una amenaza a la existencia del yo. Pero cuando esta forma de ansiedad se enfrenta afirmativamente, cuando el individuo se da cuenta de la amenaza del sinsentido y se opone a ella, el resultado es un fortalecimiento de la experiencia individual, de la individualidad. Esto también es un fortalecimiento de su percepción de sí mismo como un ser que es distinto del mundo del no ser o de los objetos.


Así llegamos a un punto crucial. Queda claro entonces que la ansiedad implica un conflicto interno; esta es otra consecuencia importante de la autoconciencia, o el conocerse a sí mismo.


La ansiedad "tiene miedo", dice Kierkegaard, "sin embargo, mantiene una relación astuta con su objeto, no puede apartar la mirada de él, de hecho no lo hará. . . . "  y agrega, “Si a uno u otro esto puede parecer un dicho difícil, no puedo hacer nada al respecto”. Y nuevamente, confirma que ansiedad es "un deseo por lo que uno teme, una simpática antipatía". La ansiedad es un poder extraño que se apodera del individuo y, sin embargo, uno no puede separarse ni tiene la voluntad de hacerlo; porque le teme, pero "lo que se teme, también se desea". Entonces, la ansiedad puede llegar a paralizar al individuo.


Tan contra intuitivo y extraño como se lee el párrafo anterior, tratemos entonces de explicar lo mismo de otra forma más lúcida como; "un deseo por lo que tememos y un miedo por lo que deseamos" o quizás también "una atracción por lo que nos rechaza o una repulsión por lo que nos atrae". 


Igualmente, creo que esta última aclaratoria es poco intuitiva de acuerdo a la forma en que pensamos cuando relacionamos al deseo y el miedo, la atracción y la repulsión. Probablemente, la mejor manera es que examinemos este punto Kierkegaardiano con un ejemplo concreto: 


¿Por qué sentimos miedo a las alturas, el sentimiento de subirnos a un bloque de cemento de 6 pulgadas de alto debería ser igual que subirnos a una de esas plataformas transparentes que instalan ahora para los turistas en edificios de más de 30 pisos de alto con cierta protección?


En ambos casos podemos estar seguros que no vamos a caer, simplemente porque la coordinación física necesaria para mantenernos en pie en ambos escenarios es exactamente la misma. 


Quiere decir entonces que la diferencia entre sentirnos seguros sobre el ladrillo y en pánico en la plataforma nada tiene que ver con el peligro físico de caer. La diferencia tiene que ver con nuestro ser psicológico más que con nuestro ser físico. 


Para Kierkegaard, la razón por la que da miedo pararse en la plataforma del edificio de 30 pisos de altura es porque una parte de nosotros sabe que está dentro del alcance de nuestra libertad saltar y aniquilarnos.


Por eso es que la ansiedad tiene que ver con la realidad de nuestra libertad existencial. Dicho de otra forma, el verdadero asidero de nuestro temor es nuestra propia existencia. La posibilidad de destruirnos a nosotros mismo en cualquier momento es ontológica.

Podríamos entonces concluir que nuestros deseos son un tema complicado y no todos ellos son comparables al deseo de querer sentirnos felices para beneficiar nuestras vidas. Existe un profundo lado oscuro en nuestros deseos, miedos y ansiedades. Es la misma sombra sobre la que Jung escribió extensamente.


Entender este fenómeno filosófico y psicológico de nuestra existencia relacionado con la ansiedad nos ayuda también a entender nuestros comportamientos desconcertantes y autodestructivos, como sucede con aquellos relacionados con las adicciones, el auto sabotaje y comportamientos irracionales extremistas como por ejemplo el de las personas que permanecen aferradas a relaciones abusivas. 


Para mí, un ejercicio radical sobre este fenómeno de nuestra ansiedad ontológica es experimentar qué se siente viviendo situaciones extremas. Además de indagar sobre qué se siente en el momento de vivir esas experiencias de ansiedad extrema está la parte de estudiar el impacto que esas experiencias tienen en la psique de las personas que las viven en el largo plazo.


Un buen ejemplo para ilustrar lo anterior es el caso de las personas que practican deportes extremos. Por extremo me refiero aquellos deportes en donde se siente el mismo efecto psicológico de la plataforma transparente en el edificio de 30 pisos de altura. En la práctica de los deportes ecuestres en su categoría olímpica, los jinetes se enfrentan a situaciones de vida o muerte no solo cuando compiten oficialmente sino también todos los días durante los entrenamientos. 


Los deportistas llaman ese clímax de ansiedad como "adrenaline shot" y no es para menos. Durante años he estado observando no solamente mi propia experiencia como jinete de alta competencia sino también la que viven muchos otros practicantes de este deporte,  realizando lo que Kierkegaard denomina “pura intencionalidad”. Obviamente, que la palabra tiene, en el lenguaje de SK un significado mucho más trascendental que el popularmente le asignamos a la palabra. Así como existe la ansiedad normal y la ansiedad neurótica, debemos entonces acuñar un término que nos diferencie lo que el deportista siente mediante la práctica de deportes extremos. Se me ocurre el término de "ansiedad sintética"


Montar a caballo en situaciones de extremo riesgo como en competencias produce el mismo efecto psicológico que la plataforma transparente en el piso 30 pero por tanto tiempo como dura la competencia. No es un rush de adrenalina como si fuera un largo shot de miedo y ansiedad. Como dijo Tillish, se trata de que la amenaza del no ser reside también en los reinos psicológico y el espiritual, es decir, en la amenaza del sinsentido en la propia existencia. Esa forma de ansiedad sintética es la aproximación fenomenológica de nuestro final que desarrolló Heidegger en su Opus Magnum, Ser y Tiempo.


Nunca olvidaré una experiencia personal que viví  en una competencia bajo uno de esos ambiente de alta tensión y alto riesgo. El ambiente estaba muy cargado por la presencia de cientos de espectadores generando un exagerado volumen de ruidos. Al mismo tiempo el caballo con que yo competía era un enorme ejemplar bastante joven que además carecía de experiencia bajo ambientes como el descrito. Un entrenador amigo me notó algo nervioso y me sugirió hacer unos ejercicios de relajamiento físicos y mentales. Lo cual acepté hacer y consecuentemente procedí a ejecutar. Eran una combinación de ejercicios de yoga, respiración y meditación. Logré alcanzar el relajamiento buscado como nunca antes me había sentido. Me presenté a la competencia totalmente relajado, como si estuviera en una nube y por ello, en cuestión de segundos había olvidado hasta cuál era la rutina que me correspondía ejecutar.  La prueba fue un verdadero desastre y mi caballo y yo fuimos eliminados. Por no sentir la ansiedad natural o preferiblemente la ansiedad sintética, perdí la capacidad sensorial para ejecutar los complicados movimientos de la competencia ecuestre.


A raíz de esa experiencia aprendí que es necesario y hasta valioso experimentar la ansiedad y más aún sentir la ansiedad llevada al extremo en su manifestación de miedo por las circunstancias presentes en el momento, es decir, la ansiedad provocada por las circunstancias extremas o ansiedad sintética. Posteriormente he podido concientizar en competencias similares ese estado de alerta como si uno cruza un umbral hacia otra dimensión. Es lo que unos han llamado el pick experience o el aha moment, cruzar dentro de la zona o también la conexión con lo sagrado. En fin, ese es el momento en donde por instantes se alcanza a sentir una experiencia de absoluta libertad. 


La ansiedad sintética es una combinación de miedo con ansiedad que por un lado hace que el miedo provoque una reacción de defensa, una expresión corporal de tensión y de extrema atención a una determinada parte del entorno, como sería el caso del ring de competencia. En su componente de ansiedad, en cambio, encontramos un frenesí sin sentido de una retirada del mundo, una afectividad cerrada a la luz de la cual el mundo parece irrelevante, y cualquier referencia, acción y  percepción del mundo se suspenden. La ansiedad sintética es en realidad una aprehensión de que uno pueda caer en una condición catastrófica. Mientras esa aprehensión dura el mundo desaparece. El sentimiento es como el de entrar en otra dimensión. La frase "muerto de miedo" no es una descripción exagerada de lo que se siente en esos casos.


Otra observación sobre esas experiencias cruciales durante la práctica de deportes extremos es que la aproximación a la finitud de la existencia que puede sentirse solo por unos minutos pero con efectos permanentes en la vida de quien lo experimenta, es a mi entender, muy similar a lo que Heidegger  escribió en Ser y Tiempo afirmando que la temporalidad de nuestro ser apunta a nuestra propia muerte y que al afrontar este rasgo esencial se puede alcanzar llevar una vida significativa y auténtica.


Cultivar la conciencia de nuestra muerte conduce a la desilusión, la pérdida de la armadura del carácter  formado por la cultura evasionista de la realidad y en su lugar hace una elección consciente de permanecer frente al terror. El ser existencial que sigue este camino de autoanálisis se diferencia de la persona promedio en saber que en lugar de esconderse entre las ilusiones del carácter, reconoce su impotencia y vulnerabilidad. 


El héroe desilusionado, es decir el hombre realista,  rechaza las heroicidades estandarizadas de la cultura de masas a favor del heroísmo cósmico en el que hay una verdadera alegría al deshacerse de las cadenas de la dependencia acrítica y contraproducente y descubrir nuevas posibilidades de elección y acción y nuevas formas de coraje y resistencia. Viviendo con la conciencia voluntaria de la muerte, el individuo heroico puede optar por desesperarse o dar un salto kierkegaardiano y así confiar en la “sacrosanta vitalidad del cosmos”. 


Esa es la forma de romper con la armadura del carácter emocional de Lear, de los budistas Zen, de la psicoterapia moderna y, de hecho, de los hombres de cualquier época. En ese espíritu, Ortega, nos los dijo en un pasaje particularmente poderoso. Su declaración se lee casi exactamente como Kierkegaard:


"El hombre de la mente clara es aquel que se libera de esas “ideas” fantásticas [la mentira caracterológica de la realidad] y mira la vida a la cara, se da cuenta de que todo en ella es problemático y se siente perdido. Y esta es la simple verdad, que vivir es sentirse perdido, quien lo acepta ya ha comenzado a encontrarse a sí mismo, a estar en terreno firme. Instintivamente, como hacen los náufragos, buscará a su alrededor algo a lo que aferrarse, y esa mirada trágica, despiadada, absolutamente sincera, porque se trata de su salvación, hará que ponga orden en el caos de su vida. Éstas son las únicas ideas genuinas; las ideas de los náufragos. Todo lo demás es retórica, posturas, farsa. Quien no se siente realmente perdido, no tiene remisión; es decir, nunca se encuentra a sí mismo, nunca se enfrenta a su propia realidad." - José Ortega y Gasset


Finalmente, podemos decir que el verdadero arte del ser humano es aprender a equilibrar el horror de su existencia con la belleza.


Monday, December 21, 2020

El Desafío de Existir

"El Desafío de Existir".


Por José Domingo Sosa, Ph.D.


Ontológicamente, existir es vivir la tensión de buscar respuestas a preguntas fundamentales para las cuales la vida no tiene que decirnos.


Preguntas como, ¿por qué a la gente buena le pasan cosas malas? o ¿por qué a la gente mala le pasan cosas buenas?


¿Por qué mueren niños y algunos dictadores viven hasta entrados los 90 años?


¿De dónde venimos, por qué morimos y a dónde vamos?


Si en 50 años nadie recordará quienes fuimos ¿para qué entonces vinimos?


Esas preguntas y muchas otras no encuentran respuestas en la naturaleza. 


La naturaleza es neutra, no tiene moral, propósito o consciencia. De ella solo nos aprovechamos y a veces ella nos sacude. 


El hombre es el único animal que sabe morirá y además si piensa mucho encontrará que su vida es un absurdo. Es decir, vive entre el horror de la muerte y el amor a la vida. 


Esas preguntas sin respuestas y nuestra obsesión por ellas, consciente o inconscientemente, son la fuente de la ansiedad ontológica de los seres humanos.


Debido a esa condición, el hombre busca desesperadamente aminorar su ansiedad a través de las respuestas que a esas preguntas básicas le ofrece la religión, así como también los avances y utopías tecnológicas; o mediante su adicción a la acumulación material, el entretenimiento y como último recurso la apatía y la vida melancólica. 


No obstante, esas estrategias, el hombre no ha logrado mejorar su convivencia en el planeta y solamente en los últimos 100 años expandió su autoaniquilación hasta niveles nunca antes alcanzados en toda su historia. 


Todas esas estrategias para reducir la ansiedad son lo que Albert Camus calificó como “suicidios filosóficos”. Son a su entender, diferentes maneras de vivir bajo viciosas mentiras que conducen al ser humano a llevar vidas vacías, falsas y neuróticas.


Pero existen salidas efectivas que evaden el suicidio físico o intelectual y que podemos llamar como “desafíos existenciales”.


Es decir, el gran desafío es reconocer que la vida es absurda y como tal nunca encontraremos respuestas a esas preguntas básicas y fundamentales. Pero el desafío también nos dice que, ese absurdo no es un final sino más bien un comienzo a un mejor vivir. 


Mas especificamente, el desafío existencial trata de hacer consciente la ansiedad innata de la vida como algo natural y así evitarnos el suicidio filosófico con corage, con el pleno ejercicio de la pasión, de la visión, del dolor, del miedo y la pena.


Simultáneamente el desafío nos empuja a que abracemos a la vida con sinceridad, humildad, compasión y admiración por uno mismo, la naturaleza, el amor por los demás y todo bajo un profundo sentido de misterio milagroso. 


Esa es la imagen que conocemos de un Sísifo feliz llevando la repetición y futilidad con una sonrisa que nos revela su claro goce y aceptación del misterio en que vive. 


J.D. Sosa (2020) (g)


La Verdad Subjetiva de Søren Kierkegaard


“La Verdad Subjetiva de Søren Kierkegaard”




Por: José Domingo Sosa



La verdad es la verdad y poco espacio queda para la discusión. Sin embargo, existe otro tipo de verdad y para evitar confusiones la verdad de siempre pasó a ser denominada como “verdad objetiva”. La verdad objetiva es entonces aquella verdad que se confirma por consenso a través de un proceso de tipo empírico, lógico o abstracto como en el caso de las matemáticas en las ciencias naturales. Dos más dos son cuatro y por lógica abstracta se afirma que esa operación aritmética es una verdad objetiva. 



Sin embargo, otro tipo de verdad es la verdad personal, individual o íntima. En la vida enfrentamos situaciones directas y de primera mano que no podemos explicar a través del raciocinio lógico, la observación empírica o el análisis abstracto. Pero por más subjetivas que sean las experiencias personales, las mismas no dejan de ser verdades.



Cuando a Louis Armstrong le preguntaron ¿Qué es el jazz?, contestó que quien pregunta eso nunca entenderá la explicación. El jazz es una experiencia personal, íntima que se siente, no se razona o explica. Ese tipo de verdad es lo que Kierkegaard llamó, Verdad Subjetiva.  



Según Søren Kierkegaard (1813-1855), la mayoría de las verdades importantes en la vida son verdades subjetivas. Las actividades de nuestra cotidianidad son generalmente simples actividades físicas y mentales que realizamos individualmente o en colaboración con otras personas que rara vez requieren consenso. En otras palabras, las experiencias personales  de la vida diaria no son verdades objetivas pero si son verdades subjetivas. 



La verdad objetiva es perfecta para los procesos biológicos, químicos y físicos pero es muy pobre para entender al ser humano en sus capacidades y conflictos existenciales. 



Un ejemplo concreto que nos puede ayudar a entender la diferencia entre la verdad objetiva y la verdad subjetiva es preguntándonos cómo sabemos que vamos a morir.  



Desde la perspectiva de la verdad objetiva, sabemos a través de la observación empírica que todos los seres humanos eventualmente mueren e igualmente también sabemos que somos humanos. Si con esas dos premisas componemos un silogismo aristotélico, entonces podemos inferir que es una verdad objetiva que moriremos. 



Sin embargo, la verdad subjetiva de nuestra muerte es algo bastante más realista que la muerte entendida desde el ángulo de la verdad objetiva. La muerte es algo personal y hasta palpable, si tratamos de entender qué es a través de señales como la siguiente: ……..una corriente subterránea, fría que nos empuja hacia el horizonte en donde se encuentra una especie de abismo final……  o mejor algo así de Shakespeare,




…   llórame tan sólo

mientras escuches la campana triste,

anunciadora al mundo de mi fuga

del mundo vil hacia el gusano infame. 

si acaso miras estos versos

cuando del barro nada me separe,

ni siquiera mi pobre nombre digas

y que tu amor conmigo se marchite,

para que el sabio en tu llorar no indague

y se burle de ti por el ausente.



Entender la verdad de nuestra mortalidad de esa manera es un reto bastante más personal y sensible que simplemente explicar nuestro final desde el punto de vista lógico o empírico. La muerte como verdad subjetiva acarrea que uno esté disponible a expandir el límite de su significado al punto que simultáneamente nos haga entender también, la verdad de qué significa la vida.  



Para Kierkegaard la verdad  auténtica  de la vida religiosa puede entenderse a través de la relación de la fe y Dios. Tener fe en Dios no se logra mediante una introspección de observaciones empíricas con argumentos lógicos como de hecho intentaron hacer San Agustín y Santo Tomas de Aquino explicando al cristianismo con argumentos de la racionalidad platónica y aristotélica respectivamente. 



La fe en Dios es un asunto subjetivo que implica un sentimiento personal e íntimo tal cual como sería reconocer la muerte, una realidad moral, enamorarse o seguir ciegamente algún propósito en la vida. Todas esas causas son subjetivas pero también son absolutamente verdaderas. 



Todas esas verdades subjetivas acarrean una tremenda carga emocional de incógnitas que irritan a muchas personas arraigadas en el campo secular científico y también entre grupos que se hacen llamar religiosos. 



La conversación sobre qué es verdad, y cuáles son las verdades relevantes, produce reacciones emocionales muy significativas que rara vez pueden ser limadas entre los grupos seculares y religiosos. La razón principal por la que esas discusiones siempre fracasan se debe a que las verdades subjetivas sólo pueden verificarse a través de experiencias y/o percepciones que son exclusivamente de naturaleza personal. 



La Fe religiosa es para Kierkegaard una relación íntima con dudas e incertidumbres que solamente puede ser real para el valiente Knight de la Fe o Caballero en contraposición al fanático piadoso que hace creer que Dios existe exclusivamente como un objeto equivalente a una verdad absolutamente objetiva. 



Para Kierkegaard la duda sobre la Fe no es algo negativo, al contrario, para él es parte integral del poderoso valor que tiene la verdad subjetiva. Más aún, la vida religiosa requiere entrega y auténtica pasión interna en contraposición a la cómoda y presumida superioridad de la absoluta certeza bajo el manto de verdad objetiva. 



La auténtica fe cristiana es una experiencia interna subjetiva, vulnerable, riesgosa que no es visible desde el exterior del Knight de Fe. Por ejemplo uno puede representar el estereotipo Cristiano y en el fondo no experimentar la esencial experiencia íntima de relacionarse con Dios. Es común ver a uno caer en la trampa de creerse cristiano solamente porque nació y creció en el seno de una familia y cultura de esa fe o simplemente porque nunca pensó en otra posibilidad o porque pasó toda su vida actuando en una forma ciega y mecánica.



No todo el que se hace llamar Cristiano lo es, de hecho muy pocos somos genuinos practicantes de la Fe. Por eso es que Kierkegaard escribió tantos libros sobre el tema  que él sarcásticamente llamó “Cristiandom” o la muchedumbre cristiana.



Pero la pregunta que debemos hacernos es ¿por qué no somos genuinos cristianos? Según Kierkegaard se debe a la vulnerabilidad ontológica que nos hace vivir ansiosos buscando seguridad y transparencia en los temas relacionados con la existencia. Tanto que por eso es que vivimos bajo la influencia absoluta de la paradoja placer y dolor. Consumimos nuestro tiempo buscando actividades y cosas que nos maximizan la felicidad y minimizan el dolor. Este patrón en la forma de vivir es lo que Kierkegaard llamó como el “Modo Estético” de vivir. 



Lamentablemente, el Modo Estético de vivir es una respuesta temporal al acertijo de cómo existir, ya que la búsqueda y consecución de placer es una condición que tiende a disolverse y desaparecer una y otra vez en la misma medida que se obtiene. La búsqueda de la felicidad a través de las verdades objetivas y materiales se convierte en una sucesión infinita de reemplazos de una meta por otra en repetición, hasta que el aburrimiento y el cansancio hace que el hombre colapse. Es a partir de ese momento cuando comienza una nueva etapa de existencia que Kierkegaard llamó como el “Modo Ético” de existir.



El Modo Ético de existir es cuando hacer lo correcto o seguir las normas seculares de qué es ético se convierte en la fuerza, locus o compromiso que le da significado a la vida. Un ejemplo común y universal es el de ser un buen padre con los hijos. Es decir asumir la responsabilidad y presencia ante los hijos que los proteja y les dé todo aquello que sea necesario para el buen desarrollo de ellos. En este sentido el padre abandona su modo de vida anterior de maximizar su búsqueda de placer por el modo ético de lograr lo que es correcto para sus hijos.  



Sin embargo, para Kierkegaard el Modo Ético de existir no es la respuesta final al acertijo del cómo vivir. La respuesta final es el “Modo Religioso” de existir que lleva por objetivo la obediencia a Dios antes de la obediencia a la ética secular. 



Pero es aquí entre estos dos modos de la existencia, es decir, entre el modo ético y el modo religioso que este asunto se complica por todos aquellos aspectos en donde ambos modos coinciden o mejor dicho se solapan.



Para que entendamos la diferencia, Kierkegaard nos presentó una situación extrema en donde ambos modos se enfrentan el uno al otro radicalmente.  Es decir, como el seguir a Dios puede ser contrario a seguir las leyes universales de la convivencia entre los seres humanos.



Esa situación puede verse claramente en el arquetipo que describe la Biblia en Génesis 22. Cuando Dios instruye a Abraham a realizar el sacrificio humano de su hijo Isaac. La ética secular y también los mandamientos nos dicen que no está permitido matar y mucho menos a un hijo. Sin embargo, Abraham es comisionado por Dios para realizar dicho sacrificio. 



De acuerdo al texto bíblico, Abraham se prepara para realizar el sacrificio de Isaac pero en el último minuto se suspende el mandato a través de un ángel enviado por Dios.



En el  acto de seguir a Dios ciegamente, Abraham descartó el sagrado mandamiento ético de no matar o lo que hemos denominado antes como el  Modo Ético de existir. Es así como se realiza el movimiento hacia el Modo Religioso mediante un  “leap of faith” que Kierkegaard denominó la  “Teleológica Suspensión de la Ética”.  



Es aquí en donde una vez más podemos establecer la conexión con la “Verdad Subjetiva” y su diferencia con la verdad Objetiva. El leap of faith es definitivamente un acto necesario para alcanzar la verdad subjetiva. Es un acto como mencionamos anteriormente, que no está determinado ni definido por el empleo de la lógica o la observación empírica. Por esa razón Kierkegaard fue más allá y nos aclaró que eso ocurre por virtud de lo “absurdo”. 



Pero no confundamos el uso de la palabra “Absurdo”. La misma no pretende disminuir el acto de fe. Todo lo contrario, la intención de Kierkegaard fue prepararnos a través de su explicación de los 3 modos de cómo existir, para finalmente presentarnos nuestra tragedia ontológica del terror  y así inducirnos a lo que parece absurdo pero en el fondo es la vía expresa para la salvación. 



Existe la ansiedad y la ansiedad neurótica. De acuerdo a Kierkegaard la ansiedad es Ontológica en los seres humanos. La ansiedad no reconocida con atención y sinceridad es la que se convierte en ansiedad neurótica, en ataques de pánico y en casos extremos en psicosis. 



La libertad del ser humano es la razón intrínseca de su ansiedad natural. Por eso su devenir entre los modos de existencia que Kierkegaard nos explicó. El modo estético, el modo ético y finalmente el modo religioso.  



La filosofía de Kierkegaard es primero que nada una poderosa defensa del cristianismo y especialmente de los valores de la vida religiosa. Igualmente su crítica se constituyó en un fuerte llamado de retorno a la auténtica vida religiosa.  



Igualmente, la filosofía de Kierkegaard contiene una profunda riqueza de observaciones psicológicas. Su psicología penetra regiones muy oscuras de la psique del ser humano y su mayor contribución recae en el hecho de que su trabajo fue la principal inspiración del moderno movimiento existencialista, el cual surgió plenamente después del centenario de su muerte. 



Finalmente, podemos concluir diciendo que cuando leemos un poema, contemplamos una pintura o nos deleitamos escuchando una pieza musical, sentimos algo que es de difícil descripción utilizando palabras. No obstante, uno puede claramente afirmar con certeza lo que uno siente aun y cuando algunas personas no estén de acuerdo. Uno está convencido de que ese poema, esa pintura y esa pieza musical contienen algo que es verdad, único y hermoso. Nuestro estado de éxtasis o rapsodia puede parecer absurdo al vecino que nos observa. Uno no puede demostrarle a nadie esas verdades subjetivas, absurdas para algunos, pero uno sabe desde lo más profundo del corazón que son verdades. 


El hombre ante el medio ambiente y las ideas de Martin Heidegger


"El hombre ante el medio ambiente y las ideas de Martin Heidegger".



Por: Jose Domingo Sosa



Martin Heidegger (1889-1976) es considerado junto a Ludwig Wittgenstein como el filósofo más influyentes en los últimos 100 años. 



En 1927, Heidegger publicó su obra más conocida, titulada "Ser y Tiempo". El objetivo central de ese libro fue exponer una filosofía del hombre que denunciara el fracaso de la civilización, explicar en dónde los grandes pensadores pueden haberse equivocado y finalmente dar luces sobre qué es el Ser dentro de su temporalidad. 



Para ello propuso un enfoque que desde los tiempos de Sócrates, Platón y Aristóteles y hasta principios del siglo XX, nunca antes se había adoptado. Es decir estudiar al Ser, fenomenológicamente y no en la forma metafísica de un Ente como había sido estudiado en los últimos 2500 años. En otras palabras, Heidegger intenta terminar la tarea que los Griegos se habían impuesto. 



La nueva metodología consistió en no tratar de entender al hombre en términos de teorías mecanísticas, biológicas y hasta psicológicas. Heidegger y todos aquellos que le siguieron protestaron firmemente en contra de los racionalistas e idealistas que vieron al hombre nada más que como un sujeto, es decir, como solamente un ser pensante y no  como un ser actuante. 



Obviamente, el desastre ecológico de finales del siglo XX y ahora en el XXI,  no era algo tan evidente en los tiempos de Heidegger. No fue sino hasta finales del siglo XX cuando uno de los seguidores del pensamiento Heideggeranio, el profesor Robert Romanyshyn quien hizo la conjetura al asociar el histórico mal entendido de la filosofía occidental hacia el Ser y su Existencia, como la razón orgánica del genocidio ecológico que vivimos hoy.



En otras palabras, estas notas son para tratar de entender al hombre destructor de la naturaleza a través de las observaciones que sobre el Ser hizo Heidegger.



Heidegger intentó fundamentar su investigación  ontológica a través del método conocido como fenomenología. El cual implica reflexionar e interpretar nuestras cotidianas experiencias para revelar su latentes significados. Para Heidegger indagar sobre la naturaleza del ser, en esta forma, es de vital importancia porque es a través del ser que implícitamente podemos entender las demás ramas del conocimiento, es decir, desde las ciencias naturales hasta las sociales. 



Las guerras, el armamentismo militar, la posible aniquilación nuclear, el genocidio diseñado tecnológicamente y la destrucción continua del ambiente no son de extrañar para Heidegger, porque nuestra compresión de estos problemas ha procedido sin una profunda comprensión y guia de nuestra misma naturaleza como seres y por eso resulta obvio y natural que el mundo en que vivimos haya evolucionado originando su convulsion y destrucción arbitraria. 



Heidegger caracterizó al Ser como "Ser en el mundo". Por eso acuñó el término "Dasein" en su intento de concebir al Ser fundamentalmente unido bajo una subjetiva experiencia en el mundo objetivo. Eso lo hizo tratando de evitar caer en suposiciones dualistas sobre la realidad del ser y el mundo. En otras palabras, lo que nosotros somos es lo que el mundo es. 



Ser-en-el-mundo o "Dasein", quiere decir que lo que somos y lo que el mundo es, son dos cosas mutuamente interdependientes de tal forma que no existe un mundo aparte o distinto a nuestra experiencia. 



Heidegger no hace distinción entre Sujeto y Objeto. Sin embargo, reconoce que es extraordinariamente difícil expresar la naturaleza del ser de esta manera, en parte porque en las lenguas occidentales usamos siempre, en términos de las oraciones una estructura gramatical en la que los sujetos son distintos de sus objetos, lo que automáticamente tiende a sesgar nuestra comprensión hacia ver el mundo objetivo, como separable de nuestra experiencia subjetiva de él.



(Por este tipo de dificultades fue que Heidegger, en sus últimas décadas, abogó por el uso de la poesía como  el mejor vehículo lingüístico para indagar sobre el “Ser”. Especialmente, por el tipo ejemplificada, por el poeta romántico alemán Friedrich Hölderlin. )



Una de las primeras conclusiones de Heidegger fue que el Dasein o ser-en-el-mundo no es indiferente o neutral hacia el mundo que lo rodea. Hemos sido arrojados en el mundo y siempre nos movemos hacia el futuro, es decir hacia las posibilidades. Por eso llegó a decir, que el ser es posibilidades. Dasein es activo y atento y lo expresa desde una estructura integrada por tres diferentes dimensiones interrelacionadas. 



La primera estructura de la atención, Heidegger la denominó, “factualidad”. Es decir, las cosas que heredamos y por las cuales no somos responsables. Las recibimos como son y no podemos modificarlas, varios ejemplo serían, en que parte del mundo y periodo histórico nacimos, qué altura tenemos, por qué estos padres y no otros, etc. Todo como producto de haber sido arrojados al mundo.



El segundo elemento de la estructura del cuidado o atención, Heidegger la llamó como la caída o falla. Básicamente se refiere a cómo llevamos nuestras vidas. Para Heidegger la forma común es una vida que no es auténtica. Vivimos de acuerdo a las normas de los demás, la sociedad y la cultura. La imitación, la moda, las costumbres y en fin todo lo que hacemos que no fue creado por nosotros. La caída consiste en que llevamos esa vida conformista, imitadora en la que inauténticamente  suprimimos nuestras potencialidades, creatividad, activismos y mejor destino.



La tercera estructura la llamó Existencialidad o también Autenticidad. Por autenticidad, Heidegger se refiere a nuestra mejor aproximación a las potencialidades en la vida y no se refiere a las cualidades de honestidad, veracidad y sinceridad como implicaría el lenguaje.  Heidegger insistió en la autenticidad de relacionarnos con las potencialidades creativas, activismos y en fin de movernos hacia adelante entre nuestras mejores posibilidades. 



En la segunda parte de "Ser y Tiempo", Heidegger aborda el tema de la temporalidad siguiendo su enfoque hermenéutico, es decir de interpretación del Dasein en el tiempo y su consecuencia al moverse hacia la frontera final de su mortalidad.  Para Heidegger la muerte es lo que define y hace completa nuestras vidas. No obstante, debido a que su enfoque de investigación es la fenomenología ontológica entonces se hace extremadamente difícil para el Dasein vivir esa experiencia de su propio final. En otras palabras, ¿cómo puede uno estudiar el fenómeno de su muerte sin experimentar pasar por ella?  



Debido a la obvia dificultad para el Dasein de aproximarnos a esa experiencia, Heidegger acude a su interpretación mediante el análisis de la estructura de "atención y cuidado", es decir a través de los tres elementos integrados por: 1) "factualidad", 2) "la caída-falla-inautenticidad" y por último 3) la existencia o "autenticidad".



En el caso de la factualidad, la muerte es definitivamente la última posibilidad de todas las posibilidades. Dasein constantemente trata de evitar su confrontación de esa realidad a través de formas engañosas como por ejemplo tratar de etiquetar la conversación sobre la muerte como algo inadecuado, al punto de que culturalmente hasta oculta el proceso de morir en los hospitales, auspicios y en fin sitios alejados de la observación de la sociedad. Los cementerios son sitios ubicados en la marginalidad de las ciudades, generalmente feos y no muy visitados. La actitud del hombre hacia la muerte es que eso es algo que le pasa a todo el mundo. Pero esa actitud es la misma que describe el dicho "mal de muchos consuelo de tontos".



Además del desprecio de hablar sobre la muerte, y adoptar la actitud de que morir es lo que les pasa a los demás, el otro argumento en contra de su consideración es que es un tema para los cobardes, o aquellos que le tienen miedo a la muerte. Y como ellos no le temen entonces no encuentran razón para hacerlo. 



Sin embargo, la ansiedad que el tema de la muerte nos produce, es precisamente el signo de autenticidad que necesitamos, que Heidegger nos dice es necesario vivir en concordancia con nuestras implícitas potencialidades.  De no ser así, vivimos postergando nuestra realización a un punto indefinido en el futuro.



La no realización de esta máxima existencial es la que nos empuja a llevar vidas inauténticas y en consecuencia a la devastación de nosotros y contribuir nuestro grano de arena en la destrucción del mundo que nos rodea. 



Conclusión:



Si Heidegger pudiera  estar con nosotros  hoy, creo que claramente nos diría lo siguiente: 



“...... lo vi venir,  se los advertí,  que el olvido del "Ser" llevaría  a la paulatina destrucción del planeta,  a la separación de todos, además nos conduciría a un absoluto estado biotecnológico que ordena y enmarca a todas las cosas como energías disponibles para el consumo humano. Les dije que cuando los seres son abandonados los mismos pierden su densidad, su poder de resistencia y en consecuencia caen presas de la objetivación, la explotación y la manipulación. y cuando eso es así, el mundo ya no es hospitalario para ser habitado”. Algo así podría decirnos Heidegger si regresara de su tumba hoy.



Pero más aún,  tengo la sensación de que incluso él mismo Heidegger se sorprendería de la monstruosidad en que hemos convertido al planeta. La verdad es que la maquinaria está en todas partes y lo peor es que no encontramos forma de detenerla. 



Hay quienes insisten en negar todo lo anterior y dicen que las cosas nunca antes se habían visto mejor que  ahora. Y se preguntan, ¿cuál es el alboroto de los liberales, ambientalistas y existencialistas?



En una entrevista que concedió a la revista alemana Der Spiegel pocos años antes de morir,  Heidegger declaró …. “presumimos controlar directamente nuestras tecnologías, pero de hecho los seres humanos no controlamos el impulso de acumular más y más capacidad tecnológica para alimentar nuestro consumo insaciable” 



El entrevistador, haciéndose el tonto, le preguntó  a Heidegger, pero ¿qué tenemos que controlar si todo está funcionando bien? Cada vez disponemos de mejores empresas de energía eléctrica, la producción de bienes aumenta constantemente, y en fin vivimos en un estado de prosperidad nunca alcanzado antes? 



A lo que Heidegger respondió,  “eso es precisamente lo que es aterrador. Todo funciona y ese funcionamiento impulsa a que cada vez más el desalojo del hombre o su absoluto desarraigo del planeta. Este desarraigo está más o menos completo en algunos lugares y está a punto de estarlo en muchos otros. Nada se salvará de ello si no logramos un mejor entendimiento de nosotros mismos.


Friday, December 4, 2020

"Pensando en Vos Alta"

A través de miles de años el hombre construyó su cultura como respuesta a su paradójica naturaleza. Su dualidad de ser animal y además racional. Un cuerpo vulnerable con una mente prodigiosa. Una mano tratando de entender y ayudar a la otra. Una ambigüedad que siempre lo ha atormentado y la cultura ha sido su consuelo y apoyo. A través de la cultura el hombre forma su carácter y con ello trata de vivir. Sin embargo, las enfermedades y la muerte le causan terror El hombre se apoya en su carácter para asi reprimir las miserias de su condición humana. La muerte, los cambios y todo lo distinto a él, le provocan terror y por eso su personalidad e ideologías rígidas para protegerse de lo que a la postre no es otra cosa que su propia naturaleza. A través de miles de años, el hombre construyó su fortaleza llamada cultura. Esa fortaleza con sus columnas de religiones, mitos, literatura, inventos y descubrimientos forman el carácter de sus niños y luego los llama adultos. No todos los hombres logran las metas indicadas por la cultura. Algunos colapsan en depresión y otros en la locura. La mayoría alcanza lo que culturalmente se considera “ser normal”. El Teólogo y Filósofo Soren Kierkegaard no tenía una idea clara de que significa ser normal o sano. Pero si sabía lo que es no serlo. No son sanos aquellos que adoptan los ajustes de vida llamados “normales”. Cultura no hace a las personas, genuinas. Ser una “persona culturalmente normal” fue para Kierkegaard, lo mismo que estar enfermo, independientemente de que lo sepamos o no. El decía que existe una cosa llamada “Salud ficticia”. Es lo mismo que quiso expresar Nietzsche cuando acuño la frase o preguntó a los psiquiatras “si existía la neurosis saludable?”. Sí, ser culturalmente normal no es estar sano, entonces quiere decir que lo normal es algo más allá que nuestras habituales ideas de qué lo es? La salud mental, en una palabra, no es algo típico o común, es algo bastante más que encontrar el si mismos. La persona sana, el individuo genuino, aquel de alma realizada o hombre real y auténtico es solo aquel que ha logrado trascender. Cómo entonces podemos trascender? Cómo podemos abrirnos a nuestras potencialidades? Solo a través de conocer la verdad de nuestra miserable situación. Mediante el desmontaje de la mentira encerrada en nosotros mismos en los años de formación y que conocemos como el “carácter”. Desde niños hemos construido estrategias y técnicas para protegernos la autoestima de cara al terror de nuestra condición humana. Esas técnicas se han transformado en una armadura que nos mantiene prisionero y alejado de nuestras potencialidades. Las defensas de seguridad y confianza que obtuvimos para crecer se transforman en trampas para toda la vida. Para trascender se necesita romper con todo aquello que hemos montado para vivir seguros. Como el “Lear” de Shakespeare debemos abandonar todo aquello que hemos tomado prestado de la cultura y como él pararnos desnudos frente a la vida. Pero destruir al carácter pareciera ser lo mismo que meternos un auto gol o para decirlo de otra manera, una auto-derrota, o todo lo que NO deberíamos hacer si queremos vivir sanos. Kierkegaard decía, “ ..... el YO debe ser disuelto para alcanzar un YO genuino”. Solo el que prueba la muerte con los labios de su cuerpo viviente entenderá emocionalmente que es una criatura que morirá. Salvación a través de la desesperanza. Morir para renacer. Es “el paso a la nada” sobre el que escribió Jacob Boheme. Es la destrucción del carácter emocional contenido en la armadura de Lear, del Zen Budista, de la psicoterapia moderna, y de hecho es la liquidación del carácter del hombre que llamamos “realizado” y “exitoso” a lo largo de todos los tiempos. Tal cómo nos los dijo Jose Ortega y Gasset ....... “Vivir es sentirse perdido .... aquel que acepta eso habrá empezado a encontrarse asimismo. A pisar en suelo firme. Es como el naufrago que encuentra algo de que agarrarse. Eso le traerá orden en el caos de su vida. Esas son las únicas ideas genuinas. Las ideas del náufrago. El resto es retórica, posturas falsas. Aquel que no se sienta realmente perdido no podrá salvarse, es decir, nunca se encontrará asimismo, nunca enfrentará su propia realidad". Solo entonces, arribará a su realidad y conocerá su potencialidad. Es decir a través de la destrucción del YO al enfrentar la ansiedad que produce el terror de su existencia. Ese cambio es cuando el ser comienza a trascender. Es aquí entonces cuando el hombre siente compasión por si mismo y en consecuencia por los demás. Es ahí en donde como si fuera un manantial la humildad se apodera de él. Es esa compasión y humildad lo que nos hace genuinos, sin armaduras para reprimir el amor hacia aquellos que lucen distintos, con otras preferencias con las que crecimos. Será solo entonces, cuando el hombre finalmente trasciende y se hace eterno.