Wednesday, November 10, 2021



La Secularización Espiritual en estos Tiempos


“Algunas personas creen que la alternativa a la antigua religión es el secularismo, pero eso es un error. . . . La respuesta a la vieja religión es una mejor religión: personal e individual en lugar de partidista, amplia y profunda en lugar de estrecha, y basada en valores y acciones en lugar de dogmas”. Jim Wallis

“La religión natural... es la última de las religiones en desarrollarse y la heredera de todas las demás. . . el hombre natural no es nuestro bruto antepasado, sino el último hombre que estamos viajando para llegar a ser.” — Jean Jacques Rousseau

Por: José Domingo Sosa, Ph.D.

En estos tiempos de la posmodernidad el hombre se ha caracterizado por tener poca conciencia de su conciencia y por ello ha creado cualquier cantidad de versiones religiosas y espirituales. Dicho de otra manera, la secularización de las religiones ha creado nuevas formas  de ser creyente en medio de una gran paradoja. 

En las siguientes líneas trataré de explicar el surgimiento de esa paradoja entre la secularización caritativa-espiritual del individuo y el fundamentalismo religioso-utilitario de las iglesias. Para ello he seleccionado algunas de las ideas del filósofo, de nuestros días, como son el italiano Gianni Vattimo y el teólogo alemán-americano del siglo pasado Paul Tillich. 

Vivimos en una época extraordinaria de avances tecnológicos, de crecimiento económico, globalización comercial, y múltiples culturas sumergidas en un mundo entrelazado por la comunicación digital vía satelital a todo los rincones  del globo. En los últimos 50 años el mundo ha avanzado en ciencia y tecnología más que en todos los años transcurridos desde la antigüedad. No existe algo que pueda excluirse de no haber sido afectado por dicha realidad. Nuestra era es semejante a una nueva Torre de Babel. 

La nueva Torre de Babel es de ideologías y creencias derivadas por la revolución industrial, el evolucionismo y el positivismo científico. En otras palabras, ese mundo babélico de la modernidad tardía llegó a certificar el anuncio nietzscheano de la muerte de Dios y el fin de la metafísica en la filosofía heideggeriana. Podría decirse que vivimos en un mundo en donde el “Dios moral y teísta” como base metafísica está muerto y enterrado. Pero el Dios moral es solamente lo que Blaise Pascal llamó “el Dios de los filósofos''. La buena noticia es que la muerte del Dios moral y teísta de la metafísica ha pavimentado el camino para la renovación de una nueva vida religiosa. Para Heidegger, el fin de la metafísica significa pasar de una concepción del Ser objetivo a una del Ser como “evento” caracterizado por una tendencia  a lo indefinible o subjetividad. 

El hombre ya no cree en un solo principio unificador o verdad absoluta. Igualmente, los ateos ya no tienen un argumento absoluto para decir que Dios no existe. El ateísmo filosófico murió junto al Dios de la moral. En otras palabras, la filosofía metafísica ya no existe, dando así rienda suelta a una diversidad espiritual que abarca a cualquier metáfora proveniente de la poesía, mitología, teología y hasta de la psicología. El reconocimiento de que la historia y el debilitamiento del Ser es similar a la secularización de lo sagrado en la tradición occidental, revela un amplio campo de reflexión para la filosofía y para la autointerpretación de la religiosidad.

La disolución de la metafísica, además, genera una apertura a la experiencia religiosa en el pensamiento filosófico, la cultura y la mentalidad colectiva de nuestra sociedad. Es posible que la renovada sensibilidad religiosa haya matado a la metafísica. Pero la acusación de que los fieles han matado a Dios tiene un significado aún más radical y quizás escandaloso; La secularización, la desviación de las características sagradas de la modernidad occidental, es un hecho dentro de la historia que no es ajeno ni hostil a la religiosidad misma, sino que la caracteriza más profundamente. La secularización de la civilización moderna es el modo positivo en que ella responde a la evolución de la tradición religiosa. La secularización ya no debe concebirse como un abandono de la religión, sino como la realización paradójica de la vocación religiosa del Ser. 

Desde la perspectiva de la secularización y de la vocación por el debilitamiento del viejo y tradicional concepto de ser, la filosofía posmetafísica estudia los fenómenos múltiples del regreso de la nueva religión a nuestra cultura, exponiéndose así ella misma a su ineludible cuestionamiento.

Pareciera entonces que nos encontramos viviendo una era espiritual en donde el hombre encuentra que él (ser) no es el objeto de un sujeto,  sino el ser de la ansiedad pura que busca el coraje necesario para  existir auténticamente. Es decir, sin tener que transferir a otros su ser de manera tal de permitirse expresar libre y autenticamente sus potencialidades. Es esa ausencia transferencial e independencia de sí mismo la que ahora conduce al hombre a encontrarse en un mundo subjetivo, en un abismo, en dónde el mismo vacío es en esencia su razón para existir. Según Vattimo podríamos decir que, siguiendo las enseñanzas del Beato medieval Joaquín de Fiore, nuestra era es la etapa o Edad del Espíritu Santo. 

Interpretando las profecías de Joaquin de Fiore, nos dice Vattimo, vivimos en la era del espíritu, es decir, la era en la que la Biblia ya no puede interpretarse literalmente como la única legitimación —aparte de Jesús— de la interpretación profética de las Escrituras. Las tres edades que componen el esquema histórico de Joaquín son relativamente conocidas y están inspiradas en las tres personas de la Trinidad.

Actualizando libremente la profética enseñanza de Joaquín de Fiore, podríamos asumir, entonces, que esta era espiritual se sirve de la ciencia y la tecnología para prescindir de la metafísica y del Dios moral y teísta y por ello es una época nihilista. Una época en la que nuestra religiosidad puede desarrollarse hacia la caridad que ya no dependa de una verdad. Ya no hay razón alguna para aplicar dogmas sobre cuya base la Iglesia (las Iglesias) en el pasado mató a todo tipo de herejes. No existe (no debería existir) nada más que caridad y aceptación del prójimo. 

Esta era espiritual del Ser indescriptible a través de conceptos preconcebidos crea indudablemente un ambiente de confusión que trastorna, pero al mismo tiempo hace concretamente prometedor precisamente el pluralismo religioso y cultural. No sería demasiado atrevido decir que el sentimiento de gracia para la unión de la humanidad expresado por Novalis está impulsado ahora por motivos más concretos. Ha pasado del orden del sueño y de la intuición poética individual al orden cotidiano de la sociedad y hasta de la política. Los factores determinantes que han provocado esta transformación son en gran parte tecnológicos y socioeconómicos. 

Esta es la misma secularización a la que se refiere claramente Max Weber en su descripción de la modernidad como la época de la racionalización capitalista del mundo, basada en una "aplicación" específica de la ética protestante, y más generalmente del monoteísmo judeocristiano. Entender la modernidad como secularización, es decir, como el desarrollo interior y "lógico" de la revelación judeocristiana, y captar la disolución de la metafísica como manifestación del Ser como acontecimiento, como su resultado filosófico, significa leer los signos de los tiempos, en el espíritu de Joaquín de Fiore y de sus discípulos espirituales como Novalis, Schelling y Tillich.

Pocos teólogos han podido capturar la imaginación del mundo moderno como Paul Tillich. Fue quizás el teólogo más importante que, a mediados del siglo XX, habló de manera convincente sobre la crisis de espíritu y mente que se cernía sobre la vida religiosa de las personas reflexivas. Descrito por un admirador como el "Apóstol de los intelectuales", Tillich, a través de sus numerosos escritos, primero en alemán y luego en inglés, proporcionó un nuevo vocabulario teológico para abordar la profunda inquietud provocada por el enfrentamiento de la modernidad y el sinsentido. Admirado por sus compañeros teólogos como un "teólogo de teólogos".

Los hombres religiosos respondieron a la modernidad ya sea tratando de acomodar las creencias religiosas a sus estándares de credibilidad, dando a luz a la posición teológica llamada `modernismo', o resistiendo la modernidad por completo y apelando con energía emocional con argumentos racionales a los fundamentos firmemente premodernos de la posición teológica del fundamentalismo. Lo secular, según Tillich, respondió al mismo dilema creando un absoluto cultural colectivista como en el comunismo y el fascismo, o un absoluto cultural conformista como en la sociedad capitalista estadounidense del siglo XX. 

Gran parte de la respuesta intelectual al triunfo del modernismo secular se encuentra en la posición filosófica y cultural que conocemos como "existencialismo". El existencialismo es una serie de argumentos filosóficos que tienen que ver con la relación entre el individuo y Dios o el universo, que tienen en común una resistencia a las certezas metafísicas presupuestas por el período premoderno en la teología occidental. El existencialismo para Tillich, sin embargo, es más que la desacrilización de la cultura. Él escribió:

“[El existencialismo] no es invención de un filósofo bohemio o de un novelista neurótico; no es una exageración sensacionalista hecha por lucro y fama; no es un juego morboso con negatividades. Elementos de todos estos han entrado en él, pero en sí mismo es algo más. Es la expresión de la ansiedad del sinsentido y del intento de convertir esta ansiedad en el coraje de ser uno mismo ”.

La lectura espiritual del texto bíblico, y más en general del dogma cristiano, es necesaria para reconocer la esencia religiosa omnipresente de muchos aspectos de la sociedad secularizada y para permitir el diálogo integracionista de las iglesias cristianas entre sí y con otras religiones. El reconocimiento de la verdad de otras religiones, que comienza a suceder para muchos teólogos cristianos requiere un intenso esfuerzo de lectura espiritual de la Biblia y de muchos dogmas de la tradición eclesiástica, hasta el punto de ilustrar el núcleo de la revelación, es decir, la caridad. El precio a pagar por todo esto es el debilitamiento de todas las afirmaciones sobre la validez literal de los textos bíblicos y sobre la perentoriedad de la enseñanza dogmática de las iglesias cristianas y las otras monoteístas.

En esa misma línea del lenguaje explícitamente espiritual, se podría decir que el único límite de la secularización es el amor, es decir, la posibilidad de comunicarse con una comunidad de interesados en encontrar la fuente del coraje de ser auténtico entre todas las angustias existenciales. No es paradójico afirmar que la historia de la hermenéutica moderna es también un largo camino de redescubrimiento de la Iglesia. No deja de ser significativo para la Iglesia, que este reconocimiento brote del fin de la metafísica de la presencia, de la moderna teología y del advenimiento de la ontología existencialista.

La hermenéutica ontológica y la teología del Dios más allá que el Dios teísta de la moral reemplaza la metafísica de la presencia objetiva y la verdad absoluta. El ser está orientado hacia la espiritualización, el coraje y el alivio o, lo que es lo mismo, hacia la renuncia a la naturaleza divina, al menos en parte, por el mismo Cristo en la Encarnación. Es muy probable que la hermenéutica ontológica, que se genera a partir de la disolución de la metafísica de la presencia, sea no sólo un redescubrimiento de la Iglesia, sino también, y principalmente, la recuperación del sueño del Padre Joaquín de Fiore en la edad media llevado ahora a la nueva teología del siglo XXI.

J.D. Sosa (2021) N

Tuesday, November 2, 2021

 Qué es “Ser”

Por: José Domingo Sosa, Ph.D.

Algunos de Uds me han preguntado por un término poco claro que continuamente aparece en mis ensayos de filosofía y psicología . Me refiero a lo que en filosofía llamamos “Ser”. Lo primero que debo aclarar es que ese término no significa lo mismo ni es sinónimo del culturalmente conocido como  “ser humano”. 

El término ser, en esos ensayos, trata de señalar nuestra “existencia individual en el mundo”. Específicamente trata de identificar la existencia de cualquiera de nosotros en contraposición con el término genérico ser humano que en nada nos identifica. En otras palabras todos somos seres humanos pero cada uno es un ser individual con una serie de virtudes, esencias y muchas cosas más que nos diferencian más allá que los típicos I.D. como son:  un nombre, una dirección de email, un pasaporte, una profesión, una genealogía, una historia y dirección de domicilio. Ser es lo que verdaderamente soy. 

Resulta difícil definir qué es “ser” (Being), pero la tarea se vuelve doblemente complicada por el hecho de que estos términos y sus connotaciones encuentran mucha resistencia.  Algunos sienten que estas palabras son sólo una nueva forma de “misticismo” y no tienen nada que ver con la ciencia. Es interesante que el término místico se use en este sentido despectivo para referirse a cualquier cosa que no podamos segmentar y cuantificar. 

En nuestra cultura prevalece la extraña creencia de que una cosa o una experiencia no es real si no la podemos cuantificar en términos matemáticos, y de alguna manera debe ser real si podemos reducirla a números. El hombre occidental moderno se encuentra así en la extraña situación, después de reducir algo a una abstracción, de tener que persuadirse entonces de que es real a través de otras vías.  

Esto tiene mucho que ver con la sensación de aislamiento y soledad que es endémica en el mundo occidental moderno; porque la única experiencia en la que nos permitimos creer como real es la que precisamente no lo es. Así negamos la realidad de nuestra propia experiencia. No debería sorprendernos tanto encontrar que "ser" (Being) pertenece a esa clase de realidades, como el "amor" y la "conciencia" que no podemos segmentar, cuantificar o abstraer sin perder precisamente lo que nos proponemos definir o explicar. Sin embargo, esto no nos exime de la tarea de intentar comprenderlos y describirlos.

Una forma de conocer qué es “ser” (Being) puede intentarse haciendo una comparación con el ego (yo). Como base recordemos que el Ego es una instancia o agente que utiliza la psicología para explicar parte del funcionamiento de la psique.  Es el agente con que la persona se relaciona en el mundo exterior. Mientras que ser, es a quien el ego le sirve. Ser es eso que está más al fondo, desnudo sin caretas, auténtico, es eso que siente ansiedad y culpa. En tiempos de la antigüedad se usaba el término “alma” para señalar a algo que podría aproximarse a Ser. 

Aclarado eso, hagamos, entonces, una comparación entre ansiedad y miedo: Cuando me cruzo con un amigo que no me saluda me lleno de dudas y siento ansiedad. Mientras que cuando el dentista enciende el taladro y se aproxima a trabajar unas caries entonces siento miedo. Es el ego quien observa ambos fenómenos del mundo exterior pero así como el ego transmitió el miedo del taladro igualmente lo resuelve cuando la persona sale del consultorio del dentista. De la misma forma el ego percibe y transmite la falta de saludo del amigo pero esto se convirtió en ansiedad. La diferencia es que la ansiedad golpea el núcleo central de mi autoestima y sentido de valor de ser, que es el aspecto más importante de mi experiencia de sí mismo como Ser. El miedo, en cambio, es una amenaza en la periferia de mi existencia; lo puedo objetivar, y por ello puedo quedarme afuera y solo mirar. 

El ego es el sujeto en la relación sujeto-objeto. El sentido de “ser” ocurre en un nivel anterior a esta dicotomía. Ser no significa "yo soy el sujeto", sino yo soy “ser” o aquel que, entre otras cosas, puede conocerse así mismo como el sujeto de lo que está ocurriendo. 

“Ser” para un hombre es aquello que en mayor o menor grado la ansiedad abruma borrando el sentido del tiempo, embotando la memoria del pasado y anulando el futuro. La ansiedad  es quizás la prueba más contundente de “cuál es el centro del hombre”. Por eso fue que Kurt Goldstein enfatizó que la ansiedad no es algo que "tenemos" sino algo que "somos". El ego es algo que sirve al hombre para procesar los afectos y reacciones. Lo que el ego no filtra o procesa amenaza el sentido de “ser”. 

"¿Pero qué es ser?" Me imagino al lector preguntando con perplejidad, “todavía no nos han dicho claramente qué es”. Aunque suene repetitivo nuestro problema radica en que preferimos las fórmulas compactas, cuantificables que nos dicen claramente qué es una cosa. Un triángulo es una figura plana delimitada por tres líneas rectas; así entonces sabemos qué es un triángulo. Buscamos un concepto y una representación o imagen de la cosa. 

Pero ser, a diferencia de un triángulo, es algo de lo que no podemos tener una imagen o representación mental. Pero se le puede llegar mediante un tipo de pensamiento distinto al de la razón conceptual. Por ejemplo, Heidegger decía que  (Think and Thank) pensar y gracias son dos palabras con raíces afines, y la palabra alemana “an-denken”, literalmente, “pensar en”, significa recordar; por tanto, para Heidegger, pensar, agradecer y recordar son nociones afines. 

Un profundo y auténtico pensar, o el pensar enraizado en Ser, nos explica William Barrett interpretando a Heidegger, es a la vez un acto de agradecimiento y recuerdo. Cuando un querido amigo dice al despedirse: "¡Piensa en mí!" esto no significa "¡Ten una imagen mental de mí!" pero: "Déjame (incluso en mi ausencia) estar presente contigo". Así también debemos pensar sobre Ser; dejándolo estar presente para nosotros aunque no podamos tener una imagen mental de qué es.  Ser es precisamente esa presencia invisible y omnipresente que no puede encerrarse en ningún concepto mental.

Pensar así es ser, agradecer y recordar con humildad, porque nuestra existencia humana, en última instancia, tiene sus raíces en eso que denominamos Ser. Y si, porque no podemos representarlo con ningún concepto mental, optamos por olvidarlo, entonces nuestra humanidad se vería amenazada por un gran vacío, ya que nuestra existencia misma sería arrancada de raíz. Entendido así qué es ser, sin definición, representación gráfica o preconcepto nos aseguramos de también sentir que es ser. Ser es lo que somos y nunca podremos huir de nosotros mismos.

J.D. Sosa (2021) M