Tiempo de Cambios en Turbulencia
Por: José Domingo Sosa, Ph.D.
Hitler culpó a los judíos, Trump a los inmigrantes mejicanos y musulmanes, Putin a la OTAN y Ucrania; el Foro de Sao Paulo culpa a los ricos y poderosos, y el Foro de Madrid a los comunistas y progres.
Pero la verdad es que todos los mencionados utilizan a esos culpables como cortinas de humo para ocultar cuál es la verdadera agenda de ellos. La agenda de todos sin excepción es la conquista del poder para imponer agendas autocráticas y colonizadoras de los sentimientos individuales de los hombres. La proyección en chivos expiatorios es solamente una forma de aterrorizar y confundir a las masas para llevarlas como rebaños de ovejas hacia la imposición de sus agendas.
Así como Trump culpó a los musulmanes para infundir miedo entre los votantes americanos, el Foro de Sao Paulo culpa a los ricos para crear resentimiento entre los pobres, ganar sus votos y llegar al poder. Organizaciones cómo el Foro de Madrid (neo-franquismo) asocian a los criminales y comunistas autócratas cómo Chavez y Maduro con los progres para igualmente causar confusión y asustar a los votantes para ellos así alcanzar el poder y promover sus agendas contra el aborto y las preferencias de género.
En el fondo todos están condenados al fracaso y por eso es que los progresistas y liberales que fundaron, dirigen y trabajan en FaceBook, Google, Amazon y Apple detentan ahora el control del mundo. Ese control lo alcanzaron con el talento de las individualidades de los hombre y mujeres nuevos que llaman liberal o progre, con la apertura a todas las razas, el respeto a las preferencias de género y el rechazo de mitologías colonizadoras del espíritu humano.
Las organizaciones políticas que continúan viendo al mundo cómo una lucha ideológica entre comunismo vs capitalismo, cristianismo vs secularismo cada día que pasa se alejan más del mingo. El comunismo quedó herido de muerte hace más de 30 años con la caída del muro de Berlín en 1989. Los regímenes fascistas de extrema derecha asociados con la iglesia Católica ultra conservadora comenzaron un lento pero sostenido descenso a la tumba con la muerte del General Franco en España.
A partir de comienzos del siglo XXI la revolución tecnológica confirmó la caída y muerte del comunismo, el desinterés de los fieles en la mitología judeocristiana y en fin todas las mitologías del pasado. Todas siguen nominalmente existiendo pero sin efecto alguno en las masas activas. Todos aquellos que todavía se hacen llamar comunistas son simplemente autócratas criminales, Chavez, Lula y Maduro son solamente tres ejemplos. Igualmente los políticos que levantan rosarios, cruces y libros sagrados en sus manos sólo llegan alcanzar a minorías encerradas en el pasado.
Dentro de no menos 30 años los avances en inteligencia artificial (IA) y la biotecnología aumentarán la brecha del poder que actualmente ya poseen las grandes empresas de tecnología. El comunismo será una referencia histórica y la moral cristiana una metáfora dinosaurica.
La turbulencia socio-cultural que actualmente vive el planeta no es una consecuencia de infiltrados comunistas y decontruccionistas transnochados en las instituciones académicas y políticas del mundo entero. Esa turbulencia es la revolución tecnológica imponiendo la transvaloracion de la moral de la que tanto habló Nietzsche en el siglo XIX.
Se engañan todos aquellos que aún piensan que los movimientos de la liberación socio-cultural que tanto los escandaliza son productos del fantasma del activismo comunista que efectivamente existió hasta hace 50 años pero que ahora sólo existe como careta para criminales. Llaman comunistas a las nuevas generaciones progres porque ni siquiera han logrado identificar quién es el verdadero enemigo de ellos. El enemigo de los ultra conservadores creyentes en mitologías que no sobrevivieron al cambio, es en primer lugar la misma mitología y detrás de esta la tecnología que ellos mismos disfrutan y utilizan a diario.
La tecnología con su velocidad y abundancia de información ha creado a una nueva generación de ciudadanos. Nadie puede conquistar a esa nueva generación con mitologías que en nada se relacionan con la lógica del mundo tecnológico.
El avance tecnológico es imparable e incontrolable. El estilo de vida que impone tampoco es controlable por elementos de poder anclados en el pasado. La sociedad que está surgiendo no se rige por principios encerrados en formas de vida que las nuevas generaciones ni siquiera logran entender y visualizar. En la nueva sociedad no existen chivos expiatorios a quien apuntar con el dedo. Solamente aquellas normas que benefician a todos, como la regla de oro, son adoptadas para el beneficio colectivo. Paulatinamente irán surgiendo nuevas reglas morales, ahora llamados protocolos, al igual que lo hace la tecnología de block-chain y algoritmos generados por la misma inteligencia artificial.
El historiador y filósofo hebreo, Yuval Harari afirma, que el siglo XXI desafía a la humanidad de nuevas maneras. Nos enfrentamos a enormes oportunidades y peligros nuevos. La pregunta más importante en la economía de hoy es ¿para qué necesitamos personas en la economía? Ya que es probable que las computadoras puedan realizar los trabajos del hombre aún mejor que ellos. Por primera vez en la historia enfrentamos esa pregunta. El valor económico más básico de los humanos está siendo puesto en duda. Y nadie tiene una idea real de cómo será el mercado laboral dentro de 30 años. ¿Para qué serán necesarios los humanos, o al menos la mayoría de los ellos?.
Nadie parece poder contestar a esa pregunta hoy. Y para colmo las grandes tradiciones como el islam, el cristianismo, el judaísmo, etc., no tienen nada relevante que decir sobre estos temas. No tienen respuestas a preguntas como esa porque ni siquiera entienden la pregunta. Resulta imposible encontrar ni siquiera orientación en los viejos libros sagrados escritos hace miles de años. Las personas que escribieron esos libros no sabían nada sobre genética, ni nanotecnología o computadoras. Y peor aún parece que la inspiración de todos esos viejos sabios, es decir, el Espíritu Santo ni siquiera pudo predecir el futuro. Entonces, ¿Cómo podemos esperar obtener respuestas a estas preguntas de personas que no saben nada sobre esos temas?
Ahora bien, es cierto que si nos vamos por las mayorías, hay muchas más personas hoy en el planeta que continúan pensando en términos mitológicos que en nanotecnología o genética. Pero la historia no se hace con los grandes números. No se necesitó de mucha gente para realizar los grandes cambios históricos. Si nos remontamos a la última gran revolución tecnológica y económica que arrasó el mundo, es decir la Revolución Industrial del siglo XIX, fue realizada por muy pocas personas. Sin embargo, la mayoría de la gente en ese siglo estaba mucho más interesada en la Biblia y el Corán que en las máquinas de vapor, los ferrocarriles o las minas de carbón.
En conclusión podríamos afirmar que, China, el Islam radical en Europa, el Foro de Sao Paulo en Latinoamérica y las grandes protestas de movimientos sociales e ideologías de derecha e izquierda en todo el mundo, todos sin excepción, no representan una alternativa o reto relevante en contra del liberalismo tecnológico. Esto no significa que el liberalismo tecnológico sea la mejor alternativa para el mundo. Pero el liberalismo tecnológico no cambiará por las acciones que sus oponentes están realizando en Roma, Madrid, Sao Paulo, Pekín, Siria, Washington D.C., sino por los algoritmos y acciones que la gente está desarrollando en Silicon Valley, en Google, FaceBook, en el Instituto Tecnológico de Massachussets, Disney, Harvard, Amazon y Apple Inc., entre muchas otras instituciones seculares.
jdsosa (s) (2022)
