Monday, December 27, 2021

 BORRADOR ver. 1.2



La animalidad humana y el chivo expiatorio 



Por: José Domingo Sosa, Ph.D.


Al observar a un caballo nos resalta su belleza y fortaleza como expresión estética de la naturaleza. Igualmente, sí un caballo es de carácter dócil o perverso nadie asocia a seres sobrenaturales divinos o diabólicos como responsables de su condición. Normalmente asumimos que sí el caballo es perverso lo es porque tuvo algún problema en sus comienzos o posiblemente sufrió una mala experiencia en manos de los humanos que lo cuidaron o mejor dicho descuidaron. Pero nunca lo asociamos a un acto del diablo o divino de Dios. No obstante, cuando observamos a un humano destacado por sus superlativas obras buenas o malas, tendemos a asociar sus acciones con Dios si fue un santo o con el Diablo si fue otro Hitler. En otras palabras los hombres giramos, desde los tiempos de la Grecia platónica y aristotélica en una órbita metafísica en la que los animales no participan. 


Pero el hombre comparte el 99.5% de su formación genética con los chimpancés y supuestamente la primordial diferencia entre ellos y nosotros radica solo en las dimensiones del cerebro. El cerebro humano tiene un tamaño y capacidad de 1,300 cc que resulta bastante más grande que el de 300 cc de los chimpancés. Esa diferencia ha permitido a los humanos desarrollar a través de millones de años a su civilización, cultura y dentro de esta su ciencia y tecnología. A su vez, la cultura engendró a las religiones y la ciencia parió al psicoanálisis. El psicoanálisis nos ha dado luces sobre cómo por un lado hemos utilizado ese enorme cerebro para la formación de la civilización y por el otro lado hoy sabemos que su contribución histórica más importante radica precisamente en que nos ha revelado también, la dinámica de la miseria humana.


Observemos que tienen que decirnos al respecto tres destacados psicoanalistas como Otto Rank, Wilhelm Reich y Carl Jung. Aclaremos primero que no hay nada que identifique entre sí a estos tres hombres del saber, excepto que los tres disentían de Freud; cada uno tenía su propio sistema metodológico de trabajo y en la mayoría de las veces todos en polos opuestos. Sin embargo, en el fondo de todas sus diferencias está el hecho de un acuerdo unánime y fundamental sobre qué causa exactamente el mal o la maldad en los humanos. Esta no es una coincidencia: es un logro científico sólido que defiende la verdad básica de lo que encontraron estos 3 grandes científicos. 


Rank nos dice que como el hombre sabe que es mortal, lo que más desea es negar su propia mortalidad. La mortalidad está relacionada con nuestro lado natural y animal de la existencia; y por eso el hombre hace todo lo que su mente pueda aportar para alejarse de su animalidad. Tanto es así que intenta negarlo por completo. Tan pronto como el hombre alcanzó nuevas formas históricas de poder, se volvió en contra de los animales con los que se había identificado previamente, y todo esto por el simple hecho de que los animales encarnan lo que el hombre más teme, es decir, una muerte sin nombre y sin rostro.


Gracias al psicoanálisis también sabemos que los miedos de los hombres están profundamente enterrados en lo que se llama la acción o el acto de reprimir.  La represión proporciona a la vida cotidiana una fachada de tranquilidad y sólo algunas personas manifiestan la desesperación ocasionalmente. La represión es el gran descubrimiento que explica lo bien que los hombres pueden ocultar sus motivaciones básicas incluso a sí mismos. 


Pero los hombres también viven en una dimensión de despreocupación, confianza, esperanza y alegría que les da un impulso más allá de lo que la represión por sí sola podría darles. Como nos dijo Rank, esto se logra mediante la ingeniería simbólica de la cultura, que en todas partes sirve a los hombres como antídoto contra el terror, dándoles así una vida nueva y duradera más allá que la que el cuerpo puede darles.


Aproximadamente, al mismo tiempo que Rank documentó sus investigaciones a principios del siglo XX, Wilhelm Reich también basó su trabajo en las mismas proposiciones básicas de Rank. En su obra “La Psicología de las Masas”, Reich pone al descubierto que toda la miseria humana en este planeta se debe a que el hombre trata de ser alguien que no es. En otras palabras, hace todo lo posible para negar su condición animal. Adicionalmente, Reich dice que esa negación es la causa de todas las enfermedades psíquicas, del sadismo, las controversias entre personas amigas y las guerras entre países y religiones. Los principios que rigen la formación de todas las ideologías humanas suenan bajo la misma melodía e idéntico ritmo: 'No somos animales… taraarara. . . "


La teoría dice que el movimiento nazi y su alemán de la raza pura y cualquier otra teoría sobre la superioridad racial de un grupo o nación "tiene su origen en el esfuerzo del hombre por disociarse de su condición animal". Todo lo que uno tiene que hacer es pensar y decir que su grupo es puro, bueno, elegido para una vida plena y con significado eterno. Pero otros, como los judíos, los musulmanes o los inmigrantes africanos son los verdaderos animales, lo están estropeando todo, contaminando la pureza, trayendo enfermedades y debilidad a su vitalidad. Es a partir de ese pensar que se obtiene el mandato de lanzar una política contra la plaga y por eso la campaña para purificar al mundo. Todo esto está en el Mein Kampf de Hitler, en esas páginas aterradoras se describe todo sobre cómo los judíos, en los callejones oscuros,  acechan listos para infectar a las jóvenes vírgenes alemanas con sífilis. Hoy lo hacen igual otros nuevos autores en contra de los musulmanes en Europa por un lado y por el otro en USA acusando a todos los mexicano de violadores, criminales y traficantes de drogas. 


En mi opinión, nadie ha expuesto estos complejos trabajos psíquicos mejor que Carl Jung a través de su propia forma científica-poética al referirse a la "sombra" en cada psique humana. Hablar de la sombra o todo aquello que el individuo desea negar de sí mismo, es otra forma de referirse al sentido de inferioridad de la condición de criatura. Como Erich Neumann resumió tan sucintamente el punto de vista de Jung:

“La sombra es la expresión de nuestra propia imperfección y terrenalidad, lo negativo que es incompatible con los valores absolutos [es decir, el horror de la vida pasajera y el conocimiento de la muerte]”.


Como dijo Jung, la sombra se convierte en una cosa oscura en nuestra psique, "una inferioridad que existe aunque sólo se le acepte vagamente". Toda persona quiere alejarse de esta inferioridad, naturalmente negándola; quiere "saltar sobre su propia sombra". La forma más directa de hacerlo es "buscando todo lo oscuro, inferior y culpable en los demás".


Neumann concluye que no tenemos que ir muy lejos dentro del expediente clásico y antiguo para descubrir cómo descargar las fuerzas negativas de la psique y la culpa: Se trata del chivo expiatorio. Es precisamente el sentido escindido de inferioridad y animalidad lo que se proyecta sobre el chivo expiatorio y luego se destruye simbólicamente con él. Cuando se comparan todas las explicaciones sobre la matanza de judíos por los nazis, e Irak y armas de destrucción masiva por las potencias de occidente, y se aducen todas las razones, hay una razón que llega directamente al corazón y a la mente de cada persona, y no es otra que la proyección de la sombra. No es de extrañar que Jung pudiera observar, incluso de manera más condenatoria que Rank o Reich, cuando afirmó que: "lo principal y, de hecho, lo único que está mal en el mundo es el hombre".


Finalmente, existe una inmensa cantidad de información en la literatura psicoanalítica, para cualquiera que quiera seguir el intrincado funcionamiento teórico de la psique. Lo maravilloso de la teoría psicoanalítica es que tomó enunciados simples sobre la condición humana, como la negación del hombre de su propia animalidad, y mostró cómo esta negación se basaba en la psique desde la más tierna infancia. 


Por todo lo expuesto arriba es que al estudiar al hombre en su proceder cotidiano no debemos hacerlo en forma distinta a cuando contemplamos al caballo hermoso de comportamiento noble o perverso. Por eso es que pensadores como Nietzsche y Heidegger y desde entonces casi todos los otros hombres de ciencia y sabiduría, nos han recomendado a encontrar las razones de nuestro comportamiento estudiándonos a nosotros mismos sin intervenciones metafísicas o intermediaciones sobrenaturales. 


J.D. Sosa (2021) P.



 


 Jesús de Nazaret y Jesús del Cristianismo


Por: José D. Sosa, PhD.


Algunas personas que han leído algunos de mis ensayos de filosofía y psicología me han pedido qué les explique cuál es mi opinión personal sobre el concepto “El Dios más allá del Dios teísta” que en varias ocasiones he citado. He citado el término como un postulado original del teólogo de teólogos del siglo XX, el alemán-americano Paul Tillich y también haciendo referencia al Cristianismo de Søren Kierkegaard. Nunca me he referido a ese término en primera persona, es decir, qué pienso yo al respecto. En consecuencia, para poder expresar mi opinión personal me siento obligado a explicar brevemente mi experiencia religiosa.


La forma en que me enseñaron el Cristianismo se basó en la creencia incondicional de que cada palabra de la Biblia está inspirada en el Espíritu Santo y en consecuencia en Dios y por eso ella es cierta, literal e inequívoca. Pero en la medida que fui haciéndome adulto comprendí que esa idea es evidente e irrefutablemente falsa, además de que la Biblia está llena de errores y contradicciones, como es de esperarse de un documento escrito por cientos de manos y a lo largo de miles de años. 


Con esa contradicción encima, simplemente reprimí el sentimiento y me dediqué como cualquier otro joven adulto, a guardar silencio, desarrollar mi propia  familia y profesión de economista por los subsiguientes 25 años. Hacia el final de esas casi 3 décadas tuve la suerte de poder retirarme muy joven y lo primero que hice entonces fue tratar de entender con propiedad y conocimientos claros qué es existir y qué es la vida. Para ello he dedicado, a la fecha de escribir estas notas,  dos décadas completas e intensas al estudio académico de la psicología profunda, la religión comparada y la filosofía occidental. Todas estas ramas del saber me proporcionaron, en esta etapa de la tercera edad, una idea bastante más clara del porqué me había decepcionado en mi juventud con la forma en que me enseñaron el Cristianismo. La ventaja que me dieron mis estudios de ahora como adulto viejo es que los hice no como aquel joven manipulable y creyente incondicional, sino como un adulto experimentado, no creyente y completamente dedicado a la realización de un estudio inquisitivo. A continuación solamente menciono 4 hechos que contradicen lo que me habían enseñado en el colegio. 


  1. Casi todas las palabras que se han escrito sobre Jesús fueron escritas por personas que en realidad no conocieron a Jesús cuando estuvo vivo. No fueron personas que caminaron, hablaron, comieron y oraron con él. Los Apóstoles eran agricultores y pescadores analfabetos, es decir, no sabían leer ni escribir, por lo que realmente no podían abrazar la cristología, la teología noble sobre quién era Jesús. Ciertamente no podían escribir nada. La tarea de difundir el mensaje del Evangelio fuera de Jerusalén, de crear realmente lo que ahora conocemos como cristianismo, recayó en un grupo de judíos alfabetizados, helenizados y educados en la diáspora; para los romanos, habiendo crecido inmersos en este mundo helenizado, romanizado, el concepto de un Dios-hombre era algo bastante familiar. César Augusto era un Dios-hombre. Lo que realmente vemos en esos 30 años después de la muerte de Jesús es este proceso por el cual esta religión judía basada en un revolucionario judío se convierte en una religión romana, donde Jesús se transforma de una concepción judía de un Mesías a una especie de semidiós romano.


  1. Hubo decenas de personas que caminaron por Tierra Santa afirmando ser el Mesías, supuestamente curando a los enfermos, exorcizando demonios, desafiando a Roma, reuniendo seguidores. En cierto modo, no hay nada único en lo que hizo Jesús cuando incluímos a los otros Mesías. De hecho, muchos de ellos son llamados falsos Mesías que conocemos por sus nombres. Algunos de ellos fueron incluso más famosos en su propia vida que Jesús. Tenían más seguidores que Jesús. Lo que resulta fascinante es que de esa docena de supuestos Mesías en la Palestina del siglo I, sólo uno de ellos todavía se llama "Mesías". 


  1. Sólo existía una razón para ser crucificado bajo el Imperio Romano y era por traición o sedición. La crucifixión, tenemos que entender, no era en realidad una forma de pena capital para Roma. De hecho, a menudo ocurría que el criminal era asesinado primero y luego crucificado. La crucifixión fue, en realidad, un disuasivo; era un símbolo obvio para someter a los pueblos de lo que sucede cuando se desafía la voluntad de Roma. Por eso las crucifixiones siempre tenían que ocurrir en lugares públicos: en las encrucijadas, en los cerros, a la entrada de las ciudades. Por eso, la crucifixión era un castigo reservado, únicamente para los delitos más extremos, los delitos contra el Estado. Es por eso que si realmente queremos saber quién era Jesús y lo que quiso decir, deberíamos comenzar no al principio de la historia, con él en un pesebre, sino al final de la historia, con él en una cruz. Porque si Jesús fue de hecho crucificado por Roma, fue crucificado por sedición. Fue crucificado porque desafió la ocupación romana.


  1. Si nos preguntamos ¿Jesús esperaba ser visto como Dios hecho carne?, como la encarnación viviente, la encarnación de Dios, entonces la respuesta es absolutamente no. Tal cosa no existía en el judaísmo. En los 5000- años de historia del pensamiento judío, la noción de un Dios-hombre es completamente anatema para todo lo que representa el judaísmo. La idea de que Jesús podría haberse concebido a sí mismo, o que incluso sus seguidores podrían haberlo concebido, como divino, contradice todo lo que se ha dicho alguna vez sobre el judaísmo como religión.


Las cuatro estrofas anteriores son solamente una pequeña muestra de razones, entre muchas otras más, que me hacen rechazar las enseñanzas del Dios del Cristianismo. En pocas palabras, esos cuatro hechos históricos ciertos son parte de la base estructural de mi escepticismo a las enseñanzas religiosas del Cristianismo. Sin embargo, debo confesar que mientras más aprendía acerca de Jesús el hombre, Jesús de Nazaret, la figura histórica, más me atraía. De hecho, en cierto modo, Jesús de Nazaret se volvió mucho más real para mí que Jesús el Cristo. El hombre que hace 2000 años inició un movimiento y desafió la voluntad del imperio más grande que el mundo haya conocido es alguien a quien definitivamente yo admiro. Jesús de Nazaret terminó cautivándome por su vida y sus enseñanzas de humildad, caridad y compasión. 


El psicoanálisis ha demostrado que los seres humanos somos una paradoja existencial que vive bajo profundos sentimientos de ansiedad y culpa. Un cuerpo animal débil y vulnerable con una mente prodigiosa capaz de crear maravillas y extravagancias para bien y para mal. Esa dualidad ha empujado al hombre, a través de su historia, a formar una cultura que lo ayude a protegerse y poder sobrellevar su ansiedad. Por eso es que siempre oímos que el ser humano es un ser religioso por naturaleza. Es decir, busca religarse con sus pares en busca de sosiego. 


Paul Tillich destacó la necesidad ontológica del ser humano por hacerse de coraje para poder existir. Y la fuente de ese coraje, dice Tillich, se obtiene en la fe en ese ser que él llamó “el Dios más allá que el Dios teísta''. 


Yo estoy convencido de que la vida es un misterio, el hombre es un ser religioso y por ello necesita alcanzar esa trascendencia que lo ayude a calmar sus angustias. He encontrado una profunda resonancia en las enseñanzas de Tillich y por eso creo que el Dios más allá del Dios teísta es el mismo Dios de Spinoza absoluto e inexplicable. No es una tarea fácil conectar con ese Dios heterio sin imagen, sin iglesia, dogmas y curas. Por eso he adoptado a Jesús de Nazaret como la imagen que me representa a Dios y como decía Kierkegaard, para ello no se necesitan libros, curas, ni edificios. Es una relación personal, privada y sobre todo espiritual.


Finalmente, debo añadir que otra razón que me hace rechazar a los dogmas del catolicismo es la nefasta actitud de muchos de sus piadosos seguidores. Sobre todo la actitud de aquellos que cuándo uno les expresa, como yo he intentado aquí, en qué creo, entonces se sienten atacados y llegan a decir de la forma más prepotente y arrogante que mi creencia en ese Dios es un ateísmo disfrazado. Esa intolerancia y prepotencia es absolutamente contraria a todo lo que dijo y enseñó Jesús de Nazaret.


J.D. Sosa (2021) (r)