Diez Citas en Defensa de Jean Jacque Rousseau
Por: José Domingo Sosa, Ph.D.
Recientemente pude leer un artículo plagado de inexactitudes en donde el tema central fue afirmar que Jean Jacque Rousseau fue un ateo que con sus ideas y pensamientos paganos habría servido de inspiración para Robespierre en la sangrienta Revolución Francesa.
Siempre he sido un gran admirador de Rousseau por su elevada sensibilidad, sus ideas vanguardistas de civilidad y sobre todo por su humanismo e individualismo que heredamos de él. Nunca antes yo había leído o escuchado a alguien instruido decir que Rousseau negaba a Dios. Al contrario, algo que siempre me causó curiosidad fue esa paradoja de cómo un librepensador de tan avanzadas ideas pudo mantener esa fuerte devoción por Dios y las enseñanzas del cristianismo en medio del siglo de la Ilustración y el popular movimiento de los enciclopedistas. En consecuencia, decidí revisar mis libros sobre ese gran hombre y seleccionar algunos textos entre sus propias obras y también en libros de historiadores reconocidos que demuestran claramente lo que siempre se ha sabido: Rousseau fue un devoto creyente que luchó toda su vida en contra de los filósofos racionalistas.
Aunque parezca extraño que yo defienda a Rousseau en su religiosidad, aclaro que lo hago porque decir que él no fue un devoto creyente es un falso testimonio contra él, la historia y el conocimiento. La mentira nunca debe ser empleada y mucho menos para promover la fe como de hecho intentó el piadoso autor del artículo que nos ocupa. La moral no es patrimonio de ninguna religión. La moral pertenece a la humanidad y lo último que podemos permitir es que se realicen actos poco éticos en nombre de un falso cristianismo que a la postre se asemeja a un chiste de mal gusto.
Me pregunto una y otra vez, ¿es que el fanatismo religioso de algunos hombres puede ser tan arrogante y lleno de soberbia para que libremente escriban esas inexactitudes? ¿Cómo es posible que alguien pueda escribir tales mentiras sobre el hombre que después de su muerte, triunfó sobre Voltaire, revivió la religión, transformó la educación, elevó la moral de Francia, inspiró el movimiento romántico y la Revolución Francesa, influyó en la filosofía de Kant y Schopenhauer, las obras de teatro de Schiller? , las novelas de Goethe, los poemas de Wordsworth, Byron y Shelley, la ética de Tolstoi y, que todos en conjunto, tuvieron más efecto sobre la posteridad que cualquier otro escritor o pensador de ese siglo XVIII en el que los escritores fueron más influyentes que nunca antes?
Tratemos entonces de ir a las fuentes y extraer varias citas que inequívocamente derrumban el intento de engaño alimentado por el fanatismo religioso y la ignorancia de la historia.
Comenzamos en junio del año 1752 cuando Rousseau tenía 40 años y su primer ensayo había ganado el Primer Premio de la Academia de Dijon. Ese año, Rousseau decide dejar París e irse a su ciudad natal de Ginebra después de tener varios choques con sus pares intelectuales. Antes de citar a uno de esos desagradables momentos recordemos que en esos años JJR había denunciado con tanta fuerza la ciencia y la filosofía, que se sentía incómodo entre los “philosophes” que dominaban los salones de París. Su obra “Discurso I” lo había comprometido a la defensa de la religión. La señora, Mme d'Epinay cuenta cómo, en una cena ofrecida por Mme. Quinault, la anfitriona, al encontrar la charla demasiado irreverente, rogó a sus invitados que "respetaran al menos la religión". Resulta entonces que cuando uno de los invitados en su intervención hizo un comentario en contra de la religión, sucedió lo siguiente:
Cita número I:
“Ante ese comentario, Rousseau se enojó y murmuró algo que hizo que los presentes se rieran de él. "Sí es cobardía permitir que alguien hable mal de un amigo ausente, es un crimen permitir que alguien hable mal de su Dios, que está presente; y yo creo en Dios, señores". ... Volviéndose a Saint Lambert le dijo: "Usted, señor, que es poeta, estará de acuerdo conmigo en que la existencia de un ser eterno, todopoderoso y supremamente inteligente, es el germen del más hermoso entusiasmo". "Confieso", respondió, "que es hermoso ver a este Dios inclinando su rostro hacia la tierra... pero es el germen de las locuras..." "Señor", interrumpió Rousseau, "si dice una palabra más, saldré de la habitación"”. (1)
Ese episodio y otros más fueron suficientes para que Jean Jacque se marchara a Ginebra. Allí fue recibido como un hijo pródigo arrepentido y parece haber firmado una declaración reafirmando el credo calvinista. El clero ginebrino se regocijó en la recuperación del pensador a su fe evangélica. Fue reintegrado como ciudadano y, a partir de entonces, firmó con orgullo "Jean-Jacques Rousseau, Citoyen". (a)
Cita número II:
“Me impresionó mucho la amabilidad que me mostraron. . . por el consejo cívico y las autoridades del Consistorio Eclesiástico, y por la gran cortesía y complaciente conducta de los magistrados, ministros, pastores y ciudadanos, que . . .” (2)
Al año siguiente, en Ginebra, JJR escribe su segundo ensayo también titulado “Discours II” y publica el anterior. Al igual que el primer ensayo en este segundo tampoco dejó ninguna paradoja sin resolver que no provocara el debate. No negó la desigualdad "natural" o biológica; reconoció que algunos individuos son por nacimiento más sanos o más fuertes que otros en cuerpo, carácter o mente. Pero argumentó que todas las demás desigualdades -económicas, políticas, sociales, morales- son antinaturales y surgieron cuando los hombres abandonaron el "estado natural", establecieron estados para proteger la propiedad y el privilegio. "El hombre es bueno por naturaleza"; y se vuelve malo principalmente a través de instituciones sociales que restringen o corrompen sus tendencias hacia el comportamiento natural.
Cita número III:
¿Deberíamos, por tanto, volver al salvajismo? "¿Debe abolirse totalmente la sociedad? ¿Deben anularse la mía y la tuya, y debemos regresar a los bosques para vivir entre osos?" Eso ya no es posible para nosotros; el veneno de la civilización está en nuestra sangre, y no lo erradicaremos huyendo a los bosques. Terminar con la propiedad privada, el gobierno y la ley sería hundir a la gente en un caos peor que la civilización. "Una vez que el hombre la ha dejado, nunca puede volver a la época de la inocencia y la igualdad" (3) . La revolución puede estar justificada, porque la fuerza puede derrocar con justicia lo que la fuerza ha establecido y mantenido (a); pero la revolución no es ahora aconsejable. Lo mejor que podemos hacer es estudiar los Evangelios nuevamente y tratar de limpiar nuestros malos impulsos practicando la ética del cristianismo (b).
El 18 de agosto de 1756, Rousseau le envió una carta a Voltaire de más de 25 páginas y en la que Rousseau le implora a Voltaire que no culpe a la Providencia por las desgracias ocurridas en Lisboa a raíz del horrible terremoto que devastó a esa ciudad.
Cita número IV:
“Porque hay un Dios, Él recompensará a todos por el sufrimiento inmerecido. Y la cuestión de la existencia de Dios nunca podrá ser explicada a través de la razón. Podemos elegir entre creer o no creer; y ¿por qué rechazar una fe inspiradora y consoladora? En cuanto a Dios, "He sufrido demasiado en esta vida para no esperar otra. Todas las sutilezas de la metafísica no me harán dudar ni por un momento de una Providencia benéfica y de la inmortalidad del alma. Esto lo siento, lo creo, lo deseo;... defenderé estas creencias hasta mi último aliento.” (4)
El 27 de julio de 1758, M. d’Alembert publicó en De l’Esprit, un poderoso ataque en contra del clérigo Católico. En octubre del mismo año, Rousseau publicó su “Lettre à M. d'Alembert sur les spectacles”. Aunque moderado en tono el documento era una declaración de guerra en contra de “La Era de la Razón” (the Age of Reason), la irreligión e inmoralidad de mediados del siglo XVIII en Francia.
Cita número V:
La carta, de 135 páginas traducidas, era una defensa de la religión tal como se predicaba públicamente en Ginebra. En esta Carta defendió la fe ortodoxa y la creencia en una revelación divina como ayudas indispensables para la moralidad popular. "Lo que puede probarse por la razón a la mayoría de los hombres es sólo el cálculo interesado del beneficio personal"; por lo tanto, una mera "religión natural" permitiría que la moralidad degenerará.(5)
Así como Rosseau defendió y se comportó como un buen cristiano eso no le impidió que también fuera en ocasiones un fuerte crítico, sobre todo del catolicismo de su tiempo. No obstante, siempre mantuvo que la religión era necesaria y que el estado debería colaborar en promoverla ante la población.
Cita número VI:
“Los dogmas de la religión deben ser pocos, sencillos y redactados con precisión, pero sin explicación ni comentario. La existencia de una Divinidad poderosa, inteligente y benéfica, poseedora de previsión y providencia; la vida venidera, la felicidad de los justos, el castigo de los malvados, la santidad del contrato social y de las leyes; estos son sus dogmas positivos.”(6)
En mayo de 1762, Rousseau publicó su famoso libro sobre educación con el título “Emile”. Este libro de 450 páginas llegó a ser el libro más leído e interesante jamás escrito sobre educación. Cuando Emmanuel Kant lo empezó a leer quedó tan absorbido en sus páginas que olvidó hacer su famosa caminata diaria según nos dice William Boyd en su libro “Educational Theory of J.J. Rousseau”.
Rousseau siguió condenando la intolerancia y denunciando el ateísmo como más peligroso que el fanatismo (estoy en desacuerdo con J.J. y pienso que debe ser al revés). Ofreció a sus lectores una "profesión de fe" con la que esperaba cambiar el rumbo del ateísmo de d'Holbach, Helvetius y Diderot de regreso a la creencia en Dios, el libre albedrío y la inmortalidad. Recordó a los dos abates, Gaime y Gatier, a quienes había conocido en su juventud; fusionó a los abates en un vicario imaginario en Saboya; y puso en boca de este cura de pueblo los sentimientos y argumentos que justifican (en opinión de Rousseau) un retorno a la religión. El vicario saboyano se representa en la obra como el sacerdote de una pequeña parroquia en los Alpes italianos.
Cita número VII:
“Rechazo la oración de petición; nuestras oraciones deben ser himnos a la gloria de Dios y expresiones de sumisión a su voluntad. Muchos elementos del credo católico me parecen supersticiones o mitología. Pero prefiero no hablar sobre esos temas con mis feligreses. Practica la bondad y la caridad con todos (creyentes y no creyentes por igual), y cumpliendo fielmente todos los rituales de la Iglesia Romana. La virtud es necesaria para la felicidad; la creencia en Dios, el libre albedrío, el cielo y el infierno son necesarios para la virtud; Las religiones, a pesar de sus crímenes, han hecho a hombres y mujeres más virtuosos, al menos menos crueles y malvados, de lo que podrían haber sido de otro modo. Cuando estas religiones predican doctrinas que parecen irrazonables, o nos cansan con la ceremonia, debemos silenciar nuestras dudas por el bien del colectivo.” (7)
Jean Jacque Rousseau amaba los Evangelios como los más conmovedores e inspiradores de todos los libros.
Cita número VIII:
“¿Puede un libro a la vez tan grande y tan simple ser obra de hombres? ¿Es posible que aquel cuya historia está contenida en este libro no sea más que un hombre? ... ¡Qué dulzura y pureza en sus acciones, qué conmovedora gracia en sus enseñanzas! ¡Cuán elevados son sus dichos, cuán profundamente sabios sus sermones, cuán justas y discriminatorias sus respuestas! ¿Qué hombre, qué sabio puede vivir, sufrir y morir sin debilidad ni ostentación? . . . Si la vida y la muerte de Sócrates son las de un filósofo, la vida y la muerte de Cristo son las de un Dios.” (8)
El libro Emil fue tan exitoso que las imprentas no podían satisfacer el volúmen de la demanda. Los afortunados que lo habían adquirido y leído lo alquilaban a otros lectores menos afortunados. Tanto fue el éxito que el celo de todos los sectores de la sociedad en París se desbordaron en críticas y ataques. Los filósofos lo denunciaron como una traición contra ellos por su contenido religioso. La iglesia lo condenó por ser tan liberal en muchos aspectos y principalmente aquel que recomendaba que a los niños no deberían enseñarles religión sino hasta una vez cumplidos los 18 años, edad cuando habrían desarrollado algunos criterios para entonces ellos mismos escoger cual religión preferían. Para colmo el libro apareció en medio de la pelea dentro de la iglesia Católica entre los ortodoxos seguidores de Roma y los Jansenista. Total que todos esos sectores desbordaron sus pasiones conflictivas en contra de Rousseau y su Emile. Por esa razón Rousseau se vio forzado, una vez más, a abandonar París a la carrera.
En consecuencia, el Parlamento ordenó lo siguiente:
Cita número IX:
“Dicho libro será rasgado y quemado en el patio del Palacio [de Justicia], al pie de la gran escalera, por el Gran Verdugo; todos los que tuvieren ejemplares del libro, los entregarán al Registro, para que sean destruidos; ningún editor imprimirá, venderá o distribuirá este libro; todo vendedor o distribuidor de los mismos será detenido y sancionado con el rigor de la ley; ... y J. J. Rousseau será arrestado y llevado a la prisión del Conciergerie del Palacio.” (9).
Este evento de la Francia del siglo XVIII en contra de Rousseau ha sido comparado por múltiples historiadores como similar a la horrible persecución de la iglesia Católica al gran maestro Galileo Galilei.
Pensándolo bien, uno no puede evitar asociar ese acto de cacería de brujas de hace casi tres siglos por parte de la iglesia, con el ahora acto del piadoso escritor del año 2022 que en su artículo desarticulado declaró a Rousseau como un hereje que de paso inspiró la violencia de la guillotina en la revolución francesa.
Hasta este párrafo he presentado 9 inequívocas citas sobre la vida de Rousseau y sus obras en donde queda claro y sin dudas que fue un creyente en Dios. No solamente lo hizo saber mediante sus escritos sino que además lo promovió entre sus seguidores en los salones y entre todos aquellas personas que le pidieron consejos. Pero de todas las mentiras dichas en ese infame artículo la que más me impactó fue una sobre Robespierre acusándolo también de ateo y promotor del saqueo a la Catedral de Notre Dame, cambiándole la denominación de Católica a la Diosa de la Razón, cuando lo sucedido fue exactamente lo contrario. Esa historia es nuestra última cita.
La religión persiguió a Rousseau y luego lo usó como su salvador. En su huida de Suiza en 1765, Rousseau fue recibido por el obispo de Estrasburgo. Después de su regreso de Inglaterra, encontró a algunos católicos franceses que lo citaban agradecidos contra los incrédulos y tenían esperanzas de su conversión triunfal.
Cita número X:
“Los teóricos de la Revolución Francesa intentaron establecer una moral independiente de los credos religiosos; Robespierre, siguiendo a Rousseau, abandonó ese intento como un fracaso y buscó el apoyo de las creencias religiosas para mantener el orden moral y el contenido social. Condenó a los philosophes por rechazar a Dios para adorar reyes; Rousseau (dijo Robespierre) se había elevado por encima de esos cobardes, él (Rousseau) había atacado valientemente a todos los reyes y hablado en defensa de Dios y de la inmortalidad”.
René Hebert, líder de la Comuna de París, siguió el racionalismo volteriano, alentó la profanación de iglesias y estableció el culto público a la Diosa de la Razón (1793). Robespierre había visto a Rousseau en la última estancia del filósofo en París y apostrofó a Jean-Jacques: "¡Hombre divino!... Contemplé tus augustos rasgos;... Comprendí todas las penas de tu vida noble dedicada al culto de la verdad". Propuso a la Convención adoptar la Profesión de Fe del Vicario de Saboya como religión oficial de la nación francesa; y en mayo de 1794 inauguró, en memoria de Rousseau, la Fiesta del Ser Supremo. Lamentablemente Robespierre envió a Rene Hebert y a otros a la guillotina acusados de ateísmo. (10)
El agnóstico Napoleón estuvo de acuerdo con Robespierre en la necesidad de la religión y alineó al gobierno francés con Dios (1802). La Iglesia Católica fue completamente restaurada con la Restauración Borbónica Francesa (1814); ganó las poderosas plumas de Chateaubriand, de Maistre, Lamartine y Lamennais; pero ahora la vieja fe se apoyaba más y más en los derechos del sentimiento (Rousseau y su Emile) que en los argumentos de la teología; luchó contra Voltaire y Diderot con Pascal y Rousseau. El cristianismo, que parecía moribundo en 1760, volvió a florecer en la Inglaterra victoriana y la Francia de la Restauración.
Conclusión:
Así pues, terminamos como empezamos, ahora en sustancia, a través de nuestra pequeña muestra de 10 citas y sus comentarios de donde puede deducirse el increíble efecto de Rousseau sobre la literatura, la pedagogía, la filosofía, la religión, la moral, las costumbres, el arte y la política. En primer lugar, por supuesto, Rousseau fue la madre del movimiento romántico. A la fecha, hemos visto a muchos otros sembrar su semilla: Thomson, Collins, Gray, Richardson, Prevost y el Cristianismo mismo, cuya teología y arte son parte importante del romanticismo. Jean Jacque Rousseau hizo madurar las semillas en el invernadero de sus emociones y entregó su descendencia, crecida y fértil, en los Discursos I y II, La Nouvelle Heloise, el Contrato Social, Emile y las Confesiones.
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Notas Bibliográficas:
Epinay, Mme. d', Memoirs and Correspondence, II, 51.
Michelet, Histoire de France, V, 42S.
The Confessions, II, 63.
Rousseau juge de Jean-Jacques, in Cassirer, The Question of Rousseau, 54.
Second Discourse, loco cit., 236.
End of second Discourse.
Rousseau, Collection cumplete des oeuvres, I, 449.
Rousseau, Politics and the Arts, 7.
Social Contract, IV, viii.
Rousseau, Emile, 257-272.
Rousseau, Emile, 271-272.
Rousseau, Collection complete, IXa, pp. V-x.
Masson, P. M., La Religion de Rousseau, III, 239-44.
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Ediciones de las notas bibliográficas
Epinay, Louise de la Live D', Memoirs and Correspondence, 3V. London, 1899.
Michelet, Jules, Histoire de France, 5V. Paris: Hetzel & Cie., n.d.
Rousseau, Jean-Jacque, The Confessions of Jean-Jacques Rousseau. London, n.d.
Casirrer, Ernst, The Question of Jean-Jacque Rousseau. New York, 1954.
Rousseau, Jean-Jacque, Discourses. Everyman´s Library.
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ROUSSEAU, JEAN-JACQUES, Collection complete des oeuvres de Jean-Jacques Rousseau, I IV. Neuchatel, 1775.
Rousseau, Jean-Jacque, Politics and the Arts. Glencoe, Ill., 1960
—---------, The Social Contract, and Discourses. Everyman´s Library.
—---------, Emile. Everyman's Library.
—---------,
—---------, Collection complete des oeuvres de Jean-Jacques Rousseau, I IV. Neuchatel, 1775.
Masson, Pierre M, La Religion de Rousseau, 3V. Paris, 1916.
