BORRADOR 1.0
El Dios Algoritmo
Por José Domingo Sosa, Ph.D.
Después de leer y escuchar varios libros y conferencias de Yuval Harari me pareció interesante escribir unas notas sobre su extraordinaria manera de interpretar la historia y el momento en que vivimos de cara al futuro.
Según nos dice Harari, él como historiador [y filósofo, añado yo] para realizar sus trabajos de investigación se enfoca principalmente en ideas, ideologías, mitología y religión. Recientemente en una charla que dictó en California, Harari comenzó diciendo que el lugar más interesante en el planeta hoy, en términos de religión, es Silicon Valley, California. Para respaldar esa afirmación tan extraña y radical, Harari desarrolla una serie de argumentos que trataré de expresar a continuación.
Harari afirma que desde hace unos 300 años y hasta esta tercera década del siglo XXI la ideología que nos revela la manera de percibir el mundo, según la gran mayoría de sus pobladores, es el liberalismo humano. Por liberalismo humano, se entiende, a la ideología que piensa que la fuente principal de significado y propósito en el universo es el individuo, también conocido como Homo Sapiens. No es el estado, tampoco la historia o seres sobrenaturales. El centro de todo es el individuo.
Todo Homo Sapiens es un individuo que como su nombre literalmente indica es indivisible, no puede ser dividido. Dentro de cada uno de nosotros existe una voz interna que es la fuente de todo significado y autoridad. Cada vez que enfrentamos una pregunta difícil, un dilema, una elección en la vida como individuos o como colectivos, el liberalismo humano nos dice, escúchate a ti mismo, conéctate contigo e intenta escuchar esa voz dentro de ti y ella te dirá qué hacer. Escucha eso y nada más.
La segunda idea o hipótesis del liberalismo es que esa voz interior surge desde un espacio de completa y estricta libertad. Existen influencias o restricciones desde el mundo exterior, físicas, sociales, biológicas, pero si profundizamos lo suficiente dentro de nosotros mismos, llegaremos eventualmente, a un espacio de completa libertad. Y desde ese espacio necesitamos tomar nuestras decisiones en la vida día a día.
En tercer lugar, sobre la base de estas dos ideas o dos suposiciones, el liberalismo asume que solo yo puedo conocerme realmente. Nadie más, ninguna persona externa, ningún sistema externo puede saber realmente quién soy porque quien realmente soy es esta voz interior que disfruta de completa libertad.
En base a estas ideas el principal valor del liberalismo es la libertad. Necesitamos preservar la libertad del individuo para pensar, sentir y actuar de acuerdo con lo que él o ella piensa y siente porque esa es la suprema fuente de autoridad y significado en la vida.
Por eso hoy en día en la mayoría de los países que integran el planeta tierra se ejerce la política, la economía, la ética, la estética, las ciencias y la educación entre otras muchos reinos del vivir, bajo las premisas del liberalismo humanístico de la libertad del individuo. En política el sistema democrático cada cierto tiempo le pide a los individuos que oigan a su voz interna y decidan quienes serán sus autoridades a través del voto. En economía es el individuo a través de su decisión quién decide qué comprar. El cliente siempre tiene la razón. Igualmente, ese mismo individuo escucha su voz interna y decide sobre la moral, que es bueno o malo. En el arte, es el individuo o “the eyes of the beholder” quien a través de su voz interna siente y decide que es bello y que no lo es. En la educación y en las ciencias sucede lo mismo, el hombre libre decide qué desea estudiar, conocer e investigar.
Por todo lo anterior es que no podemos dejar de admirar la brillantez de hombres de la talla de John Locke y Jean Jacque Rousseau, entre muchos otros, quienes en el siglo 17 y siglo 18 escribieron extensamente sobre esas ideas que para sus tiempos fueron revolucionarias y al día de hoy prevalecen mayoritariamente como la forma de pensar en el planeta. Esta filosofía creó los derechos humanos como muros de defensa para proteger la libertad interior de cada individuo. Igualmente contiene la creencia en el individualismo, en la democracia liberal, en la economía de libre mercado. Y claro está, podemos decir que no todo el mundo acepta esta filosofía en particular, pero es el paquete ideológico dominante en el mundo de hoy.
Harari afirma, que el siglo XXI desafía a la humanidad de nuevas maneras. Nos enfrentamos a enormes oportunidades y peligros nuevos. Un ejemplo sería la pregunta quizás más importante en la economía de hoy ¿para qué necesitamos personas en la economía? Ya que es probable que las computadoras puedan realizar los trabajos del hombre aún mejor que ellos. Por primera vez en la historia enfrentamos esa pregunta. El valor económico más básico de los humanos está siendo puesto en duda. Y nadie tiene una idea real de cómo será el mercado laboral dentro de 30 años. Para qué serán necesarios los humanos, o al menos la mayoría de los humanos.
Otro gran desafío y por ende oportunidad se refiere al campo de la biotecnología. La posibilidad de extender la salud y la vida humana indefinidamente, siendo ahora los 80 años los 40 de antes. ¿Cómo será afectada la sociedad en sus relaciones reproductivas, morales y las estructuras familiares? Estas son enormes preguntas que nadie parece poder contestar. Y para colmo las grandes tradiciones como el Islam, el cristianismo, el judaísmo, etc., no tienen nada relevante que decir sobre estos temas. No tienen respuestas a estas preguntas porque ni siquiera entienden la pregunta. Resulta imposible encontrar ni siquiera orientación en los viejos libros sagrados escritos hace miles de años. Las personas que escribieron esos libros no sabían nada sobre genética, ni nanotecnología o computadoras. Y peor aún parece que la inspiración de todos esos viejos sabios, es decir, el Espíritu Santo ni siquiera pudo predecir el futuro. Entonces, ¿cómo podemos esperar obtener respuestas a estas preguntas de personas que no saben nada sobre esos temas?
Ahora bien, es cierto que si nos vamos por las mayorías, hay muchas más personas hoy en el planeta que están interesadas en Dios y las escrituras que en nanotecnología o genética. Pero la historia no se hace con los grandes números. No se necesitó de mucha gente para realizar los grandes cambios históricos. Muy a menudo, los cambios históricos son realizados por relativamente pocas personas. Si nos remontamos a la última gran revolución tecnológica y económica que arrasó el mundo, es decir la Revolución Industrial del siglo XIX, fue realizada por muy pocas personas. Sin embargo, la mayoría de la gente en ese siglo estaba mucho más interesada en la Biblia y el Corán que en las máquinas de vapor, los ferrocarriles o las minas de carbón.
La guerra más devastadora del siglo XIX fue la Rebelión de Taiping, que comenzó en 1850 cuando un iluminado, Hong Xiuquan, tuvo una visión. Dios se le reveló a Hong y le dijo un secreto que él, Hong era el hermano menor de Jesucristo y tenía la misión divina de establecer el reino de la Paz Celestial en la Tierra comenzando con China. Millones de chinos lo siguieron y no establecieron ninguna paz. Hicieron la guerra más terrible del siglo con al menos 20 millones de muertos según las estimaciones más conservadoras.Nadie recuerda hoy a Hong ni su movimiento. Ninguno de esos iluminados religiosos cambió el mundo. La Revolución Industrial la hicieron unos cuantos ingenieros, profesores y banqueros en Manchester, Liverpool y Birmingham. Las religiones tradicionales, hinduismo, islamismo, judaísmo, cristianismo, no desaparecieron. No es que la gente dejara de creer en ellos. Simplemente se volvieron cada vez menos relevantes, menos influyentes. Se transformaron, esencialmente, de ser una fuerza creativa a una fuerza reactiva. Todavía están allí, pero la mayor parte de lo que hacen es reaccionar a los cambios, a los inventos, a los descubrimientos que hacen unos pocos hombres. Un laboratorio inventó la píldora anticonceptiva hace 70 años y desde entonces la iglesia Católica ha actuado como quien tiene una papa caliente en sus manos.
Una forma de comprender el papel de estas religiones en el mundo es haciéndonos dos preguntas básicas: Primera pregunta; ¿cuál fue el descubrimiento más importante del siglo XX?. Quizá fueron los antibióticos, el inconsciente, las armas nucleares o la revolución digital de las computadoras e internet. Y la segunda pregunta es: ¿Cuál es el descubrimiento más importante realizado en el mismo período por las religiones monoteistas como el islam, el hinduismo o el judaísmo? Nuevamente, es una pregunta muy difícil porque uno no puede pensar en alguna cosa. ¿Qué descubrieron estas poderosas organizaciones en los últimos 100 años que cambió nuestras vidas? Sin dudas que todavía son influyentes en la forma en que reaccionan a los inventos y descubrimientos de otros, pero ¿qué cosas nuevas descubrieron? Difícil poder pensar en algo que pueda mencionarse en una misma frase con los antibióticos, el feminismo o las armas nucleares.
En conclusión, podemos decir que los desafíos conocidos que se le han presentado, hasta la fecha, al liberalismo no son realmente desafíos efectivos. China, el Islam radical, las grandes protestas de movimientos sociales e ideológicos no representan una alternativa o reto relevante en contra del paquete liberal. Pero esto no significa que el liberalismo esté seguro. Todo lo contrario. Las amenazas más importantes no han sido realmente discutidas y según parece estamos en presencia o al borde del colapso del liberalismo. Y el colapso del liberalismo no sucederá por las acciones que sus oponentes están haciendo ahora en Roma, Pekín, Siria, Irak o Libia, sino por las acciones que la gente está haciendo en Silicon Valley, en el Instituto Tecnológico de Massachusset y en la Universidad de Stanford entre muchas otras instituciones seculares.
El problema básico del liberalismo actual a principios del siglo XXI es que las ciencias de la vida (Life Sciences) nos dicen ahora que todas las premisas que durante los últimos 300 años sirvieron de base a la filosofía del liberalismo humanitario carecen de toda veracidad. Las creencias básicas de Locke y Rousseau que revolucionaron en el siglo XVIII y después hasta nuestros días están obsoletas. La manera que aquellos grandes pensadores entendieron al Homo Sapien es 180 grados diferente a las ideas que ahora nos presentan las ciencias de la vida.
Como mencionamos anteriormente, el liberalismo cree que cada uno de nosotros es un individuo con un rayo de luz o núcleo interno que nos distingue como únicos. Para las ciencias de la vida ya no existe tal cosa. Todos los animales, incluidos los humanos, no son individuos, no tienen alma, tampoco esencia y mucho menos núcleo interno. Son básicamente una colección de algoritmos bioquímicos que constituyen el cerebro de los humanos, el de la jirafa, el elefante y en fin de todos los seres vivos. Si a uno de esos seres le dañamos ligeramente esos algoritmos bioquímicos, no queda nada, no existe el individuo.
Adicionalmente, los algoritmos bioquímicos que componen un organismo no son libres. De acuerdo a las ciencias de la vida no existe tal cosa como la libertad. Todos los sistemas de la naturaleza, incluidos los algoritmos bioquímicos funcionan bajo dos tipos de principios: deterministas o aleatorios.
Recordemos que el liberalismo cree, por encima de todo, en nuestros sentimientos, es decir, en lo que uno siente por la política, por el arte, por la sexualidad; ese es el Holy Grail del liberalismo, es decir, nuestros sentimientos. Pero como ya mencionamos, las ciencias de la vida dicen: los sentimientos son solo algoritmos bioquímicos que calculan dos cosas: probabilidades de supervivencia y probabilidades de reproducción. Los Homo Sapiens al igual que las jirafas y también los elefantes están calculando todo el tiempo a través de la máquina calculadora de sus cuerpos las probabilidades para sobrevivir y reproducirse. Pero como estos conceptos pueden parecer un poco abstractos tratemos de estudiar un simple ejemplo:
Digamos que uno es un mono con hambre caminando por la sabana africana. Ves una mata llena de cambures, y te preguntas, ¿debo ir y arrancar esos cambures? Pero también ves que hay un león mirándote ¿Debería o no tratar de arrancar esos cambures y arriesgarme a que mientras los busco el león me mate? Para obtener una buena respuesta, básicamente, lo que necesito es realizar un cálculo de probabilidades y para ello necesito tener en cuenta mucha información para hacerlo correctamente. Necesito información sobre los cambures. ¿Qué tan lejos están de mi? ¿Hay algún obstáculo en el camino? ¿Cuántos puedo cargar? ¿Están maduros o están verdes? También necesito información sobre el león. ¿Qué tan lejos está? ¿Qué tan grande es? está dormido? ¿está despierto? ¿tiene hambre? ¿está saciado? Y en tercer lugar, necesito mucha información sobre mí mismo. ¿Qué tan rápido puedo correr? ¿Cuánta hambre tengo? Si, por otro lado, sé que estoy lleno por el desayuno, no hay razón para arriesgar mi vida por estos cambures, incluso si el peligro es relativamente pequeño. La manera de decidir es simple. Un cálculo probabilístico que considere todos esos factores ¿Pero cómo lo hace un mono? No saca un papel y un bolígrafo, ni una calculadora, ni una computadora. La verdad es que no lo necesita porque todo su cuerpo es una calculadora que fue construida durante millones de años por selección natural para hacer exactamente eso. Lo que llamamos emociones, sensaciones, sentimientos, son simplemente algoritmos bioquímicos que toman toda esa enorme cantidad de información del exterior y del interior, y en una fracción de segundo llegan a una determinada decisión, a una cierta probabilidad. No obstante, el resultado no aparece como un número. El resultado surgirá simplemente como un sentimiento. Eso es lo que son los sentimientos. Son el resultado de esos cálculos. Si el resultado es que debo tratar de obtener los cambures, surgirá como la emoción del coraje. Me sentiré muy valiente. Mi pecho se hinchará y correré hacia los cambures. Si los cálculos llegan a la conclusión de que no debo arriesgar mi vida, ya que mi chance es demasiado pequeño, entonces el resultado, nuevamente, no será un número y será un sentimiento. Será el sentimiento o la emoción del miedo. Me sentiré muy asustado y huiré. Y a veces sucede que los cálculos están justo en el medio, 50/50. No está claro si es una buena o mala idea en términos de supervivencia alcanzar esos cambures. Y esto también aparecerá como una emoción, como un sentimiento, me sentiré confundido. Sentiré que no sé qué hacer, buscarlos o no buscarlos.
El otro gran problema que necesita de cálculos probabilísticos a través de la máquina del cuerpo es el de la reproducción. Los pájaros buscan a los pájaros y los humanos a otros humanos para reproducirse. Cuando un Homo Sapien siente esa necesidad se pregunta, ¿es esta una buena pareja? Y mucha información fluye desde los ojos, los oídos, la nariz, desde el interior del cuerpo y en una fracción de segundo obtiene el resultado, no como un número, sino como un sentimiento. Siente que es hermosa, atractiva o que no lo es. Todos estos sentimientos sexuales son algoritmos bioquímicos. No son impulsos espirituales venidos del cielo. Son el resultado de algoritmos bioquímicos muy complejos que la selección natural desarrolló y seleccionó durante millones y millones de generaciones hasta que llegaron a nosotros.
Si uno quiere tomar decisiones sobre la vida y tienes dos fuentes potenciales de autoridad, digamos la Biblia o los propios sentimientos, los biólogos dirán, sigue tus sentimientos ya que La Biblia contiene la sabiduría de solamente de unos sacerdotes algo primitivos de la antigua Jerusalén. Pero los sentimientos contienen la sabiduría de millones y millones de años de evolución. Los algoritmos que son tus sentimientos han pasado las pruebas más rigurosas de la selección natural. Cada uno de nuestros genes, y en fin todos esos algoritmos han sido exitosos durante millones de años para pasar las pruebas más rigurosas de la selección natural. Consecuentemente para tomar una decisión es mejor usar los sentimientos.
Pero el gran descubrimiento de estas últimas décadas es que los biólogos han descifrado los algoritmos bioquímicos que componen nuestros cuerpos y son responsables de los sentimientos. Estos sentimientos-algoritmos ya no son entidades misteriosas. Simultáneamente a esos descubrimientos bioquímicos, los científicos de la informática han desarrollado ultra avanzadas formas de cálculos algorítmicos.
La pregunta que surge hoy es ¿qué sucederá cuando existan algoritmos que me conozcan mejor a mí y a mis sentimientos de lo que puedo entenderme a mí mismo? En ese caso, ya no seremos la individualidad que mejor nos conocía y al perder esa individualidad el poder se transferirá a una fuerza externa de nosotros. Eso ya es una realidad en algunas áreas de la vida. Por ejemplo, en el campo de la medicina ya estos algoritmos están siendo utilizados para tomar decisiones sobre el cuerpo y la salud. No sería una exageración decir que muy pronto las decisiones sobre nuestra salud serán hechas por algoritmos. Ellos procesarán toda la información sobre nuestros procesos internos y estos serán comparados con millones de otros seres.
Recientemente una famosa artista de cine se hizo una doble mastectomía a pesar de que no tenía cáncer de senos. Simplemente se hizo una prueba genética de su ADN y resultó que tenía una mutación en uno de sus genes que, según la base de datos estadística, significa que tiene un 87% de posibilidades de contraer cáncer de senos. Además su madre murió a una edad relativamente joven de un cáncer similar. Sus sentimientos no le dijeron que estaba enferma. Pero los algoritmos externos le dijeron que tenía un 87 % de posibilidades de contraer esa enfermedad. Así que se sometió a una doble mastectomía. Una decisión muy importante en la vida de una persona. Del mismo modo, las grandes decisiones que tomaremos sobre nuestras vidas en el transcurso de los próximos años serán apoyadas por algoritmos externos, no basados en nuestros sentimientos internos.
Cuando esto se extienda a otros campos de la vida, el liberalismo colapsará, no necesariamente de forma violenta, sino que simplemente quedará obsoleto. Igual sucedió en la historia durante la transición de la Edad Media a la Edad Moderna. En la Edad Media el dominio absoluto era de las religiones. Cuando la gente enfrentaba un problema la pauta práctica era escuchar las escrituras. Ahora bien, el surgimiento del liberalismo no fue un cambio teórico. No fue sólo una cuestión de filosofía. Fue un asunto práctico para tomar decisiones de la vida diaria. Con el surgimiento del liberalismo, la guía fue escuchar los sentimientos. Escalar una montaña, mirar a la luna e intentar conectarnos con nuestra luz interna.
En esta nueva etapa la gente dirá, no escuches tus sentimientos, escucha a Google, Amazon, Facebook, y en fin a cualquiera de estos superpoderosos algoritmos. Ellos entienden cómo te sientes mejor que tú. Tienen algoritmos más eficientes y precisos que los que recibimos a través de la selección natural. Tienen información no solo sobre todos mis correos electrónicos y libros que he leído, etc., sino que a través de los gadgets biométricos adaptados al cuerpo obtienen un flujo constante de información sobre la presión arterial, niveles de azúcar, pulso. Además tienen mi prueba de ADN por aquello del estudio de mis ancestros, y así sucesivamente. Toda esta información y estos algoritmos magníficamente construidos pueden obtener respuestas mucho mejores que los sentimientos.
De allí el surgimiento potencial de un nuevo tipo de religión, una religión de datos. Si antes Dios estaba en el centro de los acontecimientos y luego fue el individuo, ahora son los datos o la información quien se convirtió en la fuente suprema de autoridad y de significado en el mundo.
Todo comenzó con cosas simples, tales como, al llegar a una intersección en la carretera gira a la izquierda y no a la derecha, no escuches tus sentimientos, escucha al GPS, quien conoce mejor que tú tus intuiciones viscerales. Pasando al siguiente escalón, ¿qué libro compro? Amazon basado en todas mis compras desde hace años, mis conversaciones con amigos, y que compran otras personas con mi mismo perfil me hará unas sugerencias que definitivamente serán útiles e interesantes. La siguiente etapa es conectar estos programas con los de reconocimiento facial. Y Amazon sabrá no solo cuando leí rápido o lento, sino cuando reí, cuando lloré, cuando estaba aburrido. Este es un dispositivo inmenso que, por supuesto, puede ayudar a Amazon no solo a recomendar libros, sino también a hacer muchas cosas más sofisticadas.
Ahora bien, ¿la vida realmente no significa nada más que el procesamiento de información? Aquí es cuando la psicología y la filosofía vuelven aparecer como dos fantasmas. El tema de esos dos fantasmas es la conciencia. Lo que en filosofía se llama el problema duro de la conciencia. Ahora entendemos cómo encontrar correlaciones entre patrones bioquímicos o electroquímicos particulares en el cerebro y ciertas experiencias subjetivas. Pero estamos muy, muy lejos de poder entender cómo es que un patrón particular de señales electroquímicas en el cerebro crea una experiencia subjetiva de amor, ira, odio o lo que sea. Las ciencias de la vida--o actualmente la mayoría de ellas-- tienen este dogma que dice no lo sabemos ahora pero seguro lo sabremos en 20, 30 o 50 años con más experimentos entenderemos cómo las señales electroquímicas se transforman en experiencias subjetivas. Pero en la actualidad, esto es solo un dogma. Tal vez las ciencias de la vida se hayan equivocado. Tal vez los humanos y otros animales no sean reducibles a algoritmos. Esta es una pregunta abierta. Sin embargo, en términos históricos, no es tan importante ya que sabemos que una religión o una ideología no tiene que ser verdad para dominar el mundo.
Conocemos muchos casos de religiones e ideologías que dominaron el mundo y hoy sabemos que eran falsas. Obviamente, en términos científicos. Por ejemplo, la historia del cristianismo cuenta cómo se creó el mundo y los humanos, en fin cómo funcionan las cosas, y hoy sabemos que nada de eso es verdad. Pero esto no impidió que el cristianismo se apoderara de la mayor parte del mundo. No se necesita la verdad para conquistar el mundo. De manera similar, con estas nuevas religiones de datos, tal vez se basen en un malentendido de la vida, pero esto no necesariamente evitará que se apoderen del mundo.
J.D.Sosa (2022) (c)

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