Homeostasis, Sentimientos y Consecuencias
Por José Domingo Sosa, Ph.D.
La homeostasis es un proceso de autorregulación por el cual un organismo tiende a mantener su estabilidad mientras se ajusta a las mejores condiciones para su supervivencia. Si la homeostasis tiene éxito, la vida continúa; si no tiene éxito, resulta en un desastre o muerte del organismo.
Cuándo un organismo requiere energía para activarse, sus células generarán biológicamente las señales químicas necesarias al cerebro para que sea alimentado. Por ejemplo, la sed motiva a beber. Una emoción homeostática (o emoción primordial, o sentimiento primordial) es un sentimiento que demanda atención (p. ej., hambre, sed, dolor, fatiga) invocado por un estado corporal interno. Impulsa el comportamiento (comer, beber, retirarse y descansar en estos ejemplos) destinado a restaurar el cuerpo a su estado ideal.
En otras palabras el proceso de homeostasis es la razón fundamental que explica porque los seres vivos hemos sido capaces de evolucionar y sobrevivir hasta el presente. El cuerpo enviando señales al cerebro a través del sistema nervioso en emociones y sentimientos para que se procesen acciones destinadas a la conservación del organismo. En ocasiones el cuerpo ni siquiera envía una señal al cerebro, simplemente el mismo cuerpo ejecuta la acción. Ejemplos de ello son estornudar, toser y vomitar.
Los sentimientos son las expresiones mentales de la homeostasis, mientras que la homeostasis, actuando al amparo del sentimiento, es el hilo funcional que vincula las primeras formas de vida con la extraordinaria asociación de cuerpos y sistemas nerviosos. Esa asociación es responsable del surgimiento de mentes conscientes y sensibles que son y fueron, a su vez, las responsables de lo más distintivo que conocemos de la humanidad, es decir, sus culturas y civilizaciones.
El sufrimiento por un lado y el goce por el otro son los dos extremos polares del espectro de las emociones y sentimientos motivadores de la inteligencia creativa que generó las culturas. Pero también lo fueron las experiencias de afectos relacionados con deseos fundamentales como son hambre, lujuria, compañerismo, miedo, ira, deseo de poder, prestigio, odio, el impulso de destruir a los oponentes, etc.
La homeostasis ha sido fundamental para la evolución y la existencia de todos los organismos. Podríamos decir, entonces, que en el caso de los humanos, la cultura es la obra magna de ese fenómeno biológico.
La cultura se puede definir como el conjunto de todas las expresiones del hombre, incluidas las artes, las creencias y las instituciones de una población que se transmiten de generación en generación. Por eso la cultura ha sido llamada "el modo de vida de toda una sociedad". Como tal, incluye códigos de costumbres, tradiciones, vestimenta, lenguaje, religión, rituales, arte, normas de conducta, leyes, ética e ideologías.
En su forma más básica, los seres humanos somos biológicamente, seres vivos (animales) con un enorme cerebro y sistema nervioso al servicio de su conservación dirigidos por la autorregulación de la homeostasis. El hombre es un ser natural que siente, simboliza, razona, memoriza y como resultado de todas esas capacidades hace cultura.
En opinión del viejo enciclopedista del siglo XVIII, Denis Diderot, los beneficios de la civilización y la moral (que no negó) se habían adquirido a costa de la felicidad natural del hombre. El hombre civilizado, dijo, es presa de su lucha interna entre el 'hombre natural' y el 'hombre moral o cultural': tanto si el uno como el otro prevalece en esta lucha, el hombre civilizado sigue siendo para siempre una criatura infeliz": una idea que luego sería asumida tanto por Nietzsche como por el mismo Freud.
Cito a Diderot porque fue él quien en 1750 desarrolló la tesis de los efectos de la civilización sobre la condición natural del hombre y las consecuencias emocionales en su psique. Hablar sobre la animalidad del hombre es hablar sobre su constitución biológica, necesidades naturales y el proceso de homeostasis.
Sin duda alguna que debemos realizar una profunda evaluación de los cánones culturales de cara a las devastadoras evidencias del deterioro de la humanidad en general, a pesar que el hombre ha obtenido enormes beneficios para su conservación a través de ella. Algunos opinaran que esto es un contrasentido y la cultura es por definición adecuada por su propia naturaleza evolutiva. Otros dirán que la cultura necesita profundos ajustes.
No creo que sea necesario listar o enumerar aquí cuales son las evidencias del deterioro cultural. Posiblemente tampoco alcancemos un consenso entre todas sus pruebas o evidencias. No obstante, la conclusión es la misma, el hombre actual vive bajo extrema ansiedad en una sociedad de neuróticos.
Pienso que la rigidez cultural y algunos de sus códigos morales contradicen los supuestos beneficios que todos hemos creído haber obtenido de ella desde tiempos ancestrales. Esos códigos morales y algunas tradiciones pueden ser los actuales responsables del caos que se observa en el mundo de hoy. Pareciera que el choque de fuerzas entre la codificación genética natural vs la codificación moral de la cultura ha llegado a un punto de saturación. Si en el siglo XVIII, Diderot ya daba claras cuenta de ello, ahora en el siglo XXI con la velocidad de la información instantánea a todos los rincones del globo y los avances de las ciencias naturales y sociales, no debe quedarnos ninguna duda de que las evidencias son reales.
La tesis propuesta en este breve ensayo es que las amenazas de la devastación del planeta a través de: el cambio climático impulsado por el desarrollo económico desmedido y descontrolado; el eventual aniquilamiento colectivo por una guerra nuclear; como también el constante incremento de las enfermedades incurables tanto físicas como mentales, son todos consecuencias del divorcio entre las necesidades biológicas naturales del cuerpo y las fuerzas morales impuestas por la sociedad para suprimir las anteriores. Llevamos más de 3000 años siguiendo con fe y devoción mandamientos que en general son todos contra natura. Son 3000 años de violación a la homeostasis y los sentimientos impulsados por esta.
La represión emocional ha sido el mecanismo por excelencia aplicado por la humanidad para suprimir sus emociones y correspondientes sentimientos impulsados por la homeostasis. El resultado ha sido un estado de tensión neurótica generalizado.
La madre de todas las represiones es la finitud de la vida. Nadie quiere pensar en ello y en general toda opinión sobre el tema de la muerte, no solamente es considerada tabú, sino que además va acompañada de posturas controladas por un inconsciente aterrorizado. El estómago se encoje, la piel se eriza, las palpitaciones del corazón se aceleran y la garganta tiende a cerrarse y por ende a cortar la respiración. Como resultado de todas esas señales homeostáticas, el cerebro decide tomar una posición llena de falsedades como mecanismo de defensa. Ese proceso lo consideramos totalmente natural e inconsciente. Por eso es que la represión es el mecanismo de defensa encargado del complejo símbolo de la muerte para la mayoría de las personas.
Recientemente, psiquiatras y psicólogos han anunciado con gran preocupación un violento aumento de casos de neurosis por ansiedad en niños como consecuencias de la pandemia de Covid-19. Para estos niños, el descubrimiento de que la vida realmente incluye peligros catastróficos ha sido demasiado para sus sistemas de represión aún imperfectos, y por ello, los numerosos ataques de ansiedad que se han registrado. Con los adultos, vemos esa manifestación de ansiedad ante catástrofes inminentes, en forma de ataques de pánico como ha sido, recientemente, por el caso de la invasión de Putin a Ucrania.
En conclusión, podemos decir que así como el mecanismo de represión emocional ha sido una ayuda invalorable como primera línea de defensa ante la miserable condición humana, ahora se hace obligatorio encontrar otros mecanismos que nos ayuden a vivir menos ansiosos. Nadie puede objetivamente ser capaz de sugerir cuál podría ser uno solo de esos mecanismo. Lo que si podemos hacer es soñar y jugar con cuál podría ser uno:
Imaginemos que se organiza y pone en funcionamiento un cuerpo de científicos internacionales integrado por las mentes líderes en todos los campos de las ciencias naturales y sociales, trabajando bajo una teoría general acordada sobre la infelicidad humana.
Ese cuerpo de científicos revelaría a la humanidad las razones de la condición humana y de su derrota autoinducida;
Explicaría cómo cada sociedad es un sistema heroico que encarna en sí mismo una dramatización de poder y penitencias, y cómo esto es a la vez su principal belleza y su demonismo destructivo;
Nos diría cómo los hombres nos condenamos entre nosotros mismos tratando de traer pureza y bondad absolutas al mundo;
Argumentaría y haría campaña para difundir la falta de carácter de los diferentes sistemas de héroes en la familia de las naciones;
Revelaría públicamente, continuas evaluaciones sobre los costos en que incurre la humanidad por tratar de resolver sus imposibles paradojas;
Finalmente, la labor más importante de ese comité de sabios para la humanidad nos alertaría sobre cada vez que una sociedad determinada está en el umbral de intentar deshacerse de sus culpas y terror a la muerte apuntando sus misiles hacia un específico chivo expiatorio, o lo que es lo mismo un país vecino.
Solo entonces los humanos seremos capaces de incluso trabajar nuestras angustias personales para llegar a un acuerdo con nosotros mismos y con el mundo a nuestro alrededor.
Jdsosa (g) (2022)
