Saturday, March 26, 2022

 La Guerra Cultural por Regresar al Pasado

 

Por José Domingo Sosa, Ph.D.

 

Ibn Khaldun fue un sociólogo, filósofo e historiador árabe musulmán de la edad media que ha sido descrito como un precursor de la historiografía, la sociología y la economía. Pensadores como Niccolò Machiavelli del Renacimiento, Rousseau en la Ilustración, Friedrich Hegel y los eruditos europeos del siglo XIX reconocieron ampliamente la importancia de sus obras. El historiador árabe escribió que los hombre al principio fueron libres e iguales bajo el tribalismo; y ahora crecen bajo el nuevo sistema de la realeza y el estado y por eso imaginan que las cosas siempre fueron así y las aceptan sin quejarse.

 

Karl Marx repitió la misma tesis siglos después: los hombres viven humillados bajo la tiranía y el auto-engaño porque ya no comprenden las condiciones de su libertad natural. Los marxistas todavía hoy pregonan esta filosofía de la historia como la caída de los hombres puros en estructuras sociales corruptas y por ello su rampante enajenación. 

 

Una de las grandes virtudes del hombre como animal pensante y simbólico es que para aliviar su ansiedad natural vive de esperanzas que alimenta a través de las ideas de un mundo utópico de igualdad y armonía que le son muy atractivas. Igualmente le son atractivas las ideas de una vida eterna después de la vida. Las ilusiones no son malas hasta cierto punto. El problema es cuando las ilusiones se convierten en engaños y estafas. 

 

Esa idea de que el hombre es bueno y es el estado y la sociedad en general quienes lo oprimen y enajenan, ha sido totalmente descartada como causa primaria de su condición desde hace ya más de 100 años. Gracias al estudio psicodinámico de esa misma historia ahora la vemos como realmente ha sido en términos psicológicos. Desde el exterior o mejor dicho por afuera, cómo una saga de tiranía, violencia y coerción; y desde adentro, cómo un autoengaño y autoesclavitud.

 

Lo que pasa por dentro es lo que se denomina cómo la trágica condición humana. Los hombres se han puesto las cadenas impuestas por los poderes de sus ancestros muertos, luego los chamanes y caciques, los sacerdotes, los reyes divinos, los jefes de estado y por supuesto ahora los llamados caudillos y líderes carismáticos. Hoy comprendemos la dinámica interna de esta larga historia de autodegradación: los hombres necesitan de lo que Freud llamó cómo la “transferencia” para poder soportar su condición. El hombre se inmuniza contra el terror localizando un objeto en el cual puede proyectar su ansiedad y necesidad de sobrevivencia. 

 

Freud vio que el paciente en análisis desarrollaba un intenso apego a la personalidad del analista. El analista se convertía en el centro de su vida, el objeto de todos sus pensamientos, una completa fascinación. Al ver que se trataba de un fenómeno extraño, Freud lo explicó como transferencia, es decir, la transferencia de sentimientos que el paciente alguna vez tuvo hacia sus padres a la nueva figura de poder en su vida, el psicólogo.

 

Ampliando sus hallazgos en un marco teórico utilizando la transferencia como un mecanismo universal, Freud dirigió su investigación a la psicología del liderazgo y produjo su “Psicología de Grupo y el Análisis del Yo”. En menos de 100 páginas, explicó por qué los hombres eran tan parecidos a ovejas cuando funcionaban en grupos: cómo abandonaban sus egos al líder, identificándose con sus poderes tal como lo hicieron una vez cuando, como hijos dependientes, se sometieron a sus padres. Gradualmente, a través de los trabajos de Adler, Rank, Fromm, Jung y otros, hemos visto un cambio en el énfasis hacia una visión más integral de la transferencia, basada en Freud. De modo que hoy podemos decir que la transferencia es un reflejo de la fatalidad de la condición humana. La transferencia a otro ser poderoso que se encarga del abrumador universo. La transferencia a un poderoso que maneja el miedo a la vida y la muerte.

 

Esa necesidad de creer y seguir a un caudillo liberador y más aun a uno que también es una fuente para la vida eterna ha sido la causa principal de las diferencias entre los hombres a través de toda la historia. Mi líder y sus ideales vs tú líder y sus ideales. Mi vida depende en que mi sistema se imponga al tuyo. 

 

Esa es la guerra cultural sobre la que habla Alejandro Peña Esclusa. El marxismo del Foro de Sao Paulo vs. el ultra conservador Foro de Madrid que él representa. Los comunistas con su ideología colectivista de un paraíso de igualdad entre los hombres vs. los conservadores con su ideología moral del judeo-cristianismo. 

 

El resultado es una de las grandes tragedias de la existencia humana. Es lo que podríamos llamar la necesidad de "fetichizar el mal", la proyección en el chivo expiatorio, o la sombra que nos explicó Carl Jung de ubicar la amenaza a la vida en lugares especiales donde pueda ser aplacada y controlada. Es trágico precisamente porque generalmente es una acción arbitraria: los hombres se hacen fantasías sobre el mal, lo ven en los lugares equivocados y se destruyen a si mismos atacándose inútilmente.

 

Ambas alternativas siguen cayendo en la transferencia colectiva de sus individualidades en otro ser o seres. Continúan peleando por la hegemonía de un error. Lo correcto sería que todos lucharan por la libertad individual en donde no se adora a nadie que no sea algo distinto que la tolerancia. La tolerancia por la libertad y diversidad de todos. 

 

Desafortunadamente esos líderes en conflicto permanente en esa guerra cultural, no caen en cuenta que mientras se matan entre ellos, el mundo ha ido progresando a pasos agigantados. Los asombrosos avances tecnológicos de hoy son solamente una representación parcial del individualismo triunfante a pesar de todos los esfuerzos de los movimientos colectivistas del marxismo y las religiones invasivas por regresar al pasado. 

 

Putin y su invasión a Ucrania representa esos mismo valores que tratan de imponer las partes en el conflicto de la llamada guerra cultural entre marxistas y la extrema derecha creyente. El común denominador de todos ellos es el temor a la individualidad que cada quien tiene por sus libres preferencias. Preferencias de credo, sexo, género, ocupación, planificación familiar, movimiento inmigratorio y en fin la preferencia por el respeto hacia la tolerancia e integridad del carácter de los demás. Ese es el camino hacia el progreso que Ucrania representa y que Putin tanto teme.  


Tuesday, March 22, 2022

Reflexión sobre el Poder del Héroe 

Por José Domingo Sosa, Ph.D.


Por principio respeto las decisiones o preferencias de los demás en como llevar sus vidas. Sus preferencias y decisiones personales no son de mi incumbencia o ámbito mientras no afecten mi vida. 


No obstante, confieso que poco entiendo a las personas que se entregan a la protección de una jerarquía con seres invisibles. Menos aun cuando dentro de esa jerarquía existen intermediarios mortales que transmiten e interpretan para ellos los mensajes del ser supremo. Algo así como adorar a un ser invisible en ocasiones representado por uno visible.


Para mi es imposible no hacer un juicio sobre esa forma de vida tan distinta a como siento y entiendo la realidad de la existencia. Definitivamente que vivir y perservarse, significa para todos sin excepción, hacer juicios constantemente. 


Por aquello de la ley de la reciprocidad, esas personas a las que yo poco entiendo les debe resultar difícil también entender mi ausencia de protección divina. No los culpo y por respeto al juicio de ellos opto por no discutir estos temas que tanto nos diferencian. 


Igualmente no logro entender aquellas personas que hacen carrera profesional como militares. En fin no siento respeto por todo lo que implique una jerarquia rígida y servicial de tipo religioso o secular. 


El sabio Rousseau no dispuso en el siglo XVIII de los avances de la psicología moderna y por ello erró cuando dijo que el hombre nace libre y luego es encadenado por la sociedad. Hoy en día gracias a los avances de la psicología moderna y otras ciencias del hombre sabemos que este no nace libre y nunca lo llega ser. Cómo dijo Otto Rank, el hombre nace en busca de autoridad y en esa busqueda construye su prisión. 


Siento que quienes no luchan contra esa condición sumisa por la autoridad y jerarquía, adoptan para ellos una posición de tercera clase. Definitivamente que tiene que ser así cuando los de primera son seres inmortales y los de segunda santos, héroes y poderosos. Y para colmo llaman a eso humildad. 


De hecho, de acuerdo a la antropología y el psicoanálisis la historia de la humanidad es un relato sobre las jerarquías de sapiens que comenzó en la conexión primitiva con entes invisibles y de allí en adelante se generó la sociedad estratificada de clase. Es decir, nuestra afición religiosa nos viene desde tiempos pre-históricos y ella engendró “la sacralidad de las distinciones de clase”. No hay otra forma precisa de hablar. Lo que comenzó en la religión sigue siendo religioso.


Todo poder es, como dice Brown, poder sagrado, porque comienza en el hambre de inmortalidad; y termina en la sujeción absoluta a personas y cosas que representan el poder de la inmortalidad.


Con el tiempo la jerarquía de clases y castas se transformó en expresión de poder y desde entonces es el poder lo que todo ser humano persigue. El poder como fuente para enfrentar la vida y la muerte también. El poder es el pulso de la vida que ha sostenido al hombre en todas las época, y a menos que entendamos como se obtiene y cuales son esas fuentes de poder, nunca podremos comprender al hombre, la sociedad y su historia. 


Resumiento: la historia de la "caída" del hombre dentro de la sociedad estratificada se puede hilvanar en torno a las figuras de Dioses y héroes, porque son ellos quienes ostentan el poder que el hombre, como organismo,  desea para perseverarse y hacerse inmortal. 


El hombre busca su inmortalidad no tanto por el miedo a morir sino por el terror de morir sin haber logrado algo importante en su vida. La alternativa a una vida ausente de creatividad, poder y logros relevantes es entonces aquella que solo busca alcanzar la otra vida eterna y celestial.  Una opción más fácil de lograr ya que solo requiere, sumisión, buen comportamiento y lealtad a la fe. Por eso el hombre de segunda y tercera se llena de humildad, se aferra a su fe y lucha consigo mismo reprimiendo su naturaleza.


Como resultado de lo anterior vivimos en un mundo neurótico de seres desesperados llenos de culpas y miedos buscando poder, incapaces de obtenerlo y por eso presas fáciles de vicios y mitos. 


Por todo lo anterior, Carl G. Jung dijo que el hombre que trabaja por su individuación, p.e. el artista, aquel que puede crear alejándose de idolatrías, vicios y mitos podrá trascender su cruda naturaleza humana y así aliviar sus miedos innatos u ontológicos para llevar una vida creativa, auténtica, responsable y equilibrada. 


J.D.Sosa (2022) (F)  


Monday, March 14, 2022

La Utopía del dicho “ Aquí Todos Somos Igualitos"


Ese dicho es lo más lejano de nuestra realidad y peor aún de lo posible. No obstante, es verdad que cuando estábamos en el colegio todos éramos bastante parecidos.  


Nos parecíamos porque todavía no habíamos salido del capullo. Éramos todos vecinos en un pueblo grande. Y desde los cinco años y hasta que salimos del colegio, Cocoon, vivimos juntos todos los días bajo un sistema homogéneo. 


Pero el día del acto de graduación eso terminó y la nueva etapa que emprendimos comenzó a socavar mucho de ese parecido. Fuimos lanzados a volar.  Desde entonces cada uno en privado se ha enfrentado a una realidad íntima y única. 


La providencia es grande y nos ha ido marcando de diferente formas. Los filósofos se refieren al tiempo y al espacio; los teólogos añaden la figura del creador.  Entre tiempo, espacio y espíritu hemos sido transformados como las arenas de playas por el continuo golpe de las olas. 


Han pasado 50 largos años desde entonces y aunque queramos usar nuestro más hermoso tesoro, nuestra capacidad simbólica para representarnos como iguales cuando estábamos en el colegio, la realidad es que sería un bonito mito que poco ayudaría a la auténtica convivencia. 


Empecemos entonces por reconocer que estos 50 años nos han hecho diferentes. No creemos en lo mismo. Nuestras visiones del mundo son distintas. El intelecto y el mundo material al que cada uno de nosotros ha tenido acceso ha sido diferente. 


Eso ha sido así hasta ahora y a pesar de ello nos aproximamos a una etapa en donde todos seremos iguales nuevamente. Pero esa próxima etapa no la conocemos y da mucho miedo. No es inocente ni es un comienzo. Es la última de todas las posibilidades. 


Además nos agarra con mañas, temores y sobre todo débiles y cansados. Por eso pienso que debemos ser muy reflexivos y ayudarnos los unos a los otros a transitar esta próxima etapa. 


¿Qué tal sería limitar nuestra individualidad y libertad de impulsos que en el fondo sabemos siempre pueden ofender a los demás que piensan distinto? ¿Qué sentido tiene hacer proselitismo político o religioso entre nosotros mismos? 


Existen tantas cosas buenas que podemos compartir y no hacen daño a nadie. Cada vez que alguno de nosotros muestra con orgullo aquí su ascendencia o descendencia, si la tuvo, todos lo celebramos, nos produce alegrías y más ganas de compartir. Cada vez que observamos la belleza estética de una imagen nadie discute ni ofende. 


Amigos, hagamos buen uso de las diferencias, no las usemos como manifestaciones de nuestras oscuras sombras. Tratemos de llegar a esa próxima etapa en donde todos seremos iguales en absoluta armonia y hermandad. No nos queda mucho tiempo para hacer de eso una realidad. 


Espero que esta reflexión sea compartida y hagamos de ella un norte para todos. 


JD Sosa (2022)