BORRADOR ver. 1.2
La animalidad humana y el chivo expiatorio
Por: José Domingo Sosa, Ph.D.
Al observar a un caballo nos resalta su belleza y fortaleza como expresión estética de la naturaleza. Igualmente, sí un caballo es de carácter dócil o perverso nadie asocia a seres sobrenaturales divinos o diabólicos como responsables de su condición. Normalmente asumimos que sí el caballo es perverso lo es porque tuvo algún problema en sus comienzos o posiblemente sufrió una mala experiencia en manos de los humanos que lo cuidaron o mejor dicho descuidaron. Pero nunca lo asociamos a un acto del diablo o divino de Dios. No obstante, cuando observamos a un humano destacado por sus superlativas obras buenas o malas, tendemos a asociar sus acciones con Dios si fue un santo o con el Diablo si fue otro Hitler. En otras palabras los hombres giramos, desde los tiempos de la Grecia platónica y aristotélica en una órbita metafísica en la que los animales no participan.
Pero el hombre comparte el 99.5% de su formación genética con los chimpancés y supuestamente la primordial diferencia entre ellos y nosotros radica solo en las dimensiones del cerebro. El cerebro humano tiene un tamaño y capacidad de 1,300 cc que resulta bastante más grande que el de 300 cc de los chimpancés. Esa diferencia ha permitido a los humanos desarrollar a través de millones de años a su civilización, cultura y dentro de esta su ciencia y tecnología. A su vez, la cultura engendró a las religiones y la ciencia parió al psicoanálisis. El psicoanálisis nos ha dado luces sobre cómo por un lado hemos utilizado ese enorme cerebro para la formación de la civilización y por el otro lado hoy sabemos que su contribución histórica más importante radica precisamente en que nos ha revelado también, la dinámica de la miseria humana.
Observemos que tienen que decirnos al respecto tres destacados psicoanalistas como Otto Rank, Wilhelm Reich y Carl Jung. Aclaremos primero que no hay nada que identifique entre sí a estos tres hombres del saber, excepto que los tres disentían de Freud; cada uno tenía su propio sistema metodológico de trabajo y en la mayoría de las veces todos en polos opuestos. Sin embargo, en el fondo de todas sus diferencias está el hecho de un acuerdo unánime y fundamental sobre qué causa exactamente el mal o la maldad en los humanos. Esta no es una coincidencia: es un logro científico sólido que defiende la verdad básica de lo que encontraron estos 3 grandes científicos.
Rank nos dice que como el hombre sabe que es mortal, lo que más desea es negar su propia mortalidad. La mortalidad está relacionada con nuestro lado natural y animal de la existencia; y por eso el hombre hace todo lo que su mente pueda aportar para alejarse de su animalidad. Tanto es así que intenta negarlo por completo. Tan pronto como el hombre alcanzó nuevas formas históricas de poder, se volvió en contra de los animales con los que se había identificado previamente, y todo esto por el simple hecho de que los animales encarnan lo que el hombre más teme, es decir, una muerte sin nombre y sin rostro.
Gracias al psicoanálisis también sabemos que los miedos de los hombres están profundamente enterrados en lo que se llama la acción o el acto de reprimir. La represión proporciona a la vida cotidiana una fachada de tranquilidad y sólo algunas personas manifiestan la desesperación ocasionalmente. La represión es el gran descubrimiento que explica lo bien que los hombres pueden ocultar sus motivaciones básicas incluso a sí mismos.
Pero los hombres también viven en una dimensión de despreocupación, confianza, esperanza y alegría que les da un impulso más allá de lo que la represión por sí sola podría darles. Como nos dijo Rank, esto se logra mediante la ingeniería simbólica de la cultura, que en todas partes sirve a los hombres como antídoto contra el terror, dándoles así una vida nueva y duradera más allá que la que el cuerpo puede darles.
Aproximadamente, al mismo tiempo que Rank documentó sus investigaciones a principios del siglo XX, Wilhelm Reich también basó su trabajo en las mismas proposiciones básicas de Rank. En su obra “La Psicología de las Masas”, Reich pone al descubierto que toda la miseria humana en este planeta se debe a que el hombre trata de ser alguien que no es. En otras palabras, hace todo lo posible para negar su condición animal. Adicionalmente, Reich dice que esa negación es la causa de todas las enfermedades psíquicas, del sadismo, las controversias entre personas amigas y las guerras entre países y religiones. Los principios que rigen la formación de todas las ideologías humanas suenan bajo la misma melodía e idéntico ritmo: 'No somos animales… taraarara. . . "
La teoría dice que el movimiento nazi y su alemán de la raza pura y cualquier otra teoría sobre la superioridad racial de un grupo o nación "tiene su origen en el esfuerzo del hombre por disociarse de su condición animal". Todo lo que uno tiene que hacer es pensar y decir que su grupo es puro, bueno, elegido para una vida plena y con significado eterno. Pero otros, como los judíos, los musulmanes o los inmigrantes africanos son los verdaderos animales, lo están estropeando todo, contaminando la pureza, trayendo enfermedades y debilidad a su vitalidad. Es a partir de ese pensar que se obtiene el mandato de lanzar una política contra la plaga y por eso la campaña para purificar al mundo. Todo esto está en el Mein Kampf de Hitler, en esas páginas aterradoras se describe todo sobre cómo los judíos, en los callejones oscuros, acechan listos para infectar a las jóvenes vírgenes alemanas con sífilis. Hoy lo hacen igual otros nuevos autores en contra de los musulmanes en Europa por un lado y por el otro en USA acusando a todos los mexicano de violadores, criminales y traficantes de drogas.
En mi opinión, nadie ha expuesto estos complejos trabajos psíquicos mejor que Carl Jung a través de su propia forma científica-poética al referirse a la "sombra" en cada psique humana. Hablar de la sombra o todo aquello que el individuo desea negar de sí mismo, es otra forma de referirse al sentido de inferioridad de la condición de criatura. Como Erich Neumann resumió tan sucintamente el punto de vista de Jung:
“La sombra es la expresión de nuestra propia imperfección y terrenalidad, lo negativo que es incompatible con los valores absolutos [es decir, el horror de la vida pasajera y el conocimiento de la muerte]”.
Como dijo Jung, la sombra se convierte en una cosa oscura en nuestra psique, "una inferioridad que existe aunque sólo se le acepte vagamente". Toda persona quiere alejarse de esta inferioridad, naturalmente negándola; quiere "saltar sobre su propia sombra". La forma más directa de hacerlo es "buscando todo lo oscuro, inferior y culpable en los demás".
Neumann concluye que no tenemos que ir muy lejos dentro del expediente clásico y antiguo para descubrir cómo descargar las fuerzas negativas de la psique y la culpa: Se trata del chivo expiatorio. Es precisamente el sentido escindido de inferioridad y animalidad lo que se proyecta sobre el chivo expiatorio y luego se destruye simbólicamente con él. Cuando se comparan todas las explicaciones sobre la matanza de judíos por los nazis, e Irak y armas de destrucción masiva por las potencias de occidente, y se aducen todas las razones, hay una razón que llega directamente al corazón y a la mente de cada persona, y no es otra que la proyección de la sombra. No es de extrañar que Jung pudiera observar, incluso de manera más condenatoria que Rank o Reich, cuando afirmó que: "lo principal y, de hecho, lo único que está mal en el mundo es el hombre".
Finalmente, existe una inmensa cantidad de información en la literatura psicoanalítica, para cualquiera que quiera seguir el intrincado funcionamiento teórico de la psique. Lo maravilloso de la teoría psicoanalítica es que tomó enunciados simples sobre la condición humana, como la negación del hombre de su propia animalidad, y mostró cómo esta negación se basaba en la psique desde la más tierna infancia.
Por todo lo expuesto arriba es que al estudiar al hombre en su proceder cotidiano no debemos hacerlo en forma distinta a cuando contemplamos al caballo hermoso de comportamiento noble o perverso. Por eso es que pensadores como Nietzsche y Heidegger y desde entonces casi todos los otros hombres de ciencia y sabiduría, nos han recomendado a encontrar las razones de nuestro comportamiento estudiándonos a nosotros mismos sin intervenciones metafísicas o intermediaciones sobrenaturales.
J.D. Sosa (2021) P.

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