Jesús de Nazaret y Jesús del Cristianismo
Por: José D. Sosa, PhD.
Algunas personas que han leído algunos de mis ensayos de filosofía y psicología me han pedido qué les explique cuál es mi opinión personal sobre el concepto “El Dios más allá del Dios teísta” que en varias ocasiones he citado. He citado el término como un postulado original del teólogo de teólogos del siglo XX, el alemán-americano Paul Tillich y también haciendo referencia al Cristianismo de Søren Kierkegaard. Nunca me he referido a ese término en primera persona, es decir, qué pienso yo al respecto. En consecuencia, para poder expresar mi opinión personal me siento obligado a explicar brevemente mi experiencia religiosa.
La forma en que me enseñaron el Cristianismo se basó en la creencia incondicional de que cada palabra de la Biblia está inspirada en el Espíritu Santo y en consecuencia en Dios y por eso ella es cierta, literal e inequívoca. Pero en la medida que fui haciéndome adulto comprendí que esa idea es evidente e irrefutablemente falsa, además de que la Biblia está llena de errores y contradicciones, como es de esperarse de un documento escrito por cientos de manos y a lo largo de miles de años.
Con esa contradicción encima, simplemente reprimí el sentimiento y me dediqué como cualquier otro joven adulto, a guardar silencio, desarrollar mi propia familia y profesión de economista por los subsiguientes 25 años. Hacia el final de esas casi 3 décadas tuve la suerte de poder retirarme muy joven y lo primero que hice entonces fue tratar de entender con propiedad y conocimientos claros qué es existir y qué es la vida. Para ello he dedicado, a la fecha de escribir estas notas, dos décadas completas e intensas al estudio académico de la psicología profunda, la religión comparada y la filosofía occidental. Todas estas ramas del saber me proporcionaron, en esta etapa de la tercera edad, una idea bastante más clara del porqué me había decepcionado en mi juventud con la forma en que me enseñaron el Cristianismo. La ventaja que me dieron mis estudios de ahora como adulto viejo es que los hice no como aquel joven manipulable y creyente incondicional, sino como un adulto experimentado, no creyente y completamente dedicado a la realización de un estudio inquisitivo. A continuación solamente menciono 4 hechos que contradicen lo que me habían enseñado en el colegio.
Casi todas las palabras que se han escrito sobre Jesús fueron escritas por personas que en realidad no conocieron a Jesús cuando estuvo vivo. No fueron personas que caminaron, hablaron, comieron y oraron con él. Los Apóstoles eran agricultores y pescadores analfabetos, es decir, no sabían leer ni escribir, por lo que realmente no podían abrazar la cristología, la teología noble sobre quién era Jesús. Ciertamente no podían escribir nada. La tarea de difundir el mensaje del Evangelio fuera de Jerusalén, de crear realmente lo que ahora conocemos como cristianismo, recayó en un grupo de judíos alfabetizados, helenizados y educados en la diáspora; para los romanos, habiendo crecido inmersos en este mundo helenizado, romanizado, el concepto de un Dios-hombre era algo bastante familiar. César Augusto era un Dios-hombre. Lo que realmente vemos en esos 30 años después de la muerte de Jesús es este proceso por el cual esta religión judía basada en un revolucionario judío se convierte en una religión romana, donde Jesús se transforma de una concepción judía de un Mesías a una especie de semidiós romano.
Hubo decenas de personas que caminaron por Tierra Santa afirmando ser el Mesías, supuestamente curando a los enfermos, exorcizando demonios, desafiando a Roma, reuniendo seguidores. En cierto modo, no hay nada único en lo que hizo Jesús cuando incluímos a los otros Mesías. De hecho, muchos de ellos son llamados falsos Mesías que conocemos por sus nombres. Algunos de ellos fueron incluso más famosos en su propia vida que Jesús. Tenían más seguidores que Jesús. Lo que resulta fascinante es que de esa docena de supuestos Mesías en la Palestina del siglo I, sólo uno de ellos todavía se llama "Mesías".
Sólo existía una razón para ser crucificado bajo el Imperio Romano y era por traición o sedición. La crucifixión, tenemos que entender, no era en realidad una forma de pena capital para Roma. De hecho, a menudo ocurría que el criminal era asesinado primero y luego crucificado. La crucifixión fue, en realidad, un disuasivo; era un símbolo obvio para someter a los pueblos de lo que sucede cuando se desafía la voluntad de Roma. Por eso las crucifixiones siempre tenían que ocurrir en lugares públicos: en las encrucijadas, en los cerros, a la entrada de las ciudades. Por eso, la crucifixión era un castigo reservado, únicamente para los delitos más extremos, los delitos contra el Estado. Es por eso que si realmente queremos saber quién era Jesús y lo que quiso decir, deberíamos comenzar no al principio de la historia, con él en un pesebre, sino al final de la historia, con él en una cruz. Porque si Jesús fue de hecho crucificado por Roma, fue crucificado por sedición. Fue crucificado porque desafió la ocupación romana.
Si nos preguntamos ¿Jesús esperaba ser visto como Dios hecho carne?, como la encarnación viviente, la encarnación de Dios, entonces la respuesta es absolutamente no. Tal cosa no existía en el judaísmo. En los 5000- años de historia del pensamiento judío, la noción de un Dios-hombre es completamente anatema para todo lo que representa el judaísmo. La idea de que Jesús podría haberse concebido a sí mismo, o que incluso sus seguidores podrían haberlo concebido, como divino, contradice todo lo que se ha dicho alguna vez sobre el judaísmo como religión.
Las cuatro estrofas anteriores son solamente una pequeña muestra de razones, entre muchas otras más, que me hacen rechazar las enseñanzas del Dios del Cristianismo. En pocas palabras, esos cuatro hechos históricos ciertos son parte de la base estructural de mi escepticismo a las enseñanzas religiosas del Cristianismo. Sin embargo, debo confesar que mientras más aprendía acerca de Jesús el hombre, Jesús de Nazaret, la figura histórica, más me atraía. De hecho, en cierto modo, Jesús de Nazaret se volvió mucho más real para mí que Jesús el Cristo. El hombre que hace 2000 años inició un movimiento y desafió la voluntad del imperio más grande que el mundo haya conocido es alguien a quien definitivamente yo admiro. Jesús de Nazaret terminó cautivándome por su vida y sus enseñanzas de humildad, caridad y compasión.
El psicoanálisis ha demostrado que los seres humanos somos una paradoja existencial que vive bajo profundos sentimientos de ansiedad y culpa. Un cuerpo animal débil y vulnerable con una mente prodigiosa capaz de crear maravillas y extravagancias para bien y para mal. Esa dualidad ha empujado al hombre, a través de su historia, a formar una cultura que lo ayude a protegerse y poder sobrellevar su ansiedad. Por eso es que siempre oímos que el ser humano es un ser religioso por naturaleza. Es decir, busca religarse con sus pares en busca de sosiego.
Paul Tillich destacó la necesidad ontológica del ser humano por hacerse de coraje para poder existir. Y la fuente de ese coraje, dice Tillich, se obtiene en la fe en ese ser que él llamó “el Dios más allá que el Dios teísta''.
Yo estoy convencido de que la vida es un misterio, el hombre es un ser religioso y por ello necesita alcanzar esa trascendencia que lo ayude a calmar sus angustias. He encontrado una profunda resonancia en las enseñanzas de Tillich y por eso creo que el Dios más allá del Dios teísta es el mismo Dios de Spinoza absoluto e inexplicable. No es una tarea fácil conectar con ese Dios heterio sin imagen, sin iglesia, dogmas y curas. Por eso he adoptado a Jesús de Nazaret como la imagen que me representa a Dios y como decía Kierkegaard, para ello no se necesitan libros, curas, ni edificios. Es una relación personal, privada y sobre todo espiritual.
Finalmente, debo añadir que otra razón que me hace rechazar a los dogmas del catolicismo es la nefasta actitud de muchos de sus piadosos seguidores. Sobre todo la actitud de aquellos que cuándo uno les expresa, como yo he intentado aquí, en qué creo, entonces se sienten atacados y llegan a decir de la forma más prepotente y arrogante que mi creencia en ese Dios es un ateísmo disfrazado. Esa intolerancia y prepotencia es absolutamente contraria a todo lo que dijo y enseñó Jesús de Nazaret.
J.D. Sosa (2021) (r)

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