Monday, December 21, 2020

El Desafío de Existir

"El Desafío de Existir".


Por José Domingo Sosa, Ph.D.


Ontológicamente, existir es vivir la tensión de buscar respuestas a preguntas fundamentales para las cuales la vida no tiene que decirnos.


Preguntas como, ¿por qué a la gente buena le pasan cosas malas? o ¿por qué a la gente mala le pasan cosas buenas?


¿Por qué mueren niños y algunos dictadores viven hasta entrados los 90 años?


¿De dónde venimos, por qué morimos y a dónde vamos?


Si en 50 años nadie recordará quienes fuimos ¿para qué entonces vinimos?


Esas preguntas y muchas otras no encuentran respuestas en la naturaleza. 


La naturaleza es neutra, no tiene moral, propósito o consciencia. De ella solo nos aprovechamos y a veces ella nos sacude. 


El hombre es el único animal que sabe morirá y además si piensa mucho encontrará que su vida es un absurdo. Es decir, vive entre el horror de la muerte y el amor a la vida. 


Esas preguntas sin respuestas y nuestra obsesión por ellas, consciente o inconscientemente, son la fuente de la ansiedad ontológica de los seres humanos.


Debido a esa condición, el hombre busca desesperadamente aminorar su ansiedad a través de las respuestas que a esas preguntas básicas le ofrece la religión, así como también los avances y utopías tecnológicas; o mediante su adicción a la acumulación material, el entretenimiento y como último recurso la apatía y la vida melancólica. 


No obstante, esas estrategias, el hombre no ha logrado mejorar su convivencia en el planeta y solamente en los últimos 100 años expandió su autoaniquilación hasta niveles nunca antes alcanzados en toda su historia. 


Todas esas estrategias para reducir la ansiedad son lo que Albert Camus calificó como “suicidios filosóficos”. Son a su entender, diferentes maneras de vivir bajo viciosas mentiras que conducen al ser humano a llevar vidas vacías, falsas y neuróticas.


Pero existen salidas efectivas que evaden el suicidio físico o intelectual y que podemos llamar como “desafíos existenciales”.


Es decir, el gran desafío es reconocer que la vida es absurda y como tal nunca encontraremos respuestas a esas preguntas básicas y fundamentales. Pero el desafío también nos dice que, ese absurdo no es un final sino más bien un comienzo a un mejor vivir. 


Mas especificamente, el desafío existencial trata de hacer consciente la ansiedad innata de la vida como algo natural y así evitarnos el suicidio filosófico con corage, con el pleno ejercicio de la pasión, de la visión, del dolor, del miedo y la pena.


Simultáneamente el desafío nos empuja a que abracemos a la vida con sinceridad, humildad, compasión y admiración por uno mismo, la naturaleza, el amor por los demás y todo bajo un profundo sentido de misterio milagroso. 


Esa es la imagen que conocemos de un Sísifo feliz llevando la repetición y futilidad con una sonrisa que nos revela su claro goce y aceptación del misterio en que vive. 


J.D. Sosa (2020) (g)


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