Monday, December 21, 2020

La Verdad Subjetiva de Søren Kierkegaard


“La Verdad Subjetiva de Søren Kierkegaard”




Por: José Domingo Sosa



La verdad es la verdad y poco espacio queda para la discusión. Sin embargo, existe otro tipo de verdad y para evitar confusiones la verdad de siempre pasó a ser denominada como “verdad objetiva”. La verdad objetiva es entonces aquella verdad que se confirma por consenso a través de un proceso de tipo empírico, lógico o abstracto como en el caso de las matemáticas en las ciencias naturales. Dos más dos son cuatro y por lógica abstracta se afirma que esa operación aritmética es una verdad objetiva. 



Sin embargo, otro tipo de verdad es la verdad personal, individual o íntima. En la vida enfrentamos situaciones directas y de primera mano que no podemos explicar a través del raciocinio lógico, la observación empírica o el análisis abstracto. Pero por más subjetivas que sean las experiencias personales, las mismas no dejan de ser verdades.



Cuando a Louis Armstrong le preguntaron ¿Qué es el jazz?, contestó que quien pregunta eso nunca entenderá la explicación. El jazz es una experiencia personal, íntima que se siente, no se razona o explica. Ese tipo de verdad es lo que Kierkegaard llamó, Verdad Subjetiva.  



Según Søren Kierkegaard (1813-1855), la mayoría de las verdades importantes en la vida son verdades subjetivas. Las actividades de nuestra cotidianidad son generalmente simples actividades físicas y mentales que realizamos individualmente o en colaboración con otras personas que rara vez requieren consenso. En otras palabras, las experiencias personales  de la vida diaria no son verdades objetivas pero si son verdades subjetivas. 



La verdad objetiva es perfecta para los procesos biológicos, químicos y físicos pero es muy pobre para entender al ser humano en sus capacidades y conflictos existenciales. 



Un ejemplo concreto que nos puede ayudar a entender la diferencia entre la verdad objetiva y la verdad subjetiva es preguntándonos cómo sabemos que vamos a morir.  



Desde la perspectiva de la verdad objetiva, sabemos a través de la observación empírica que todos los seres humanos eventualmente mueren e igualmente también sabemos que somos humanos. Si con esas dos premisas componemos un silogismo aristotélico, entonces podemos inferir que es una verdad objetiva que moriremos. 



Sin embargo, la verdad subjetiva de nuestra muerte es algo bastante más realista que la muerte entendida desde el ángulo de la verdad objetiva. La muerte es algo personal y hasta palpable, si tratamos de entender qué es a través de señales como la siguiente: ……..una corriente subterránea, fría que nos empuja hacia el horizonte en donde se encuentra una especie de abismo final……  o mejor algo así de Shakespeare,




…   llórame tan sólo

mientras escuches la campana triste,

anunciadora al mundo de mi fuga

del mundo vil hacia el gusano infame. 

si acaso miras estos versos

cuando del barro nada me separe,

ni siquiera mi pobre nombre digas

y que tu amor conmigo se marchite,

para que el sabio en tu llorar no indague

y se burle de ti por el ausente.



Entender la verdad de nuestra mortalidad de esa manera es un reto bastante más personal y sensible que simplemente explicar nuestro final desde el punto de vista lógico o empírico. La muerte como verdad subjetiva acarrea que uno esté disponible a expandir el límite de su significado al punto que simultáneamente nos haga entender también, la verdad de qué significa la vida.  



Para Kierkegaard la verdad  auténtica  de la vida religiosa puede entenderse a través de la relación de la fe y Dios. Tener fe en Dios no se logra mediante una introspección de observaciones empíricas con argumentos lógicos como de hecho intentaron hacer San Agustín y Santo Tomas de Aquino explicando al cristianismo con argumentos de la racionalidad platónica y aristotélica respectivamente. 



La fe en Dios es un asunto subjetivo que implica un sentimiento personal e íntimo tal cual como sería reconocer la muerte, una realidad moral, enamorarse o seguir ciegamente algún propósito en la vida. Todas esas causas son subjetivas pero también son absolutamente verdaderas. 



Todas esas verdades subjetivas acarrean una tremenda carga emocional de incógnitas que irritan a muchas personas arraigadas en el campo secular científico y también entre grupos que se hacen llamar religiosos. 



La conversación sobre qué es verdad, y cuáles son las verdades relevantes, produce reacciones emocionales muy significativas que rara vez pueden ser limadas entre los grupos seculares y religiosos. La razón principal por la que esas discusiones siempre fracasan se debe a que las verdades subjetivas sólo pueden verificarse a través de experiencias y/o percepciones que son exclusivamente de naturaleza personal. 



La Fe religiosa es para Kierkegaard una relación íntima con dudas e incertidumbres que solamente puede ser real para el valiente Knight de la Fe o Caballero en contraposición al fanático piadoso que hace creer que Dios existe exclusivamente como un objeto equivalente a una verdad absolutamente objetiva. 



Para Kierkegaard la duda sobre la Fe no es algo negativo, al contrario, para él es parte integral del poderoso valor que tiene la verdad subjetiva. Más aún, la vida religiosa requiere entrega y auténtica pasión interna en contraposición a la cómoda y presumida superioridad de la absoluta certeza bajo el manto de verdad objetiva. 



La auténtica fe cristiana es una experiencia interna subjetiva, vulnerable, riesgosa que no es visible desde el exterior del Knight de Fe. Por ejemplo uno puede representar el estereotipo Cristiano y en el fondo no experimentar la esencial experiencia íntima de relacionarse con Dios. Es común ver a uno caer en la trampa de creerse cristiano solamente porque nació y creció en el seno de una familia y cultura de esa fe o simplemente porque nunca pensó en otra posibilidad o porque pasó toda su vida actuando en una forma ciega y mecánica.



No todo el que se hace llamar Cristiano lo es, de hecho muy pocos somos genuinos practicantes de la Fe. Por eso es que Kierkegaard escribió tantos libros sobre el tema  que él sarcásticamente llamó “Cristiandom” o la muchedumbre cristiana.



Pero la pregunta que debemos hacernos es ¿por qué no somos genuinos cristianos? Según Kierkegaard se debe a la vulnerabilidad ontológica que nos hace vivir ansiosos buscando seguridad y transparencia en los temas relacionados con la existencia. Tanto que por eso es que vivimos bajo la influencia absoluta de la paradoja placer y dolor. Consumimos nuestro tiempo buscando actividades y cosas que nos maximizan la felicidad y minimizan el dolor. Este patrón en la forma de vivir es lo que Kierkegaard llamó como el “Modo Estético” de vivir. 



Lamentablemente, el Modo Estético de vivir es una respuesta temporal al acertijo de cómo existir, ya que la búsqueda y consecución de placer es una condición que tiende a disolverse y desaparecer una y otra vez en la misma medida que se obtiene. La búsqueda de la felicidad a través de las verdades objetivas y materiales se convierte en una sucesión infinita de reemplazos de una meta por otra en repetición, hasta que el aburrimiento y el cansancio hace que el hombre colapse. Es a partir de ese momento cuando comienza una nueva etapa de existencia que Kierkegaard llamó como el “Modo Ético” de existir.



El Modo Ético de existir es cuando hacer lo correcto o seguir las normas seculares de qué es ético se convierte en la fuerza, locus o compromiso que le da significado a la vida. Un ejemplo común y universal es el de ser un buen padre con los hijos. Es decir asumir la responsabilidad y presencia ante los hijos que los proteja y les dé todo aquello que sea necesario para el buen desarrollo de ellos. En este sentido el padre abandona su modo de vida anterior de maximizar su búsqueda de placer por el modo ético de lograr lo que es correcto para sus hijos.  



Sin embargo, para Kierkegaard el Modo Ético de existir no es la respuesta final al acertijo del cómo vivir. La respuesta final es el “Modo Religioso” de existir que lleva por objetivo la obediencia a Dios antes de la obediencia a la ética secular. 



Pero es aquí entre estos dos modos de la existencia, es decir, entre el modo ético y el modo religioso que este asunto se complica por todos aquellos aspectos en donde ambos modos coinciden o mejor dicho se solapan.



Para que entendamos la diferencia, Kierkegaard nos presentó una situación extrema en donde ambos modos se enfrentan el uno al otro radicalmente.  Es decir, como el seguir a Dios puede ser contrario a seguir las leyes universales de la convivencia entre los seres humanos.



Esa situación puede verse claramente en el arquetipo que describe la Biblia en Génesis 22. Cuando Dios instruye a Abraham a realizar el sacrificio humano de su hijo Isaac. La ética secular y también los mandamientos nos dicen que no está permitido matar y mucho menos a un hijo. Sin embargo, Abraham es comisionado por Dios para realizar dicho sacrificio. 



De acuerdo al texto bíblico, Abraham se prepara para realizar el sacrificio de Isaac pero en el último minuto se suspende el mandato a través de un ángel enviado por Dios.



En el  acto de seguir a Dios ciegamente, Abraham descartó el sagrado mandamiento ético de no matar o lo que hemos denominado antes como el  Modo Ético de existir. Es así como se realiza el movimiento hacia el Modo Religioso mediante un  “leap of faith” que Kierkegaard denominó la  “Teleológica Suspensión de la Ética”.  



Es aquí en donde una vez más podemos establecer la conexión con la “Verdad Subjetiva” y su diferencia con la verdad Objetiva. El leap of faith es definitivamente un acto necesario para alcanzar la verdad subjetiva. Es un acto como mencionamos anteriormente, que no está determinado ni definido por el empleo de la lógica o la observación empírica. Por esa razón Kierkegaard fue más allá y nos aclaró que eso ocurre por virtud de lo “absurdo”. 



Pero no confundamos el uso de la palabra “Absurdo”. La misma no pretende disminuir el acto de fe. Todo lo contrario, la intención de Kierkegaard fue prepararnos a través de su explicación de los 3 modos de cómo existir, para finalmente presentarnos nuestra tragedia ontológica del terror  y así inducirnos a lo que parece absurdo pero en el fondo es la vía expresa para la salvación. 



Existe la ansiedad y la ansiedad neurótica. De acuerdo a Kierkegaard la ansiedad es Ontológica en los seres humanos. La ansiedad no reconocida con atención y sinceridad es la que se convierte en ansiedad neurótica, en ataques de pánico y en casos extremos en psicosis. 



La libertad del ser humano es la razón intrínseca de su ansiedad natural. Por eso su devenir entre los modos de existencia que Kierkegaard nos explicó. El modo estético, el modo ético y finalmente el modo religioso.  



La filosofía de Kierkegaard es primero que nada una poderosa defensa del cristianismo y especialmente de los valores de la vida religiosa. Igualmente su crítica se constituyó en un fuerte llamado de retorno a la auténtica vida religiosa.  



Igualmente, la filosofía de Kierkegaard contiene una profunda riqueza de observaciones psicológicas. Su psicología penetra regiones muy oscuras de la psique del ser humano y su mayor contribución recae en el hecho de que su trabajo fue la principal inspiración del moderno movimiento existencialista, el cual surgió plenamente después del centenario de su muerte. 



Finalmente, podemos concluir diciendo que cuando leemos un poema, contemplamos una pintura o nos deleitamos escuchando una pieza musical, sentimos algo que es de difícil descripción utilizando palabras. No obstante, uno puede claramente afirmar con certeza lo que uno siente aun y cuando algunas personas no estén de acuerdo. Uno está convencido de que ese poema, esa pintura y esa pieza musical contienen algo que es verdad, único y hermoso. Nuestro estado de éxtasis o rapsodia puede parecer absurdo al vecino que nos observa. Uno no puede demostrarle a nadie esas verdades subjetivas, absurdas para algunos, pero uno sabe desde lo más profundo del corazón que son verdades. 


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