Friday, July 16, 2021

Dios y mi amigo Luis

Dios y mi amigo Luis

 

Mi amigo Luis, insiste en demostrar la existencia de Dios a través de la moral. Según él, si Dios no existiera el mundo sería totalmente inmoral e imposible de vivir. 

 

No solamente afirma eso sino que además se apoya citando, erróneamente, a Dostoyevski diciendo que el extraordinario escritor ruso asentó en su muy exitosa obra Los Hermanos Karamazov  “si Dios no existe todo está permitido”, cuando en realidad el comentario viene de una pregunta que hace el padre de los hermanos Karamazov a su hijo Ivan, al preguntarle ... “¿quiere decir entonces que si Dios no existe podemos hacer lo que queramos? 

 

A Luis se le hace muy difícil poder aceptar que alguien que NO cree en Dios pueda vivir moralmente. En otras palabras, no se puede ser ético y moral si no crees en Dios. Luis me pregunta, ¿si no existe castigo ni recompensa cuándo mueras y pases a la vida eterna, para qué portarse bien cuando puedes hacer en esta vida lo que te venga en ganas? 

 

Mi respuesta para él siempre es la misma, “…mi conciencia me indica hacer el bien, el deber ser, ya que ser moral, es la mejor práctica para llevar una vida sana de espíritu”. 

 

Obviamente, Luis, no me entiende cuando le contesto eso, porque cuando él, de muy buena fé, trata de entender mi comentario, él se remite inmediatamente a Dios. Es decir su conciencia es Dios. 

 

Por eso le pedí ayuda a mi amigo Carlos quien le mete de frente a la filosofía para que me aconsejara cómo puedo utilizar argumentos razonables para explicarle a Luis que una consciencia libre puede actuar moralmente  y no necesariamente ser intermediada a través de Dios. La respuesta de Vicente para mi pedido  fue remitirme a que  leyera al filósofo alemán que cambió el curso del pensamiento occidental a finales del siglo XVIII,  el muy nombrado Emmanuel Kant.

 

    De esa lectura resulta claro que en el sistema kantiano la moral y la libertad son un eje fundamental y que no pueden depender de la creencia en Dios, sobre todo después de que Kant desmonta los argumentos de la existencia de Dios en la Critica de la razón pura. La moral debe ser autónoma. No obstante, una vez que los cimientos de la moral han quedado asentados, se puede mirar hacia dónde conduce ese concepto del deber que propone el filósofo de Königsberg. 

 

En este punto es donde resurge la idea de Dios, no ya como un mero concepto, sino como un postulado suplemento de lo moral. El postulado de la idea de Dios asegura al ser racional finito que las consecuencias de sus acciones sean de acuerdo con la justicia. Pero este postulado genera una serie de problemas entre los que se destaca la tensión entre el formalismo ético y un cierto utopismo, una creencia en un Ser Supremo que asegure un sentido de la historia. La postulación de Dios se basa en una exigencia de la razón finita del hombre, que no puede contentarse sólo con cumplir con el deber, es decir, el caso de Luis. Sin embargo, queda abierta la cuestión de sí esta exigencia tiene que cumplirse y cuáles son los motivos por los que la razón está legitimada a presuponer un autor sabio, santo y justo del mundo.

 

Leyendo estos conceptos, a mi parecer algunos bastante claros y excelentemente explicados pero otros un poco complicados o no tan claros, me acordé que Nietzsche, en su obra La Genealogía de la Moral, le reclama a Kant una cierta ambigüedad en su tratamiento de Dios y la moral. 

 

La crítica que Nietzsche hace a Kant en relación de este tema sobre la metafísica y su fundamentación de una moral eterna, se basa principalmente, en cuatro argumentos. a) Dogmatismo injustificado, b) Dualismo metafísico, c) Ingenuo racionalismo, y d) Falsa universalidad.  

 

En relación al dogmatismo injustificado, para solamente nombrar uno botón aquí, Kant parte que la ley moral es un hecho factual e incuestionable, es decir, un hecho racional cuyo valor no se puede cuestionar y cuya esencia se remite a un mundo suprasensible. Frente a esto, Nietzsche considera que ese planteamiento carece de rigurosidad crítica y de profundidad filosófica.

 

Si bien es verdad que Nietzsche encontró motivos o sus dudas sobre qué quiso decir Kant, también cuesta entender que Nietzsche no haya leído la posterior aclaratoria que hizo Kant a través de un trabajo realizado por su discípulo el otro gran filósofo aleman Johann Gottlieb Fichte. 

 

En su Ensayo Critica de la revelación, Fichte prosigue la línea del subjetivismo kantiano en asuntos de religión. Nuestra moralidad, que nos empuja a tomar decisiones libremente sin que sea necesaria la amenaza del castigo ni promesas de una recompensa futura, es algo tan sublime que puede dirigir la conducta, dice Fichte, como si hubiese una revelación celestial. 

 

Fichte añade, no necesitamos de la fe para ser morales pero, sí lo somos, nuestro ánimo participa de la divinidad; las revelaciones de la religión reciben evidencia sólo desde la altura moral a la que puede elevarnos nuestra acción. Se trata, pues, de una religión post festum, de un ornato de nuestra autonomía. 

 

No es la religión lo que fundamenta la moralidad, sino al contrario: la moralidad, las revelaciones del sentimiento del deber, eso es lo que nos hace receptivos con las revelaciones de la religión. 

 

La revelación religiosa no da validez a la moralidad (con el premio y el castigo, por ejemplo), sino que simplemente le confiere una dignidad suplementaria.

 

Así responde Fichte a una cuestión que quemaba los dedos a muchos de los que se habían manifestado por la filosofía kantiana: a saber, si tiene todavía sentido hablar de revelación a partir de los principios de la filosofía crítica. Fichte contesta esta pregunta con un rotundo sí, aunque pone la condición de que no es la revelación lo que fundamenta la moralidad sino al contrario: la moralidad fundamenta a la revelación.

 

Mi buen amigo, Luis, leyó con atención todos estos argumentos que le envié pero al final me dijo que nada de eso tiene sentido ya que sin Dios no puede haber moral y mucho menos consciencia. La consciencia es Dios y cuando uno actúa mal es haciendo uso del libre albedrío bajo la influencia del demonio. Definitivamente, perdí mi tiempo.

 

En ese mismo momento caí en cuenta que quien es devoto de su fe no es libre de consciencia, o como ellos quieren creer, son libres pero solamente a partir de la revelación de Dios. Pueden decidir que hacer hoy, mañana e incluso hasta pecar, pero esas decisiones son siempre, dentro del marco de lo que Dios nos permite o revela. 

 

Como Kant lo señaló, la única razón por la que podemos mentir, engañar o robar es que otros no lo hagan. El objetivo no es que la consecuencia social de tal elección sea perjudicial, como han argumentado los utilitaristas ingleses (que sostienen que las acciones son correctas si benefician a la mayoría), sino que universalizar la práctica, es decir, universalizar la práctica que todos mientan o roben es una imposibilidad práctica. Si todos mentimos no existe verdad, si todos robamos no quedan objetos para robar. Y para todo eso no existe Revelación alguna y tampoco sería necesaria.  


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