NIETZSCHE Y ALGUNAS DE SUS IDEAS (Part I) *
Por: José Domingo Sosa
Varios de ustedes, mis amigos, han mostrado en el pasado interés en conocer sobre el pensamiento del controversial pensador, Friederich Nietzsche (1844 - 1900). Por eso me he atrevido a organizar estas breves notas extraídas de algunas de sus obras y de otras fuentes. Aspiro poder presentarlas, ante ustedes, en varias entregas. En este texto inicial, me ocuparé solamente de algunos de los planteamientos sobre la libertad del hombre que Nietzsche expresó en su primer libro.
La primera obra importante que Nietzsche publicó fue El Nacimiento de la Tragedia, (1872). En ella realizó un análisis de la libertad y la moral sin basarse en la filosofía y ni siquiera en la historia. Nietzsche, como buen filólogo de profesión que fue, se apoyó para la realización de este trabajo, directa y exclusivamente en las obras de artes del teatro griego y específicamente en las obras trágicas de Esquilo, Sófocles y Eurípides.
La razón principal de ese enfoque fue, que desde Platón, luego el Cristianismo y hasta el comienzo del Renacimiento, el mundo estuvo absorbido por el control absoluto de la figura de Dios y específicamente por los dogmas del Cristianismo. Por eso, Nietzsche se vio obligado a buscar una referencia anterior al monopolio reinante del Platonismo-Cristiano.
Pero veamos brevemente cómo evolucionó el Platonismo-Cristiano y luego el positivismo de la ciencia hasta la llegada de Nietzsche y su libro El Nacimiento de la Tragedia.
Platón (438 - 348 bc) presentó su filosofía dualista del mundo basada por una parte, en la existencia de un mundo físico-material y por la otra parte, un mundo inteligible de las ideas, los conceptos, las emociones abstractas, el pensamiento y la razón. Este segundo mundo es al que, según Platón, pertenece nuestra alma por tanto es un mundo etéreo, evanescente.
La gran ocurrencia platónica habría sido reparar en que hay dos mundos donde habitualmente solo vemos uno y no sólo eso sino afirmar además, que de esos dos mundos el auténtico, el pleno, el perfecto al cual debemos aspirar es precisamente ese otro mundo inteligible, el mundo de las ideas, el mundo al que pertenece nuestra alma.
Luego el Cristianismo se apoderó del mundo metafísico de Platón y lo convirtió en la salvación del hombre, en la vida eterna despreciando así a la vida material como solamente un paso previo para alcanzar la vida eterna. Por eso fue que Nietzsche calificó al Cristianismo como el Platonismo de los pobres y débiles. El Cristianismo sustituyó la superación intelectual promovida por Platón, con la fe para así lograr alcanzar la vida eterna. En otras palabras, no es necesario mucho esfuerzo, solamente se necesita realizar un acto de fe.
Pero ya en el siglo XVI, las ciencias exactas de las matemáticas y la física empezaban a regresar el sentido de la vida al planeta a través de un control físico material por las leyes de la misma naturaleza. Las demostraciones empíricas comenzaban a reafirmar al hombre al plano terrenal, a la realidad física y a una esfera totalmente controlada por las leyes naturales. Se empieza a creer, entonces, fuertemente que el hombre no es libre en este mundo.
Fue en gran parte por el trabajo de Galileo y Kepler (s. XVII), que el mundo se convirtió en un entramado de relaciones causa-efecto que se formularon matemáticamente. Este entramado de deducciones limitó el campo de la libertad. Al punto que tanto Spinoza y también Descartes explicaron sus filosofías empleando teoremas geométricos.
Los avances de las ciencias naturales continuaron evolucionando durante todos esos siglos hasta llegar a un punto culminante con el descubrimiento de la gravitación universal por parte de Isaac Newton (siglo XVII).
Para los grandes pensadores de entonces, las demostraciones matemáticas de Newton determinaron que el mundo era como una máquina o mejor dicho como un mecanismo que funciona obedeciendo ciegamente leyes precisas y exactas para su acontecer. Con sus fórmulas matemáticas, Newton parecía que sellaba la visión mecanicista y determinista del mundo.
En otras palabras, desde Galileo y hasta la llegada de Newton, la dupla filosófica y religiosa compuesta por el platonismo y el cristianismo, respectivamente, había perdido el dominio que habían ejercido sobre la civilización desde antes de Cristo y posiblemente hasta el Renacimiento.
Esto planteó un serio inconveniente a los filósofos porque figuras tan relevantes como Kant (s. XVIII) y luego Schopenhauer (mediados del s.XIX) se vieron obligados a asumir en sus filosofías, que en efecto no existe libertad en el plano del acontecer del mundo empírico. Todo es exacto y determinado por las fuerzas y leyes de la naturaleza.
Por eso, sí el hombre no tenía realmente libertad entonces ni la moral ni el derecho pueden aplicarse a ellos, debido a que no existe necesidad para tal cosa. Si el hombre no es libre tampoco es responsable.
Ante esta realidad, a estos dos grandes filósofos sólo les quedó la opción de adoptar la vieja y anacrónica solución metafísica y teológica que se había dado durante siglos. Es decir, que en el mundo los seres humanos coexistimos entre dos realidades. Por un lado la realidad material-empírica y por el otro lado un nivel de realidad supra empírica o dicho de otra forma, un mundo sobrenatural. De esa forma le regresaron al hombre su libertad nuevamente al alma.
Ante este escenario donde la ciencia nos arrincona ante la realidad material de nuestras limitaciones; la religión y la filosofía transfieren la libertad verdadera a un plano sobrenatural, Nietzsche se enfrenta a la ciencia, la religión y la filosofía, diciéndoles entonces, que serán las obras de la tragedia griega en donde conoceremos nuestra realidad. Es decir, en aquellos artistas que crudamente describieron las realidades de la vida sin prejuicios o agendas de control como nos lo demuestran la ciencia, la filosofía y la religión.
Según Nietzsche, en las tragedias griegas ni el mundo ni nuestra existencia tienen sentido o mejor dicho, sólo podrían tener el sentido que nosotros les queramos dar porque, lo que se representa en ellas son incestos, parricidios, asesinatos, y en fin desgracias y catástrofes de todo tipo.
Lo que se representa, en otras palabras, son los aspectos de azar, indeterminación, lucha, sufrimiento y destrucción. Todos estos aspectos forman parte de la estructura del mundo y de la existencia. Posiblemente lo más importante es que todas esas representaciones se hacen con la intención de no tratar de transmitir propósitos morales o aleccionadores.
En otras palabras, esas obras no intentan manipular a la audiencia con culpas o como ejemplo de las penalidades que tenemos que padecer por un supuesto pecado original o por cualquier otro motivo. Las tragedias presentan esas aberraciones como posibilidades mismas del funcionamiento propio de la vida y por tanto como posibilidades del ser y del acontecer de este mundo, mostrando como inseparable los procesos de creación y de destrucción.
Las tragedias invitan a tomar conciencia y aceptar la vida con coraje y valentía es decir, sin auto engaños ilusorios de salvación y de redención. Por esa misma razón las tragedias no tienen por qué ser ningún motivo para el pesimismo ni ninguna invitación a la resignación o al fatalismo.
Nietzsche dijo que, esas representaciones resultaban ser para los griegos un estímulo para su endurecimiento, un tónico para auto fortalecerse, auto superarse personalmente porque el acto en escena es un ejercicio heroico de la libertad.
El acto heroico de la libertad que se representa en esas obras de arte consiste en tratar de enseñar el funcionamiento del mundo como una lucha de fuerzas ciegas en continua confrontación de unas con otras. Tanto en el nivel de los fenómenos naturales como en el de los humanos, es decir, en la sociedad y en la historia. Los seres humanos estamos insertos en esa lucha como una más de las fuerzas y acciones que componen el mundo.
En otras palabras, las decisiones de los hombre en su lucha constante tienen un efecto en el acontecer del mundo físico de la sociedad y de la historia. Los hombres no actúan obedeciendo fatalmente a un determinismo procedente de la ley cósmica o del destino.
El efecto estético de la catarsis trágica se debe justamente a que el héroe resiste a su destino que amenaza con aplastarlo. El héroe se enfrenta con su voluntad activa de superación al destino que quiere modificarlo. Una voluntad que se opone a la resignación pasiva y fatalista.
El héroe de la tragedia por tanto lucha contra las fuerzas que se le oponen sin que en el argumento de la tragedia está decidido de antemano si serán estas fuerzas las que vencerán o será el héroe el que las vencerá a ellas.
Por todo lo anterior podemos concluir que el ejercicio de la libertad humana forma parte de la estructura del mundo, de la sociedad y de la historia.
Nuestras acciones y nuestras omisiones pueden modificar el mundo porque tienen una
eficacia real en lo que puede suceder.
El hombre es por tanto libre porque depende de él decidir en esa lucha dentro de ciertos límites. Siendo más específico, Nietzsche nos explica que esa libertad no es un asunto natural sino más bien algo posible para los hombres.
En la práctica o en el terreno de los hechos, no todos los seres humanos son igualmente libres. Unos son libres y otros sencillamente no lo son. Nietzsche aseveró que la libertad es un privilegio exclusivo de aquellos con naturalezas fuertes y nobles que cultivan la disciplina, la autoexigencia y el autodominio.
La libertad no es algo con lo que nacemos y que poseemos como una propiedad de nuestra naturaleza. La libertad es algo que hay que ganarse enfrentándose a los desafíos y a los retos de la vida fortaleciéndose con esa lucha y entrenando para vencer dificultades.
Las naturalezas débiles por el contrario son las que no quieren ser autónomas ni libres y por eso renuncian a esa lucha. Se subordinan a distintos amos, a los que obedecen como las ovejas de un rebaño, dice Nietzsche.
Y Nietzsche agrega, cuando un hombre siente la necesidad de que se le tengan que dar órdenes, entonces, es cuando se vuelve un creyente y a la inversa se puede pensar que un espíritu libre y fuerte es aquel que se despide de toda creencia de todo deseo de certeza y seguridad y que se lanza a bailar hasta el borde de los abismos.
A partir de este concepto de la libertad y la distinción de cómo unos hombres pueden alcanzarla y otros no, es el punto de partida para que Nietzsche en sus subsiguientes tres obras nos explique la relación de la libertad del hombre con su moral. En otras palabras, como la cultura occidental se formó a través del Cristianismo y la filosofía en una sociedad nihilista. Es decir la negación de la vida a través de una moral falsa.
Continuaremos !!!!!

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