Friday, February 26, 2021

Nietzsche y Algunas de sus Ideas (Parte II)

Nietzsche y Algunas de sus Ideas (Parte II)




Por: José Domingo Sosa


Continuación: 


En la primera parte de esta serie sobre “Nietzsche y algunas de sus Ideas”, concluimos diciendo que la libertad es parte esencial de la moral e igualmente esa libertad es algo que no le es natural al hombre. La libertad es solo opcional y únicamente aquellos que luchen por ella podrán alcanzarla. También dijimos que Nietzsche se remontó al período de las tragedias griegas para realizar su primera disertación sobre el tema. 


En su estudio de las tragedias griegas, Nietzsche resalta las fuerzas opuestas de la naturaleza perfectamente representadas en esas obras teatrales. Nietzsche asocia las representaciones, formas y manifestaciones del arte griego con  las categorías de las energías apolíneas y dionisíacas acreditables a los dioses del olimpo Apolo y Dionisio, respectivamente.


Nietzsche utiliza metafóricamente  lo apolíneo y lo dionisiaco con dos estados del cuerpo humano como son el sueño y la embriaguez. Es decir, de estos dos estados surgen creaciones y productos que son de naturalezas distintas pero con propósitos similares, como explicaremos más adelante. 


Cuando hablamos del sueño no es solamente cuando dormimos sino también cuando estamos despiertos imaginando cosas. Esas imágenes o apariencias son lo que Nietzsche asocia con lo apolíneo, es decir, imágenes surgidas de la imaginación.


Apolo era un dios griego de la luz, el sol, dios del oráculos de delfos, dios de las musas y la inspiración poética, artes plásticas, y sobre todo el dios de la civilización. Es decir, era el creador de los sistemas jurídicos y morales, de la medicina y padre de las ciencias en lo general.


El pensamiento racional, que se basa en estructuras lógicas, también es apolíneo. Dado que este impulso tiende a poner las cosas en su lugar, también tiende a individualizar y separar claramente a las personas y las ideas unas de otras.


Para los griegos lo apolíneo tenía dos notas constitutivas y determinantes que son el equilibrio y la mesura. Categorías centrales para la organización de la cultura y hacer posible la vida humana. 


Dicho en otros términos lo apolíneo representa lo que también llamamos el logo. Es la razón universal que podemos encontrar en todos los fenómenos porque todo lo que ocurre,

ocurre por algo. Siempre podemos encontrar unas causas, un motivo de las cosas y esa es su razón. El logos es un principio fundamental de las cosas. Es algo que el ser humano encuentra en la naturaleza.


La categoría de lo dionisianico es totalmente diferente y tiene relación con el estado fisiológico de la embriaguez. Dionisio era el dios griego del vino y la sexualidad. Sobre todo de la embriaguez, pero no solamente etílica sino de la embriaguez sexual. Lo más característico de Dionisio era el estado que producía en los ciudadanos durante las celebraciones para su culto. A través de la música, la danza y el desenfreno perdiendo la consciencia de la individuación y desintegrándose en la embriaguez.


La música es una forma de arte puramente dionisíaca, ya que no atrae nuestra mente racional sino más bien nuestras emociones. El dionisíaco no categoriza y tiende a difuminar los límites entre el yo y la naturaleza.


Nietzsche sugiere que la música folclórica es especialmente dionisíaca y que "también podría demostrarse históricamente que cada período rico en canciones folclóricas ha sido agitado de manera más violenta por las corrientes dionisíacas". Esto explica mucho sobre la década de 1960.


Ese estado de la embriaguez es también un estado creador que produce arte como son la música, la danza, el mimo y la poesía lírica, todos diferente a las expresiones artísticas apolíneas. 


En tragedias griegas como la de Edipo Rey, conceptos espantosos como la muerte, el destino y la injusticia se expresaron de una manera hermosa y ordenada a través de tramas y diálogos. La audiencia vio estos conceptos de una manera dionisíaca, ya que estaban viendo a un personaje principal irreconocible como lo explica el coro.


Esta distinción entre lo apolíneo y lo dionisíaco no son dos fuerzas contrapuestas o enfrentadas sino más bien dos expresiones complementarias. No podemos pensar en uno sin el otro. Ambas expresiones se generan por la fuerza de la creación de los individuos. La potencia de crear es también la potencia por destruir. 


Hacer que estas dos unidades funcionen juntas es difícil, pero no imposible. Nietzsche vio su fusión como ideal, ya que permitió que la tremenda energía frenética de lo dionisíaco se aplicará constructivamente dentro de un marco apolíneo. Pensó que los antiguos griegos, quizás de manera única, fueron capaces de combinar los dos impulsos en su cultura.


La fuerza de la vida que produce en nosotros las imágenes en los sueños es también las fuerza que las desintegra y las disuelve. La misma fuerza de la vida o de la naturaleza que produce continuamente a los seres y los hace desaparecer.


La vida es una fuerza que al mismo tiempo que produce nuevos seres y nuevos mundos, los va desgastando, consumiendo y al final termina por sustituirlos por otros. 


Es decir, es un solo proceso con dos caras. Por un lado la cara de la producción y construcción de formas y apariencias apolíneas y por la otra cara la producción dionisiaca o disolución y destrucción de esas mismas formas. 


El ejemplo más claro sobre el funcionamiento de estas categorías fueron los poemas homéricos. Esos poemas surgen resaltando a los dioses del olimpo no como una religión moral sino como una manifestación estética. No tenían ideales de santidad de moralidad y mucho menos defendían algún tipo de espiritualidad. No predican esteticismo para alcanzar la salvación ni el cumplimiento del deber como si lo hicieran las religiones monoteístas del cristianismo, el judaísmo y la religión musulmana. 


Los dioses griegos no conocían la diferencia entre el bien y el mal, entre el ser y el deber ser. Los dioses griegos tenían todos los vicios y las condiciones propias de los humanos y la única diferencia es que llevaban vidas esplendorosas y privilegiadas además de ser inmortales.


Este modo de ser y seguir a los dioses del olimpo era para tratar de que los hombres se conocieran más a sí mismos y sobre todo para tratar de alcanzar los ejemplos de los dioses que magnifican la naturaleza humana.  


El origen de ese modo de vida realista y ejemplificable a través de los dioses del olimpo surge porque hasta entonces los griegos habían vivido bajo un profundo sufrimiento y vacío de la existencia. Nació como una reacción al pesimismo totalmente expresado por aquella frase horrible y famosa de Cileno,   “lo mejor habría sido no haber nacido pero ya que hemos nacido lo mejor será morirse pronto”, 


Los griegos crearon su culto a los dioses olímpicos para superar el horror de esa forma tan pesimista y  radical de la vida. Imaginada como una fantasía artística. Es decir, que a través de esa visión transfigurada, embellecida y sublimada de lo que es la vida, nos la hace ver como bella y por la tanto como deseable. 


En consecuencia lo que hace el espíritu apolíneo es transfigurar en los dioses olímpicos la existencia humana de una forma artística, poética, aceptable y deseable a los seres humanos. 


Los griegos por tanto se veían reflejados en los dioses olímpicos como si ellos fueran un espejo transfigurador que les permitía ver la vida de una manera diversa configurada con todos los aspectos del lujo, el esplendor y de la belleza.


Delante de los dioses griegos el dolor y el sufrimiento se transformaban  y se convertían en una especie de destino heroico y muerte gloriosa. En conclusión ese culto generaba una conciliación del ser humano con la cruda realidad del horror de su existencia.  


Los griegos conocían muy bien la precariedad de la humanidad en los tiempos pre-olímpicos a través del culto a los titanes, quienes devoraban a sus hijos, las esfinges, las serpientes, en fin, todos esos monstruos que expresaban las fuerzas destructoras de la naturaleza.   


Con el paso del culto pre-homérico y los titanes a la religión olímpica la cultura griega expresa de un modo ejemplar el propósito de superar el horror y el terror para alcanzar la serenidad y la armonía. 


Sin embargo, el arte apolíneo y la religión olímpica no intentan con estética y moderación encubrir, ocultar o borrar de la consciencia, a la muerte.


Para los griegos el mundo apolíneo  del orden, la civilización, la mesura y la razón no son solamente deseables y necesarios sino que también para vivir intensamente el amor a la vida se hace indispensable lo idionisiaco. La experiencia de lo idionisiaco nunca dejó de ser para los griegos tan necesaria e ineludible como la de lo apolíneo.


Tanto fue así, que por ello todos los años celebraban el festival el culto apolíneo representado por las obras de las tragedias de Esquilo, Sofocles y Euripides representando toda esa gama de horrores de la vida en el incesto, parricidio, el asesinato, etc.  No obstante, el horror queda transfigurado a través de los héroes y embellecido en el arte.


Ese fue el tema que Nietzsche trató de argumentar en su tratado de El Nacimiento de la Tragedia reconociendo en ellas como obras que privilegian la combinación de esas dos fuerzas representadas por los apolíneo y lo dionisiaco para enseñarnos el sentido de lo que es la vida. 


La capacidad de Grecia para fusionar las dos ideas no duró para siempre, aunque, finalmente, los griegos se desviaron nuevamente hacia lo apolíneo, para decepción de Nietzsche.


Nietzsche sostuvo que el movimiento de las obras que se centraban en los grandes héroes hacia temas con los que la audiencia podía relacionarse permitió que las audiencias juzgarán a las personas en el escenario y les devolviera la conciencia de sí mismas al ver las obras.


Incluso no siendo nosotros dramaturgos o eruditos clásicos que intentan encontrarle sentido a la civilización griega, estos conceptos pueden ser útiles. Todos tenemos un lado apolíneo y dionisíaco. Si bien muchos pensadores han restado importancia a lo dionisíaco y han buscado promover solo las partes racionales y estructuradas de nosotros, Nietzsche cree que esto no es solo una locura, sino que es perjudicial. Se burla de los que intentan evitar lo dionisíaco, diciendo que:


"Apartarse de fenómenos como las enfermedades populares, con desprecio o lástima que nacen de la conciencia de su propia mentalidad sana. Pero, por supuesto, esos pobres infelices no tienen idea de lo parecida a un cadáver y lo fantasmal que se ve su llamada "mentalidad sana" cuando la vida resplandeciente de los juerguistas dionisíacos pasa a su lado.”


Pero esto no significa que debamos ceder por completo a la borrachera, la locura, el "libertinaje sexual" y el caos ilimitado de lo dionisíaco. En cambio, significa que debemos aceptar esa parte de nosotros que quiere esas cosas y esforzarnos por aprovechar esa energía hacia una meta más constructiva.


Si bien Nietzsche luego descartó su primer libro, las ideas que presentó en él siguen siendo de gran interés. Su comprensión de que todos tenemos fuerzas de la razón, la irracionalidad, la estructura, el caos, el individualismo y la unidad cósmica dentro de todos nosotros informaría más tarde sus intuiciones psicológicas.


Aun y cuando sus teorías sobre la estética podrían no haber sido la respuesta final que estaba buscando, la dicotomía apolínea y dionisíaca sigue siendo una forma útil de ver el arte, la psicología y la sociedad.


En nuestra próxima entrega trataremos de fusionar estas ideas con el tratamiento que Nietzsche le dió a la moral. 












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