Nietzsche y Algunas de sus Ideas (Parte III) *
Por: José Domingo Sosa
Continuación:
En las dos entregas anteriores sobre “Nietzsche y algunas de sus Ideas”, reunimos algunas notas sobre el trabajo del filósofo alemán durante la primera etapa de su vida. Es decir, la etapa en la que se concentró en estudiar el tema de la libertad y la moral a través del arte y específicamente las obras teatrales de las tragedias griegas.
A través de las tragedias griegas, nos dice Nietzsche que podemos conocer como las crueldades e impulsos de la naturaleza humana son enfrentadas por los héroes en un marco realista y orgánico. Es decir, sin la intermediación de nadie y sin juicios morales. Al héroe le corresponde defenderse y hacerse de su libertad a través de dos tipos o corrientes de pasiones.
Nietzsche nos representó esas dos corrientes o metáforas de las pasiones que rigen al hombre como impulsos apolíneos y dionisíacos. Todas las características que definen esas dos fuerzas no son de origen divino o metafísico y Nietzsche sólo las presenta como manifestaciones producto de la naturaleza animal del hombre, y podríamos nosotros agregar, animal con elevada capacidad cognitiva.
En otras palabras, las decisiones de los hombres en su lucha constante por la vida, tienen un efecto en el acontecer del mundo físico de la sociedad y de la historia. Los hombres no actúan obedeciendo fatalmente a un determinismo procedente de una ley cósmica o del destino.
El efecto estético de la catarsis trágica se debe justamente a que el héroe resiste a su destino que amenaza con aplastarlo. El héroe se enfrenta con su voluntad activa de superación al destino que quiere modificarlo. Una voluntad que se opone a la resignación pasiva y fatalista.
El héroe de la tragedia por tanto lucha contra las fuerzas que se le oponen sin que en el argumento de la tragedia está decidido de antemano si serán estas fuerzas las que vencerán o será el héroe el que las vencerá a ellas.
El hombre es por tanto libre porque depende de él decidir en esa lucha dentro de ciertos límites. Siendo más específico, Nietzsche nos explica que esa libertad no es un asunto natural sino más bien algo posible para los hombres.
En la práctica o en el terreno de los hechos, no todos los seres humanos son igualmente libres. Unos son libres y otros sencillamente no lo son. Nietzsche aseveró que la libertad es un privilegio exclusivo de aquellos con naturalezas fuertes y nobles que cultivan la disciplina, la autoexigencia y el autodominio.
La libertad no es algo con lo que nacemos y que poseemos como una propiedad de nuestra naturaleza. La libertad es algo que hay que ganarse enfrentándose a los desafíos y a los retos de la vida, fortaleciéndose con esa lucha y entrenando para vencer dificultades.
Nietzsche agrega, cuando un hombre siente la necesidad de que se le tengan que dar órdenes, entonces, es cuando se vuelve un creyente y a la inversa se puede pensar que un espíritu libre y fuerte es aquel que se despide de toda creencia de todo deseo de certeza y seguridad y se lanza a bailar hasta el borde de los abismos.
La libertad es una pieza fundamental de la cultura y como tal de la moral de esa cultura. La forma en que se funde la libertad en la moral ha sido uno de los temas que más han ocupado, no solamente a Nietzsche sino también a todos los grandes pensadores y filósofos desde tiempos inmemorables.
Hasta aquí nuestro resumen de las dos primeras partes de este trabajo sobre “Nietzsche y algunas de sus Ideas”. Hemos mencionado brevemente algunas de las reflexiones a las que le dió mayor importancia durante la primera etapa de su obra filosófica y que complementa con tres otras publicaciones en esa misma primera etapa de su juventud.
Las tres obras que continuaron al Nacimiento de la Tragedia fueron: Lo Humano Demasiado Humano, Aurora y la Delicada Ciencia. En estas tres obras, Nietzsche continúa con el tema de la libertad y la moral pero ahora lo hace aplicando una metodología diferente enfocada al estudio de la civilización europea.
En consecuencia, Nietzsche se concentra en los valores en que se ha basado y desarrollado la civilización europea a lo largo de toda su historia. La libertad en sus dimensiones sociales, morales y dimensiones políticas, constituye una de las reivindicaciones más importantes del movimiento de la ilustración durante los siglos XVII, XVIII y XIX.
Sobre todo, Nietzsche se concentra en la libertad religiosa frente al dominio eclesiástico de las conciencias y como libertad política frente al absolutismo de los monarcas que habían prevalecido hasta hacía unos pocos años antes. Importante recalcar, también, que antes de los tiempos de la ilustración ya la libertad de conciencia y la lucha contra el absolutismo habían sido los motivos principales de la reforma de Lutero contra la iglesia de Roma desde el siglo XVI.
En su análisis crítico de la moral europea, Nietzsche parte de las enseñanzas de Kant y en particular de su exitoso lema que llegó a ser un eje en el periódo de la ilustración y consistió en que “un espíritu verdaderamente ilustrado sería sólo aquel que por sí mismo desarrolla un pensamiento autónomo capaz de ejercerse en libertad”.
No obstante, Nietzsche piensa que Kant dejó inconcluso su idea, y por eso nos dijo que si verdaderamente uno va ser individualista y desarrollar su propio entendimiento sin la guía de otros, entonces, uno debe desprenderse y liberarse de todos los prejuicios morales que nos controlan desde adentro a través de los comportamientos aprendidos que nos impiden ejercer nuestra libertad en el devenir de nuestras vidas.
Específicamente, Nietzsche se compromete a realizar todo lo que le es posible y necesario para avanzar en su estudio de la moral más allá de donde Kant concluyó.
Es importante resaltar que criticar la moral no es en modo alguno negarla. El objetivo de la crítica de Nietzsche a la moral no es destruirla para defender el libertinaje, la inmoralidad o la moralidad, como algunos autores han intentado insinuar.
Nietzsche insiste sobre la necesidad de dar paso a una nueva moral no dogmática que represente una transvaloración, es decir, un cambio de valores respecto a los que han sido defendidos e impuestos por la moral europea tradicional.
En este sentido el cambio debería consistir justamente en que la moral no se conciba como una moral absoluta, es decir, sobrenaturalmente fundada, sino que se concibe como la diferenciación entre el bien y el mal, entre lo bueno y lo malo en conexión con una específica función social.
La moral es algo absolutamente necesario para la convivencia armónica de los hombres en sociedad pero precisamente por eso no debería ser el ámbito de unos valores sobrenaturales
y absolutos y de unas normas inmutables. La moral no es ninguna cosa avenida del cielo sino simplemente una parte más de la cultura como lo es la ciencia, el arte o la tecnología.
Existen tantas morales como culturas y cada una de ellas ha tenido y tiene su propia y particular evolución histórica. De modo que los conceptos de bien y mal no han sido los mismos en todas las épocas y lugares y eso nos obliga a comprenderlos como valoraciones
épocales al servicio del progreso humano y de la civilización.
Por tanto sin las prescripciones de la moral los seres humanos no habríamos superado el nivel de la animalidad. No habríamos salido del estado natural animal, ni nos habríamos elevado por encima de la animalidad construyendo la civilización.
El hombre dejó de ser animal y se humanizó gracias a la moral. Pero esa superación de la animalidad no ocurrió, como dice Kant, por gracias sobrenaturales y universales con cuyo cumplimiento los seres humanos se espiritualiza y alcanzan su dignidad como personas.
Según Nietzsche, después de considerar su estudio de la moral desde el punto de vista social, histórico y cultural es definitivamente el hombre el que produce los valores. Es el hombre el que los instaura y lo hace mediante un curioso mecanismo circular.
En los comienzos de la historia de la pre-antigüedad (1400 a.c.) se crean unas tablas de valores para ordenar la convivencia y luego la sacraliza atribuyéndole el origen, de las mismas, a Dios para que la comunidad eficazmente las acoja y cumpla. Después con el tiempo se olvida que esos valores fueron creaciones de los antepasados y se consolida esa calificación de valores sagrados.
En la segunda parte del mecanismo circular y una vez los valores sacralizados e incrustados en la sustancia misma de la cultura, entonces, son incorporados por generaciones y generaciones de individuos mediante el proceso de socialización.
Los humanos desde niños dejan de ser animalitos cuando incorporan la moral a través de su educación con dos posibles consecuencias:
La primera es que se desarrollan psicológicamente sanos si esos valores morales en los que se han educado son saludables, es decir, si les ayudan a crecer.
La segunda consecuencia es que se desarrollen llenos de culpa y de neurosis porque esos valores son castrantes y debilitantes.
A Nietzsche le llama la atención que la inmensa mayoría de los filósofos del pasado incluidos Kant, Hegel y otros muchos filósofos modernos, no hayan tomado conciencia de esos procesos sino que hayan seguido defendiendo el carácter sobrenatural y universal de la moral en su versión de moral Cristiana, tradicional y europea.
Resulta inverosímil para Nietzsche que todos esos filósofos hayan tenido la ingenuidad de creer que los valores de la moral son sagrados y dictaminados por el Dios bíblico convirtiéndolos en inamovibles a través de todas las épocas hasta el infinitum.
Por esas razones, Nietzsche acusa a esos filósofos de superficialidad, porque por una parte se declaraba una solemne intención de someterlo todo sin excepción a la crítica de la razón pura, y resultaba luego que siempre dejaban fuera a la moral de esa crítica y a sus fundamentos teológicos que eran en realidad, objetos de fe y a los que nunca aplicaban la crítica racional.
Este es el motivo por el que Nietzsche va a reconocer a Charles Darwin el mérito de haber contribuido de forma importante a liberar al ser humano de ese sobre naturalismo teológico y metafísico para reinsertarse en el devenir natural del mundo del que es parte constitutiva es decir, el ser humano.
Según Darwin el ser humano no es más que un animal más aunque más evolucionado que los demás. Ciertamente por eso la moral debe ser estudiada y comprendida, dice Darwin, a partir de los motivos extra morales que la producen y motivan en función de las necesidades de adaptación de los seres humanos al medio y a la vida.
En consecuencia, el espíritu humano y las distintas esferas de la cultura y entre ellas la moral, no son otra cosa que, logros evolutivos que se van configurando de manera progresiva a partir de ese mecanismo principal que rige la dinámica de la vida.
Otra coincidencia entre Nietzsche y Darwin es que para ambos ese mecanismo que rige la dinámica de la vida no es otro que la lucha por la existencia. La existencia y la vida no son otra cosa que una lucha como ya Nietzsche había concluido de sus análisis de las tragedias griegas.
Darwin a su vez desarrolla su explicación propia del origen natural de la moral a partir de la necesidad que los seres humanos primitivos tenían de sobrevivir y de adaptarse al medio, por eso las características de la moral se habrían configurado en conformidad con esa lucha por la supervivencia.
Cualquier variación de las condiciones de existencia en una determinada comunidad de seres humanos, suponía la modificación correspondiente del contenido de su moralidad y de sus valores.
Nietzsche acepta todo este planteamiento darwiniano sobre la moral pero extrae de ese cambio de rumbo crucial, algunas conclusiones importantes. Por ejemplo, él dice que cuando se examina la moral ya de ese modo científico, o sea fuera de su encuadramiento teológico y metafísico, entonces se la puede intentar superar porque se puede cambiar.
Sobre todo si en nuevas condiciones sociales y culturales la vieja moral se ve que consiste en una fuente de conflictos subjetivos produciendo enfrentamientos negativos entre los individuos. Como sucede cuando la moral en vez de ayudar a los individuos a elevarse a refinarse y a fortalecerse resulta que los debilita, los enferma y los hace infelices.
Como mencionamos antes, todo este horizonte teórico es el que Nietzsche desarrolla en sus obras de la primera madurez y preparan por tanto la que va a ser su filosofía última, la más propia y original de sus obras que escribe después de Así habló Zaratustra.
Entre todas esas obras de su segunda etapa, pensamos que las más concentradas que describen exhaustivamente su obra filosófica particularmente son tres: La Genealogía de la Moral, Más allá del Bien y del Mal y Crepúsculo de los ídolos. Estas tres obras ofrecen una reflexión mucho más ajustada y penetrante sobre nuestro proceso de civilización occidental que además sigue teniendo hoy un profundo interés y actualidad.
En la próxima entrega o número cuatro de esta serie intentaremos cubrir esa otra etapa de la obra de Friedrich Nietzsche.
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* Al final de la última entrega de esta serie, posiblemente la parte 4 o 5, listamos las referencias, fuentes y bibliografía en las cuales nos hemos apoyado para la preparación de todos estos textos.

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