Todos somos medio gays
Pertenezco a una generación que creció bajo el más absoluto y estricto sentido de la virilidad. Al punto que constantemente era necesario y obligatorio demostrarlo en todas sus formas y manifestaciones.
Faltar a ese código de conducta, es decir no ser un hombre viril completo, era considerado una falta grave y hasta correr el riesgo de ser acusado de homosexual. En el mejor de los casos solamente señalado de afeminado, lo cual para todos nosotros era casi que lo mismo que ser un marico o peor aun una marica.
Así fuimos creciendo y repitiendo el patrón de máxima y óptima virilidad hasta que nos convertimos en adultos. Fue entonces cuando simultaneamente viviendo bajo ese esquema de vida claro y raspado, el mundo comenzó a sufrir una fuerte transformación y de pronto los gays salieron del closet y abiertamente mostraban su homosexualidad.
Ese cambio para todos los de mi generación no fue fácil y la mayoría de nosotros mantuvo lo único que sabía y podía hacer de acuerdo a nuestro arraigado condicionamiento, es decir, mantener una posición estricta. En el fondo no los aceptamos aun y cuando nos mofamos diciendo que no tenemos nada en contra de ellos. Todos tenemos conocidos gays y ante ellos mantenemos una posición cordial.
Pero eso es así hasta que a alguien se le ocurra decirle a uno de mis nietos que esa condición es algo que debemos aceptar como algo normal, entonces, puede ser que hasta agreda al perverso atrevido no solamente verbal sino también físicamente por intentar infundir tal perversidad en mis nietos. Todos hemos sido testigos de esas reacciones. Hoy en día es comun ver en las redes sociales como el sólo hecho de ver una carátula de un libro sobre el tema de educación homosexual para los niños sea objeto del más desgarrado ataque sin ni siquiera conocer cual es el texto dentro de ese libro.
Psicólogos y sociólogos han analizado esas fuertes reacciones a través de los últimos 30 años y han llegado a conclusiones por lo demás interesantes. Entre los hallazgos más penetrantes está que bajo nuestra estricta crianza de corte viril fue inaceptable el poder admitir abiertamente cierta admiración física hacia el compañero del colegio buen mozo. Y si nos venía un cierto pensamiento en ese sentido inmediatamente el mismo era reprimído y en consecuencia la correspondiente acumulación de culpas inconscientes. (Singer, June; "Dynamics of Androgyny", pp 161-179)
El solo hecho de inconscientemente llegar a admirar al amigo bonito era otro motivo de culpa e inmediata represión. Obviamente, esos sentimientos de corte estético nada tienen que ver con algún tipo de atracción sexual hacia ellos ya que la mayoría de nosotros hemos tenido muy claras nuestras preferencias sexuales desde temprana edad, cuando aun siendo solamente niños una mujer nos provocó una erección o un sueño húmedo dormido y hasta despierto también.
Pero la crianza e imposición cultural fueron tan firmes que la contradicción y la culpa han ido creciendo dentro de nosotros de tal manera que en algunos casos ahora se manifiesta a través de una profunda y arraigada homofobia. Adicionalmente, y como sucede con todas las fobias, esa específicamente se ha visto reforzada como un objeto/target claro para también proyectar en ella nuestras ansiedades ontológicas.
Cómo sucede con todas las represiones, las mismas van acumulando energía psíquica y por aquello de la "Entropía(*)" buscan una salida o vía de escape o manifestación. En el fondo todos los seres humanos sentimos atracción estética y hasta metafísica por seres de nuestro mismo sexo. En el caso de las mujeres eso siempre les fue aceptado y por eso somos testigos de cómo las mujeres heterosexuales abiertamente demuestran su atracción por sus amigas o no amigas que son bellas y están buenísimas.
Pero eso nunca fue aceptado así para nosotros los hombres. No obstante, en el fondo todos nosotros de una u otra forma lo hemos sentido y aquellos que lo siguen negando solo alimentan su represión por miedo a sentir una cosa tan ordinaria y común como es aceptar que la admiración física de un hombre por otro hombre nada tiene que ver con sus preferencias sexuales y que en la vida existe de todo y lo especialmente negativo en ella son los tabúes por una deformación en la crianza.
En consecuencia, nos corresponde reconocer nuestros tabúes y represiones culturales para entonces atender con paciencia y claridad las transformaciones que el mundo ha ido conociendo haciendo uso de su extensa epistemología científica y humanista para así evitar la imposición emocional por causa de mentes reprimidas.
Moraleja "atacar las vainas relacionadas con los gays es negar que en el fondo todos somos medio gays"
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(*Entropía. Principio de entropía (similar a la segunda ley de la termodinámica). La distribución de energía en la psique busca un equilibrio o equilibrios. El estado ideal del yo es equilibrado, pero no libre de conflictos.

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