“Crítica de Nietzsche a la Ontología Kantiana de la Moral”
BORRADOR
Por: José Domingo Sosa
La crítica de Nietzsche a la ontología Kantiana de la moral es profunda y filosófica. De hecho este es un tema donde Nietzsche le demuestra a muchos críticos que lo quisieron etiquetar de todo menos de filósofo lo mucho que él puede hacer cuando se enfoca en un tema tan filosófico como lo es el tema de la moral.
A Nietzsche lo quisieron etiquetar como solamente un filólogo, literato y hasta como psicólogo antes que aceptarlo como filósofo. No obstante, en la discusión que Nietzsche hace sobre Kant, encontramos un excelente ejemplo de lo que él puede hacer como filósofo.
Los libros de Nietzsche en los que directamente se refiere al tema de la moral kantiana son; La Ciencia Jovial, El Anticristo, Más allá del bien y del mal, La Genealogía de la Moral y en el libro el Crepúsculos de los Dioses, el maravilloso capítulo sobre la Moral y la Naturaleza.
Debemos empezar por reconocer que Nietzsche realizó un extenso trabajo y crítica positiva sobre la “Crítica de la Razón Pura” de Kant y en especial a su conclusión de que la Metafísica no es posible como ciencia. Aunque, Kant al final no sostuvo esa conclusión para así crear un gran desencanto en Nietzsche.
El cuestionamiento crítico e histórico que Kant hace sobre la metafísica se remonta hasta los Sofistas, pasa por los Escépticos, continua con los Nominalistas de la edad media, hasta llegar a la edad moderna con los Empiricistas. Nietzsche reconoció y destacó el valor que tiene el trabajo de Kant para llegar a esa conclusión.
La conclusión kantiana es que, no es posible demostrar la existencia del ser a partir de la esencia. No es posible dilucidar al ser a partir de la idea y por lo tanto se puede concluir que el tema es incognoscible e indemostrable.
Por lo tanto, los grandes conceptos de la metafísica clásica, como son, Dios, Alma y Mundo, Kant los refiere como solamente ideas de la razón sobre las cuales la experiencia no puede asignarles un contenido que los explique adecuadamente.
Kant muy claro nos dijo, “la razón es una facultad dialéctica que opera con conceptos puros y no alcanzan en consecuencia objetos trascendentes sino que es una función generadora de ilusión”.
Es importante destacar que la intención de Kant con esas afirmaciones, nunca fue eliminar la creencia metafísica de un mundo verdadero basado en Dios como su fundamento. El claro propósito de Kant fue mantener y en lo posible reforzar esa creencia de Dios como fundamento, creando una nueva posibilidad que explique lo trascendente de una forma que resulte inmune a las críticas que hasta su momento había experimentado la metafísica tradicional.
Kant pensó que para soportar esa metafísica no debería seguir el soporte que la tradición religiosa le había otorgado a través de su conocimiento teológico. La solución sería entonces explicar a esos entes a través de la moral. La moral como un hecho indiscutible y base absoluta del mundo suprasensible.
A partir de la moral como un hecho indiscutible Kant piensa que puede derivar como postulados de la razón práctica, a la realidad del alma inmortal, la realidad del mundo suprasensible y Dios como causa última y absoluta.
Kant, llamó a esta aproximación como “fe racional”. De esta manera elimina cualquier oposición que alguien podría alegar entre fe y razón. De esta forma, Kant nos dice que es posible confirmar la fe a través de la razón. Según él, la razón práctica puede avanzar más allá de los límites del entendimiento y así postular la ley moral incondicionada, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios.
Kant escribió, “.... las leyes morales no solamente presuponen la existencia del ser supremo sino que al ser ellas mismas necesarias, las mismas lo postulan con razón”.
Este esfuerzo de Kant de justificar a la metafísica a través de la moral en contra todo el trabajo de investigación histórico e implícito en sus propias conclusiones a las que arribó en su obra, “La Crítica de la Razón Pura”, es el blanco o punto de ataque al que Nietzsche le dedicará gran parte de su oposición.
La crítica que Nietzsche hace a Kant en relación de este tema sobre la metafísica y su fundamentación de una moral eterna, se basa principalmente, en cuatro argumentos. a) Dogmatismo injustificado, b) Dualismo metafísico, c) Ingenuo racionalismo, y d) Falsa Universalidad.
En relación al dogmatismo injustificado, Kant parte que la ley moral es un hecho factual e incuestionable, es decir, un hecho racional cuyo valor no se puede cuestionar y cuya esencia se remite a un mundo suprasensible. Frente a esto, Nietzsche considera que ese planteamiento carece de rigurosidad crítica y de profundidad filosófica.
Nietzsche insiste que en ese mismo error han caído mucho otros filósofos que han aceptado a la moral prevaleciente con sumisión sin atreverse hacer una reflexión que permita plantearse a la moral como un problema que necesita ser cuestionado y analizado.
Para Nietzsche la filosofía así entendida está esquivando su responsabilidad de asumir una actitud crítica e independiente con respecto al conocimiento como un todo, así como también de las creencias, y en fin a la existencia en sí misma.
Nietzsche insiste que la moral no puede ser aceptada dogmáticamente como una ley incondicional e insiste que la misma debe ser estudiada como un producto más de la actividad humana en todo sus sentidos y valores. Es decir, como una parte fundamental de la cultura en la misma forma que hacemos con la ciencia, la política y con el arte. En conclusión, la moral es una parte más de la cultura.
Para Nietzsche la moral tiene su origen en cada pueblo, cada cultura y cada sociedad. No existe una sola moral, existen tantas morales como culturas se han desarrollado a través de los siglos. Cada moral tiene su historia y evolución que la ha conducido a su situación actual.
Nietzsche se propuso hacer con la moral la revolución copernicana que Kant no se atrevió a hacer. Es decir, defender que no es la moral la que hace al hombre sino el hombre quien hace a la moral.
En relación a la doctrina del dualismo metafísico, Kant expresó su conformidad de entender al ser humano compuesto por los dos elementos definidos como materia y espíritu. Dos sustancias opuestas, heterogéneas e irreconciliables que están en continuo y perpetuo conflicto entre sí.
Todo el pensamiento Kantiano sobre la moral se construye sobre la idea de que el sentido más propio de la moral es el de conferir al hombre su dignidad como persona para así distinguirlo de su otra condición como animal. La moral es la responsable de hacerlo hombre.
Por todo lo anterior, el objetivo esencial de la moralidad es someter, mediante el uso de la razón, a los impulsos de nuestra parte sensible. Solo así podremos guiarnos por máximas racionales para oponernos a los apetitos e impulsos, que Kant considera provenientes de nuestra naturaleza animal.
Obviamente, Nietzsche se opone rotundamente a esa posición de Kant y sobre todo porque tiene la ventaja de conocer la teoría de la evolución de Darwin en donde éste demuestra que el ser humano nada tiene que ver con una entidad sobrenatural, suprasensible y disque proveniente de un mundo celestial.
Para Nietzsche, el ser humano es solamente un animal más, definitivamente bastante más evolucionado que los demás. Un animal racional que no contiene ningún alma poseedora de una moral suprasensible aportada por un Dios.
El hombre no es una dualidad de cuerpo y alma o materia y espíritu o razón y espiritualidad. El alma, la razón y la consciencia no son elementos separados del cuerpo sino que son aspectos del ser humano, concebido como un todo de la misma forma en que está constituido el universo.
De esta forma, Nietzsche está reformulando la idea de Schopenhauer de la vida como voluntad inconsciente que se manifiesta a través de la consciencia o realidad. Consecuentemente, la consciencia y los impulsos inconscientes no son partes separadas del cuerpo como si fueran provenientes de mundos distintos. El conjunto de todas estas manifestaciones es lo que Nietzsche llamó como “el sí mismo” o “self”.
Tradicionalmente, la filosofía se ha propuesto ser objetiva y para su logro, los filósofos deben liberarse del influjo de las pasiones por ser ellas los obstáculos para la consecución desinteresada de la verdad y la razón que deben iluminar la evidencia y la certeza.
Nietzsche piensa que ese dualismo e idealismo es un anacronismo y error que raya hasta en la ingenuidad con consecuencias graves para el desarrollo de la cultura occidental. Nietzsche insiste en que las pasiones y los impulsos no son fenómenos a los cuales se les puede neutralizar como creyeron los filósofos idealistas y dualistas.
Es absurdo menospreciar las pasiones mientras se glorifica la razón y lo espiritual únicamente. Las pasiones no son simples condicionamientos negativos de los que debemos liberarnos. Todo lo contrario, esos impulsos constituyen una profunda base desde donde surgen las interpretaciones y valoraciones del comportamiento humano.
La filosofía debe buscar una explicación que nos ayude a comprender la interconexión entre el pensamiento y comportamiento moral identificando las fuentes de esos impulsos. Debemos encontrar un entendimiento claro de las pasiones que nos facilite identificarlas, analizarlas y encauzarlas para entonces aprovecharlas para el desarrollo de nuestro potencial creativo.
Nietzsche pensó que la neutralización de las pasiones puede realmente significar la anulación del ejercicio libre del pensamiento, porque las pasiones siempre estarán presentes desde el inconsciente en todo proceso de pensar. Por eso, insiste en que reconociendo la lógica y funcionalidad de los impulsos como un proceso orgánico podemos entonces reorientar nuestro conocimiento de la sociedad y por ende de su moral.
Para Nietzsche no tiene sentido la separación dualista de los procesos del pensamiento que hizo Kant a través de su teoría de la razón pura y de la acción a través de la razón práctica en términos de lo sensible e inteligible.
Toda manifestación dualista debería ser superada teniendo como premisa fundamental que las representaciones intelectuales y las valoraciones morales surgen y enraizan en fuentes de naturaleza pulsional y afectivas.
En toda la obra de Kant se hace poco reconocimiento del inconsciente. El único reconocimiento que hace del mismo, es con connotaciones negativas y orientándose a su eliminación como algo fundamental para ser libres. Es decir, la ley moral es para que el individuo renuncie a sus impulsos sensibles y determine su existencia bajo la pura y única exclusividad de la razón.
La conclusión de Kant es algo así como afirmar “tú debes luego puedes”. Para Nietzsche es claro que la razón no tiene el poder para controlar y dirigir los impulsos. De hecho, lo que sucede es todo lo contrario. La razón es un instrumento totalmente dominado por los impulsos. Es decir, las representaciones y valoraciones son expresiones de lo que necesita y requiere el cuerpo. Toda acción lleva implícita una causal proveniente del inconsciente. Lo contrario es creer que la razón puede estar totalmente desconectada de las necesidades del cuerpo.
La creencia o fe optimista de creer que la razón tiene la capacidad de determinar los deseos mediante los principios racionales, Nietzsche dice que es una ingenuidad no exenta de cierta ilusión de carácter infantil.
Por eso es que Nietzsche le critica a Kant el no haber reconocido el efecto cierto de cómo las pasiones condicionan y obstaculizan la razón por ese mismo dogmatismo apasionado que dominó al mismo Kant para no entender la fuerza y auténtica presencia orgánica del inconsciente.
En esa crítica, Nietzsche está sumándose a lo mismo que David Hume cuando insistió en la importancia de lo funcional frente al racionalismo y metafísica de la filosofía continental. Para Hume todo el tema de la existencia de la moral dentro de uno mismo como una facultad innata, así como la afirmación de las categorías imperativas, las estructuras innatas del entendimiento, y los esquemas a priori de la sensibilidad, todo lo anterior es pura metafísica.
Para Nietzsche siguiendo esa misma línea del empirismo, afirma que el ser humano nada tiene de innato. De igual forma que los británicos empiristas, Nietzsche niega las facultades innatas en los seres humanos como producto de capacidades sobrenaturales.
Si examinamos la idea Kantiana de los Imperativos Categóricos, podemos observar que no es otra cosa que el deber de cumplir con la moral por respeto a la ley como algo universal. En otras palabras, los imperativos categóricos se presentan como una propuesta de integración y garantías de derechos y deberes de la unión de todos los individuos dentro de la universalidad.
Si cumplimos las leyes y respetamos los derechos de los demás, entonces, nuestros derechos también serán respetados. De esa manera el deber sería la afirmación de uno como universal o lo que sería igual decir, cada uno en libertad para todos y entre todos. Es decir, el reconocimiento de la esencia humana en la moral sobrenatural.
Para Nietzsche eso es continuar con la idea de la ficción metafísica de la esencia humana aportada por efectos sobrenaturales para así negar las características individuales que podemos desarrollar como personas.
En otras palabras, todo ese razonamiento Kantiano, Nietzsche lo traduce como el andamiaje de una religión invisible disfrazada bajo el dogma de la fe racional. Es decir una teología encubierta.
Nietzsche vio en el imperativo categórico algo que produce en los individuos la condición de rebaño. Ya que a través de esa abstracción se subordina la voluntad objetiva y toda inclinación personal de la individualización.
La conexión entre el imperativo categórico y el postulado de la razón práctica concerniente a la existencia de Dios, es lo que pone de manifiesto el carácter metafísico que los coloca bajo una moral absoluta del tipo divino.
Eso para Nietzsche es huir y ocultar las contradicciones de la existencia. Es decir, es un sueño creer que la vida está libre de conflictos y absolutamente pacificada a través del cumplimiento de un deber absolutista, único e igual para todos.
Todo lo contrario, dice Nietzsche, ya que el individuo adulto sabe que las contradicciones nunca desaparecen de la existencia y nunca ha existido un mundo en paz. Por eso sabe que debe superar esas contradicciones y vivir en una dinámica de eterna lucha.
Por tanto, para Nietzsche el proceso de realización personal mediante el acceso a la universalidad se tiene que entender de una manera diferente. La alternativa a la universalidad kantiana que ofrece Nietzsche evitando caer en los prejuicios teológicos y las ilusiones de la metafísica, es la de concebir al ser humano como un ser viviente, es decir como un animal que participa con sus pares, todos juntos en la vida. En cada individuo la vida es única e irrepetible.
Para Kant sin embargo el imperativo categórico se caracteriza por la renuncia a satisfacer las propias inclinaciones subjetivas y al margen de que si sentimos o no y de esa forma negándonos a nosotros mismos.
Para Nietzsche toda esa moral de Kant reforzada por el imperativo categórico es la que nos hace alejarnos del verdadero yo.Es lo que niega la individualización y en consecuencia nos empuja a ser parte integral del rebaño que nos hace renunciar a nuestra voluntad y libertad,
En conclusión, lo que Nietzsche propone es comprender a la universalización como el eje del proceso de autosuperación. Es decir, lo que impulsa ese proceso no es la renuncia, o la negación, sino es la expansión de la experiencia vital, su intensificación, su enriquecimiento, su ampliación para que en su conjunto podamos ser tolerantes elevando así a la existencia de los individuos, la sociedad y la cultura como un todo.
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Nietzsche, F. (2011-2016). Obras completas. Vol. 1-4. Madrid: Tecnos.
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Sánchez Meca, D. (2018). El itinerario intelectual de Nietzsche. Madrid: Tecnos.
— (2016). Conceptos en imágenes. La expresión literaria de las ideas. Madrid: Avarigani.
— (2013). Modernidad y Romanticismo. Para una genealogía de la actualidad. Madrid:Tecnos.
— (2005). Nietzsche: la experiencia dionisíaca del mundo. Madrid: Tecnos.

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