“Lo de La Granja no sólo nos recordó quienes fuimos... nos recordó QUIENES SOMOS!!!
-- Domingo Guzmán
Después de leer esa frase de Domingo con motivo de su concierto en La Granja, se me destaparon una serie de imágenes de cuando era un adolecente y para colmo otras de ahora cuando precisamente avanzamos hacia convertirnos en sexagenarios en apenas varios años más.
Lo que he aprendido de la vida a través de experiencias y esfuerzos intelectualoides puede ayudarme para interpretar, con toda seguridad, la adolescencia. Pero cuando trato de saber quiénes somos ahora, entonces, me invaden sentimientos que me bloquean poder saberlo.
Es que resulta fácil decir cualquier cosa sobre quiénes éramos en el contexto del pasado pero podría ser muy doloroso saber quiénes somos aquí y ahora. En todo caso la belleza de la frase es la fuerza en el sentimiento de Domingo por conectar el pasado con el presente y definitivamente con lo que nos queda de vida. Esa conexión es similar a la existente entre el puer y el senex y en definitiva podríamos decir que las dos son partes de un solo elemento y aunque ahora seamos adultos con caretas bien definidas, no obstante, por dentro seguimos llevando el mismo espíritu rebelde, angustiado, ansioso, e indomable que antes mostrábamos al mundo sin ningún pudor.
Pero de nuevo qué es lo que me incomoda ver con claridad quiénes somos ahora? Es evidente que lo que éramos hace 40 años es algo viejo y por ende maduro. También resulta que la mayoría tenemos hijos que hemos visto crecer y volar. Pero eso de ahora ser viejos es algo nuevo, reciente y totalmente distinto. Por eso debe ser que resulta divino revivir como éramos hace 40 años. Ese sentimiento del eterno puer que vive entre nosotros. Pero como conciliamos ese extremo del puer con el otro del senex.
Es decir quiénes somos ahora? Yo pienso que más que una respuesta debemos seguir al viejo Sócrates y atinar qué preguntas debemos hacernos en esta etapa de nuestras vidas.
Durante aquellos años dorados de la juventud nos hacíamos preguntas sobre cómo vamos a cumplir con las expectativas de nuestros padres, familia, sociedad, qué voy a estudiar, a qué me dedico, con quién me uno en pareja (varios seguimos pegados en esta), cómo compro mi primera casa y en fin una cantidad de cosas importantes para poder cumplir con lo que la vida nos exigiría. Pero ya ahora cuando estamos celebrando los mid 50s, resulta que esas preguntas son clavo pasado y son parte de una etapa superada independientemente de que tan exitosos o desengañado fuimos atendiéndolas. Las preguntas que nos definieron la primera mitad de la vida fueron todas hacia afuera, fueron preguntas sobre el entorno.
Pero las de ahora son todas hacia adentro, son preguntas sobre el alma. Ya no son nuestros padres, familia y sociedad quienes nos hacen preguntas sino ahora las preguntas vienen de adentro, vienen de las profundidades del inconsciente. Siendo la más importante quiénes somos? O mejor dicho quién soy? Y es que esa pregunta no se puede responder con lo que me rodea afuera; mi profesión, mi pareja, mis hijos, mis amigos, mi religión, etc. Nada de eso me sirve para definir quién soy ahora. Todos esos factores me definieron mi role, mi máscara para desenvolverme en la primera mitad de mi vida, pero ahora y de nuevo, quién soy en este momento cuando ya mis hijos se fueron, casi nunca veo a mis amigos, ya no trabajo en lo mismo de siempre, mi mujer ya no es pantalla de mis proyecciones ni yo lo soy para ella, de nuevo quién soy en verdad?
Esa pregunta es hacia adentro, surge desde el inconsciente, a través de los sueños, reacciones, y de ahí su dificultad. No tener imágenes claras, materiales, objetos y personas que me la definan me lo hacen definitivamente complicado.
Qué es lo que me hace sentirme así, qué es lo que causa este sentimiento de miedo y también el de placer? Por qué soñé eso anoche? No hacernos estas preguntas es dejarnos a la merced de fuerzas autónomas que nos afectan y pueden impedir el goce de esta nueva etapa.
Después del concierto en La Granja, en un momento de recóndita reflexión, Domingo nos dijo algo que solo podemos reconocer en momentos de sentida fraternidad. Momento en donde el alma se hace sentir con toda su intensidad a través del ritmo, el tempo de la música, el calor de los abrazos y por los besos de todos aquellos con quienes compartimos la juventud y ahora nuevamente tenemos la ocasión de compartir la última parte de nuestras vidas.
JD Sosa
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1 comment:
Es un viaje no un destino...
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