Thursday, September 27, 2007

Parte III, Los Extraterrestres Bíblicos

TERCERA ENTREGA


OTRAS VISITAS A LA TIERRA EN TIEMPOS DE ABRAHAM


A más de tres años de su primera visita a la Tierra, el comandante Uriel regresa a Canaán acompañado de geólogos y mineralogistas, con la misión de estudiar y evaluar las reservas minerales de la zona, y en especial de piedras preciosas o gemas.

Abraham se encontraba cerca de Berseba, muy al sur de Hebrón y allí se le presentó Uriel, justo el día que terminaban los preparativos de un gran banquete para celebrar el –destete del nilo Isaac-, que acababa de cumplir los tres años. Entre los muchos asistentes estaban Ismael, el hermano de Isaac y su madre Agar, la esclava de Sara que una vez se la ofreciera a su esposo.

Ismael, que era ya un adolescente, le hizo unas burlas a su hermano, lo que molestó mucho a Sara, al punto que despertaron sus celos y fue donde su esposo para exigirle que expulsara a la esclava y a su hijo de inmediato; Abraham le ofreció hacerlo al amanecer del siguiente día, pero le pareció muy duro el castigo. Uriel, que lo acompañaba, le comentó que no se preocupara porque él, Yahvé, velaría por ellos y que Ismael tendría un gran pueblo por descendencia.

Al día siguiente Abraham les proveyó de lo necesario para el viaje y partieron hacia un oasis muy cercano, donde se unirían a una caravana que los llevaría hasta los límites de Egipto. Cuando iban hacia el oasis se desviaron y entraron a pleno desierto, donde hubieran perecido si no hubiera sido por la ayuda de un ángel de Yahvé, a quien Uriel le había recomendado que los vigilara desde el aire, hasta que llegaran a lugar seguro.

En los últimos años la tribu de los Hebreos se desplazaba entre Canaán y Egipto; su patriarca Abraham era muy respetado por todos los pueblos y tribus con los que se relacionaba, no sólo por su trato justo y diplomático, sino también por el hecho de que ellos sabían que era el protegido de Yahvé, un Dios de quien conocían su poder, algo de lo que el patriarca nunca hizo alarde ni utilizó como medida de presión.

Las buenas relaciones con sus vecinos le permitieron obtener toda esa información que sobre los yacimientos minerales le presentara al equipo de profesionales que vinieron con Uriel. Dicho equipo con esos datos y la ayuda de mano de obra hebrea, pudieron en poco tiempo ubicar los principales yacimientos de piedras preciosas que se encontraban entre el sur del mar Muerto y el golfo Pérsico. Faltaba por realizar un trabajo similar en la península del Sinaí, pero como recibieron la orden de regresar a su planeta, le dejaron instrucciones a Abraham para que lo realizara.


EL SACRIFICIO DE ISAAC


Habían pasado diez años sin que Yahvé se comunicara con Abraham, cuando una tarde mientras descansaba solitario frente a su tienda, recibió un mensaje del cielo que le decía en alta voz: Yo soy tu Dios y te ordeno que subas a la montaña para que me ofrezcas en sacrificio a tu amado hijo Isaac.

Abraham, según el conocido pasaje bíblico, demostró que estaba dispuesto a obedecer y que de no ser por el ángel que le detuvo, hubiera cumplido la orden. Sin embargo, en realidad no estaba tan dispuesto a hacerlo, pues desde que recibió el mensaje, grandes dudas cruzaron por su mente y se hacía preguntas como estas:¿Por qué Yahvé le ordenaba tan terrible prueba, si él no le había dado ningún motivo? ¿Por qué le ordenaba hacer un sacrificio humano cuando en sus pláticas siempre le decía que esto era un acto indigno y abominable? ¿Por qué le hablaba escondido desde las nubes con una voz fingida? Sus preguntas tenían una sola respuesta: quien le habló no era Yahvé, sino un impostor.
Le mostraría toda su disposición a obedecerle, pero en caso de no venir la contraorden, él estaba resignado a sufrir las consecuencias de su rebeldía; pero jamás mataría a su hijo.

El que hacía las veces de Yahvé en esta oportunidad era el comandante de una nave espacial que volaba hacia el planeta Tumim y como tenía que hacer un toque técnico en la Tierra, le encomendaron que estableciera contacto con Abraham, para recordarle el pacto con Yahvé.

Después de esta experiencia, que fue la peor de su vida, Abraham quedó consumido en profundas reflexiones; había una evidente contradicción entre los preceptos de la nueva religión y el sacrificio humano ordenado, pero aquí Yahvé no se contradecía, porque la orden la dio un impostor. Pero en el caso de la destrucción de Sodoma y Gomorra, él fue testigo de que Yahvé actuó impulsado por la ira, de una manera injusta y sin misericordia.

Si Dios es justo y misericordioso, el que actúa en esa forma no puede ser Dios; entonces el Yahvé que había estado con él, compartiendo su techo y comida, era otro impostor. Un impostor que tenía las características de un ser humano, con poderes extraordinarios: inteligente, sabio, conocedor de la magia y digno de temer; que venía de un desconocido y poderoso país y de quien estaría siempre agradecido por todo lo que le había enseñado.

Abraham continuó practicando y predicando a su pueblo los sencillos preceptos y ritos de la nueva religión, con su Dios único inmaterial. Pasaron más de diez años sin que ocurriera alguna visita de los extraterrestres de Urim.

Su hijo Isaac ya era un adulto y quería casarlo con su prima Rebeca, quien vivía en la ciudad de Najor, al norte de Mesopotamia; un día envió a su mayordomo a buscarla con una caravana de diez camellos, con escolta y muchos presentes. Cuando Rebeca vio semejante caravana, una verdadera ostentación para la época, sin prestarle mucha atención a los presentes, no dudó en aceptar la invitación y se vino en compañía de su nodriza y sus doncellas.

Isaac la tomó por mujer y al poco tiempo su padre le entregó la herencia y el patriarcado con todos sus derechos y deberes, lo que incluiría la alianza con Yahvé.

Abraham murió muy anciano, unos años después, siendo sepultado al lado de su esposa Sara en la caverna de Macpela, cercana al encinar de Mambré, que había comprado para tener su panteón familiar: el único pedazo de tierra propia en medio de la gran riqueza.

Isaac heredó de su padre fortuna y poder, mas no su inteligencia y laboriosidad; sin embargo, esto no desmejoró sus relaciones con los pueblos vecinos, debido a que la fama de Abraham continuaba vigente; de todos modos tuvo sus méritos propios, como el de ser el primero entre los nómadas que practicó la agricultura con éxito.

Estaba Isaac una noche en su campamento de Berseba, reunido con unos vecinos para tomar una decisión ante la gran sequía que sufría la comarca, cuando una nube luminosa se posó sobre las tiendas y de ella bajo volando un astronauta con todo su equipo espacial, diciéndoles: Yo soy Yahvé, el Dios de tu padre Abraham, nada temas que Yo estoy contigo; todos los presentes cayeron postrados ante Yahvé.

Isaac, temblando de miedo, pues no sabía nada de Yahvé desde su frustrado sacrificio, lo invitó a pasar a su tienda y le confesó que estaba a punto de emigrar a Egipto por la sequía; Yahvé le contestó que no sería necesario emigrar, porque él les enseñaría cómo localizar nuevos pozos.

Los vecinos quedan maravillados por la presencia de Yahvé y colaboran en todo con Isaac. Yahvé le recuerda a Isaac la alianza acordada con su padre y antes de partir a Urim, le pide las muestras de piedras preciosas que Abraham había traído de la península del Sinaí.
Isaac Y Rebeca tuvieron sólo dos hijos gemelos, que acentuaron sus diferencias físicas y psicológicas al llegar a la edad adulta; Esaú, el primogénito, era fornido, de carácter agreste, le gustaba participar en cacerías y otras aventuras con los pastores nómadas y era el preferido de su padre; Jacob era delgado, de carácter apacible y amistoso, participaba en las actividades comerciales y sociales y era preferido por su madre.

Esaú tomó por mujer a Judit y luego a Basemet, pero ninguna era hebrea, lo que causó amarga pesadumbre tanto a Rebeca como a Isaac.

La enemistad que siempre hubo entre los gemelos llegó al clímax cuando Isaac bendijo a Jacob como su primogénito, con derecho al patriarcado y a una pequeña parte de la herencia. Según el relato bíblico, lo hace creyendo que era Esaú, por la burda treta de que se valió Jacob; pero es muy probable que Isaac se diera cuenta del engaño, pues aunque estaba medio ciego no había perdido sus facultades mentales; pero como era débil de carácter, prefirió quedar como víctima de un engaño que como un padre que despreciaba al hijo que en un tiempo fue su preferido; además, Jacob era muy hábil y sabría cómo enfrentar la ira de su hermano.

Jacob, con lo que le tocó de herencia se dirigió a la ciudadd de Jarán en Padán Aram, al norte de Mesopotamia, con la idea de buscar como esposa a una de las hijas de su tío Labán, hermano de Rebeca.

VISITA DE LOS E.T. A JACOB

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