La Psicología Profunda y la Fe
Por José Domingo Sosa, Ph.D.
Una instancia que confirma la relación psicológica del hombre con la fe, es la necesidad de este en asegurarse que el avance de la ciencia no desmienta la existencia de Dios. Si la existencia de Dios es un acto de fe personal e individual de cada hombre, ¿cuál es el temor a la ciencia y sus descubrimientos?
La historia está llena de ejemplos de hombres de ciencia que fueron duramente perseguidos por las distintas religiones monoteistas, al punto de que muchos de ellos fueron enjuiciados, condenados, excomulgados, exilados y execrados por sus descubrimientos científicos y filosóficos. Algunos nombres nos podrán recordar esos violentos episodios en contra de la ciencia: Copérnico, Kepler, Galileo, Spinoza, Bacon, Darwin y Haeckel son solo algunos entre muchos otros.
Afortunadamente, la iglesia católica ha ido adaptándose políticamente a los cambios culturales a través de los tiempos, aunque lentamente, pero eso en nada modifica los fundamentos emocionales de su naturaleza u origen psicológico. Las desproporcionadas manifestaciones psicológicas de los musulmanes ante la modernización y la ironía popular que hace burla de sus costumbres es solo comparable a los horribles tres siglos de la inquisición católica.
Sin duda alguna los cambios que estamos viviendo en nuestros tiempos son significativos y definitivamente nos impactan a todos. No obstante, esos cambios son universales y todos somos testigos de ellos para nuestro beneficio y también detrimento. Pero no es necesario que el tema sea de tipo religioso para observar que algunas personas de fe reaccionan negativamente en contra cualquier tema de conversación y también en contra sus expositores aun cuando no se mencione a la fe pero pueda relacionarse indirectamente con ella. Y uno se pregunta, ¿Será entonces verdad que estos cambios pueden efectivamente poner en duda a sus creencias religiosas?
Los no creyentes tienen, generalmente, una mentalidad liberal y abierta. Un neurocientífico en su laboratorio en la universidad ni siquiera piensa en las causalidades religiosas de su trabajo científico. Posiblemente no entienda nada de eso. Pero basta que apenas alguien comente a un católico o musulman los avances del trabajo de ese neurólogo, p.e..que el concepto celestial del alma pueda ser ahora explicado como solamente una función más del CPU cerebral, entonces les resulta inaceptable y suficiente para que el devoto desate su furia tal cual como lo habría hecho Yahvé en contra de los demonios bíblicos.
A Jean Jacke Rousseau lo desprecián las personas conservadoras y religiosas por haber sido uno de los fundadores del liberalismo político aun cuándo fue un hombre religioso. ¿de qué forma las ideas liberales y seculares afectan la fe de los creyentes personalmente?
El caso es que aquellos devotos que efectivamente sí se sienten amenazados y reaccionan violentamente ante la sola mención de cualquier evento nuevo o conversación contraria a los dogmas de su fe, directa o indirectamente, definitivamente si padecen de algún tipo de inseguridad psicológica de la personalidad. Si no es inseguridad en la fe entonces es inseguridad personal, pero lo más seguro es que la segunda, es decir una personalidad insegura, es la que determina a la primera. Esa es la condición natural que la psicología profunda le asigna a la fe. La fe es parte integral del sosten psicológico del ser humano. Por eso es que algunas veces oímos decir que el ser humano es un ser religioso. Si no es de fe en algo sobre natural entonces lo será en el ejercicio de su profesión u oficio y hasta en algunos casos en un deporte como sucede con los fanáticos del futból. Creer en algo es una parte fundamental del soporte psicológico del individuo para el fortalecimiento de su autoestima.
Específicamente, en el primer caso o la inseguridad por dudas de la fe, o lo que en el cristianismo llaman dudas no concientizadas sobre la existencia de Dios, sobre ese tema, yo poco puedo comentar. Querer creer en una deidad, seguir devotamente todos los ritos y mandamientos morales de la iglesia y al mismo tiempo vivir bajo la sombra de la duda sobre la existencia de Dios, (claro está de forma inconsciente), debe ser algo muy difícil para poder vivir en paz. Mi único comentario al respecto es una observación que he podido confirmar una y otra vez. Generalmente estas personas constituidas en cruzados de los dogmas se caracterizan por ser, entre las personas de fe, las que más conocen sobre la teología cristiana, sus doctrinas y por supuesto todas las escrituras. Nadie ha invertido más tiempo y recursos que ellos para hacerse de ese conocimiento. Es como el hijo que fervorosamente ha dedicado toda su energía, tiempo y amor a venerar a su padre biológico.
Sigmund Freud fue el primer psicólogo que se pronunció sobre la fe. Las ideas más conocidas de Freud sobre la fe se centran en el deseo del individuo de tener una figura paterna protectora con la que se siente identificado. En uno de sus textos describe lo que la religión se compromete y ofrece hacer por las personas y Freud lo explica con las siguientes palabras:
“Les ofrece una historia sobre el origen y la existencia del universo, les asegura protección y la felicidad en los altibajos de la vida, dirige sus pensamientos y acciones por preceptos morales que establece con toda su autoridad. Así cumple tres funciones … satisface la sed humana de conocimiento; calma el temor que los hombres sienten ante los peligros y vicisitudes de la vida, cuando les asegura un final feliz y además les ofrece consuelo en la infelicidad de sus sufrimientos…”.
Ser inseguros y por ende cuidadores de nuestra autoestima es algo normal y hasta indispensable. A veces somos posesivos sin quererlo ser. Pero la dinámica resulta muy distinta cuando actuamos en función de las inseguridades. Es decir, cuando la inseguridad toma el control de la persona y la hace actuar de forma inesperada o anormal en lo que respecta a la estética y ética esperada por la sociedad. Es típico de las personas inseguras no poder identificar su ansiedad y miedo y peor aún, siempre fingen poseer una profunda confianza. Por eso, a menudo, se vuelven manipuladores y con tendencias narcisistas. Sus esfuerzos manipuladores para encubrir sus inseguridades solo los hacen sentir menos amados, valorados y aceptados, y eso es exactamente lo contrario de lo que realmente desean. La forma reaccionaria y hasta violenta que emplean para defenderse es tratando que los demás se sientan inseguros e inferiores. Esto se conoce como el complejo de inferioridad, teorizado por el psicoanalista vienés Alfred Adler.
Según Adler, las personas que se sienten inferiores pasan sus días compensando a través de lo que él llama 'luchar por la superioridad'". Estos individuos, que constantemente se sienten inseguros en sus mentes, sólo pueden experimentar la felicidad “haciendo que los demás sean decididamente infelices”. Para Adler, este intenso impulso de sentirse superior se basa en el núcleo de la conocida neurosis psicológica.
El individuo con personalidad insegura necesita de atención, validación y admiración constante. Lamentablemente esas pretensiones pueden incluso afectar su reputación social y sus relaciones creando así una especie de torbellino emocional del tipo “borderline”. Por eso se ven impulsados a hacer que los demás se sientan inferiores de forma que ellos entonces se sientan superiores y todo esto alimentado por la energía de su baja autoestima y rasgos narcisistas. Es frecuente encontrar entre esas personas inseguras un común denominador; son personas solitarias que poco a poco el sistema con la colaboración de ellos mismos los va empujando hacia un lugar muy oscuro.
Carl Jung, por ejemplo, habla muy positivamente de la fe, pero según él, Dios es una construcción psicológica que refleja una imagen de nuestro Ser. El sentido de lo numinoso, de asombro que podemos experimentar al estar en relación con Dios es, en consecuencia, lo que uno siente cuando se encuentra con las profundidades de su propia mente, que es poderosa y siente que está más allá de nuestro control.
Esa descripción que nos ofrece Jung, sobre el sentido numinoso, de asombro ante el misterio de la vida es con frecuencia volcada hacia una conexión con Dios, privada, íntima y directa. Es una especie de proyección de la buena conciencia del hombre hacia una figura divina.
Tengo un amigo que es muy devoto de su religión. Sobre todo a su conexión con Dios. Siempre me intrigó la fuerza de su devoción de cara a su trabajo como destacado científico de la medicina. Con el tiempo pude observar su fascinación con los avances de la ciencia y la tecnología y cómo todo eso no hacía mella en su fe. Alguien podría pensar que él vive bajo una contradicción, o que no es auténtico hacia uno de esos dos lados opuestos. Pero la respuesta es definitivamente una sola. Mi amigo está muy claro de su pasión por la ciencia y por su devoción a Dios. La clave o su secreto consiste en que él tiene una conexión íntima y privada con Dios. Nadie ni nada puede interponerse entre él y su Dios. Por eso ese hombre de ciencia no vive en una paradoja. La paradoja que algunos podríamos, superficialmente, haber pensado estar presente en su vida; no existe. El mundo cambia, avanza, progresa y él avanza con el mundo al mismo ritmo como si nada más estuviera sucediendo. Nada puede atentar contra su fe. Su fe es tan auténtica y real que no necesita pruebas, raciocinios o excusas. Esa claridad en su vida material y espiritual es el Holy Grail de la estabilidad psicológica de un ser humano auténtico que practica su espiritualidad a través de la caridad hacia los demás. Ese es el reconocimiento de que su existencia requiere de una conexión psicológica con el misterio que significa vivir. Su religiosidad no es dogmática ni institucional. No es intelectual pero si intuitiva.
Para el ser humano su poderosa capacidad psicológica/cognitiva es un arma de doble filo que implica una existencia complicada entre símbolos y circunstancias que giran a su alrededor que lo pueden atormentar o hacer feliz. El hombre dispone de la fe y la ciencia, entre muchos otros aspectos culturales, para vivir su existencia libre, en armonía y lograr manifestar sus potencialidades creativas. Mientras más consciente de esto estamos, mejor comprensión y uso podremos hacer de nuestra psicología que reconoce a la vida cómo un misterio y la representa con una conexión íntima con su Dios/Self.
J.D.Sosa (2022) (d)

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