Tuesday, July 26, 2022

 El Mito y las Escrituras


Por José Domingo Sosa, Ph.D.


A finales del período de la Ilustración hubo una especie de renacimiento e interés por los mitos. El centro más importante para la investigación de los mitos, se encontraba en Göttingen. Los principales protagonistas fueron Johann David Michaelis (1717-1791) y Christian Gottlob Heyne (1724-1812), quienes establecieron la investigación de los mitos como una subdisciplina de la filología en la biblioteca de la ciudad universitaria.


Según la hermenéutica histórico-crítica de Michaelis y Heyne, la Biblia ya no debía verse como algo que emerge de una revelación suprahistórica. Ambos investigadores compararon historias bíblicas con mitos no bíblicos, reconstruyendo la influencia de estos últimos sobre los primeros (un ejemplo es la hipótesis de Heyne de que la ley de Moisés surgió de fuentes egipcias). 


Heyne estaba particularmente interesado en la literatura de viajes que informa sobre los pueblos indígenas de África y América del Norte, y comparó sus mitos "primitivos" con la mitología griega. Heyne proponía que el pensamiento mítico pertenece a la “infancia” de la “naturaleza humana”, emergiendo de la absoluta ignorancia sobre lo que causa las cosas. Los mitos son para Heyne filosofemas o nociones prerracionales, protofilosóficas a través de las cuales los seres humanos primitivos intentaban explicar los fenómenos naturales. Giambattista Vico (1668–1744) vio en la cognición mítica una forma de curiosidad infantil que describe como “la hija de la ignorancia y la madre del saber”.


Con el surgimiento del darwinismo en las ciencias humanas (1859), la noción de que el mito representa una fase primitiva de desarrollo en la cultura humana recibe una nueva vigencia científica gracias a las ideas sobre la evolución de la cultura y a una investigación más sistemática sobre la culturas no europeas de naciones colonizadas. En este nuevo contexto, ahora dominado por el creciente prestigio de las ciencias naturales, el programa idealista-romántico de la nueva mitología de mediados del siglo XVIII desaparece casi por completo, antes de disfrutar de un resurgimiento estético tardío y relativamente aislado en la obra de Nietzsche, El Nacimiento de la Tragedia ( Geburt der Tragödie, 1872/1886). 


Una figura de transición clave en el estudio de los mitos al comienzo del darwinismo, es el filólogo alemán y estudioso del sánscrito Friedrich Max Müller (1823-1900), más conocido como Max Müller. Müller había asistido a las conferencias de Schelling sobre Filosofía de la Mitología en Berlín, pero en 1846 se fue de Alemania a Gran Bretaña para hacer uso de los manuscritos del Rigveda en poder de la Compañía Británica de las Indias Orientales. Esa visita de Müller a U.K. se convirtió en residencia permanente después que fuera nombrado profesor de Lenguas Modernas en Oxford en 1854.


Como erudito alemán que trabajaba en Gran Bretaña, Müller fue un divulgador de teorías sobre el lenguaje y el mito que, cómo mencionamos antes, ya estaba en boga en Alemania desde  mediados del siglo XVIII. Su trabajo decisivo fue su ensayo sobre "Mitología Comparada" (1856),  en donde Müller refleja la misma idea de la escuela de Göttingen en sus exponentes  Michaelis y Heyne, proponiendo que los mitos son respuestas primitivas a los fenómenos naturales. 


Müller considera que el componente narrativo del mito surgió de una escasez de sustantivos y un exceso de predicados en las lenguas antiguas. Cuando, por ejemplo, los antiguos "arios" se encontraron por primera vez con el sol, lo describieron como "el brillante, el que despierta, el corredor, el padre, el que da calor". Estas descripciones originalmente figurativas se transformaron gradualmente en sustantivos, que en sánscrito se asignan con un género masculino o femenino. A partir de ahí había sólo un pequeño paso hasta la elaboración de narraciones míticas que involucraban a dioses masculinos y femeninos.


El mito es, por lo tanto, la “sombra oscura que arroja el lenguaje sobre el pensamiento” porque surgió del uso excesivo de predicados figurativos, y los predicados más virulentos formaron la base de cuentos inverosímiles que solo sirvieron para oscurecer lo que originalmente habían sido simples descripciones de objetos naturales.


Resulta sumamente interesante la noción de Müller de que si todo el pensamiento humano depende del lenguaje, y si todo el lenguaje es hasta cierto punto figurativo o metafórico en lugar de puramente conceptual, entonces, incluso en la era moderna, el mito nunca desaparecerá. "Depende", escribe Müller, "hay mitología ahora como la hubo en la época de Homero, solo que no la percibimos, porque nosotros mismos vivimos en la sombra misma de ella". Es en este sentido que “toda la historia de la filosofía, desde Tales hasta Hegel” puede verse como “una protesta ininterrumpida del pensamiento contra el lenguaje”.


Las teorías del mito del siglo XX son bastante más radicales que las de finales de la era de la ilustración en Göttingen en 1770 y posteriormente con Müller y Darwin 1860. En el s.XX la verdadera función del mito puede ir desde la aceptación del mundo hasta el escape del mundo. En el caso de Freud y Jung,  por mucho que los dos difieran entre sí, ambos consideran que el tema del mito es la mente humana y consideran que la función del mito es la experiencia de esa mente. 


En conclusión podríamos decir que el mito sirve para aliviar la ansiedad sobre el mundo más que para explicar el mundo. Proporciona orientación y alivio precisamente a través de la narración de historias. Por eso es que las Santas Escrituras deben leerse no como documentos literalmente históricos que tratan de explicar el origen del mundo sino como un elemento espiritual que nos conecta con el misterio del mundo. La importancia del mito depende de la forma en que se cuenta y en cómo se adapta a las necesidades y preocupaciones cambiantes de la audiencia. En otras palabras la teoría del mito se adentra en el territorio de la teoría literaria y de la psicología. 


jdsosa (v) (2022)

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